LOS ORIGENES DEL CARLISMO EN EL PLANO POLITICO

 

 

El movimiento contrarrevolucionario español que hoy denominamos ‘carlismo’ no nació de forma espontánea. Como veremos con más detalle más adelante en un capitulo especifico, ya desde finales del siglo XVIII, y sobre todo a partir de la Guerra de la Independencia y de las Cortes de Cádiz, se está gestando en el país un pensamiento antiilustrado y antiliberal que se opone a cualquier transformación del orden anterior a la susodicha guerra y que desde el Trienio Liberal y la última década del reinado de Fernando VII se irá tornando en una opción política de la que surgirá, en 1833, el Carlismo propiamente dicho, aunque el término ‘carlismo’ existía ya desde 1823. En este epígrafe nos proponemos comentar los primeros hitos políticos que conformarán, primero el ‘realismo’, que a su vez evoluciona en tres direcciones, como muestra el esquema de Palacio Atard (ver), y más tarde la facción de los ‘realistas puros’ , ambos origen del carlismo.

Oratorio de San Felipe Neri, sede de las Cortes de Cádiz

El primer antecedente de oposición política a las reformas y al liberalismo se produjo durante las reuniones de las Cortes de Cádiz con la presencia en su seno de los diputados denominados ‘serviles’. Tras la vuelta a España de Fernando VII y la consiguiente restauración de la monar­quía absoluta, con la represión de los ‘afrancesados’ y principalmente de los liberales, la situación vuelve aparentemente a la normalidad, aunque desde los sectores absolutistas se pide -en el Manifiesto de los Persas- acabar con el ‘despotismo ministerial’ y acometer reformas ‘a la española’ ; pero el Golpe de Riego, que instaura el Trienio Constitucional (1820-23), contribuirá indirectamente a la gesta­ción, como decimos, del ‘realismo’ como fuerza política. Las acciones emprendidas por los ‘constitucionales’, en especial durante el último año, crearon malestar en grandes masas populares, en el clero y en sectores de notables afines al absolutismo, difundiéndose el rumor de que “el rey estaba prisionero ; como conse­cuencia comenzaron a organizarse desde 1820 sublevaciones favorables al rey, sobre todo en Navarra, País Vasco y Valencia, y los nobles absolutistas que continuaban residiendo en España realizaron diversas conspiraciones que culminaron en la creación de la Junta de Cervera, de la que nació la Regencia de Urgel, la cual, con Valmaseda a la cabeza, formó un Gobierno aparte (primera experiencia militar del ‘realismo’), a la que hay que añadir la propuesta formulada por el general Eguía de que el rey marchase a Francia para librarse de los liberales. Esta fase concluyó con la entrada en España de los ‘100.000 Hijos de San Luis’ al mando del Duque de Angulema y con la reinstauración del absolutismo el 1 de Octubre de 1823 ; este momento dio inicio, como es sabido, al último período del reinado de Fernando VII, que los liberales calificaron de década ominosa. Durante el mismo podemos distinguir dos momentos en el plano político:

         1823-1826: Período represivo de las Juntas de depuración, acompañado de graves dificultades económicas y de la pérdida del imperio ultramarino (El Callao se rinde en 1826), salvo Cuba, Puerto Rico y Filipi­nas.

         1826-1833: Fernando VII inicia una lenta apertura, incluyendo en sus Gabine­tes a Ministros de corte más ilustrado -realistas moderados y jovellanistas- para evitar una situación de conflicto como la existente en Portugal y para preparar las condiciones para las inevitables re­formas futuras.

            En el primer período los ‘ultras’ consideraron excesivamente blanda la acción restauradora, y posteriormente se asustaron ante la apertura, convirtiéndose en los principales opositores a los Gobiernos fernandinos. Los absolutistas acérrimos, o ‘ultras’, se organizaron en torno a tres focos de reunión desde 1822-23:

a)      Asociaciones secretas: ‘Angel exterminador’, ‘La Purísima’, etc.

b)      El Consejo de Estado: Aquí se reunían altos cargos tratando de influir sobre el Gobierno de Fernando VII,  que fue sustituido por un Consejo de Ministros.

c)      La camarilla de Don Carlos.

Los ‘realistas puros’ instigaron numerosas sublevaciones y la formación del voluntariado realista (1824, disuelto por Fernando VII por Real Orden de 26 de Diciembre de 1832), que era una clara forma de populismo para reclutar adeptos armados y transmitir propaganda entre las clases populares con cierto carácter ‘anti-rico’, ‘anti-centralista’, ‘contra la policía’, etc. Las insurrecciones ‘realistas’ se iniciaron en Mayo de 1824 –levantamiento de la partida de Royo Capapé en Aragón, a la que seguirían otras, como la del general Bessiéres. El levantamiento más importante de este período se produjo entre Abril de 1826 y finales de 1827 -Guerra de los Agraviados-. Los ‘malcontents’ llegaron a ocupar ciudades de la importancia de Vich ; Cervera y Manresa y obligaron al rey a desplazarse a Cataluña para tranquilizar a la población y ejercer la represión contra el movimiento. Tras la rebelión, los ‘ultras’ y/o ‘carlinos’ volvieron a la táctica de la conspiración en la Corte para presionar o intimidar al rey -hubo pequeñas asonadas en el País Vasco (1829) y en Madrid (1830).

Respecto a la propaganda, es necesario comentar la actividad publicística de los ‘realistas puros’, que confeccionaron numerosos folletos, entre los que destacan: ‘Españoles, Unión y Alerta’ (1825), contra los masones, y el folleto más importante por su difusión y aceptación fue ‘Manifiesto que dirige al pueblo español una federación de realistas puros’ (1826), en el que se realiza un ataque feroz a Fernando VII, se pide la proclamación de Carlos V y se emplean consignas muy agresivas. Los ‘malcontents’, por su parte, involucraron a la figura de D. Carlos en su causa a través de sus consignas, que según los informes franceses, eran descaradamente ‘carlistas’ durante los primeros meses del levantamiento:

“¡VIVA CARLOS V!”

“¡VIVA LA INQUISICION!”

“¡MUERTE A LOS ‘NEGROS’!”

“¡FUERA LA POLICIA Y LOS SECTARIOS!”

            Posteriormente, estas consignas reconocerán como rey a Fernando y se limitarán a atacar a sus ministros. Si la facción ‘ultra’ estaba organizada a partir de 1826, desde 1830 irá fijando sus miras en D. Carlos, con la clara intención de ponerlo a su cabeza. Desde la proclamación de la Pragmática Sanción el 29 de marzo de 1830 se hizo patente la fusión de D. Carlos con la causa de los ‘ultras’, aunque no intervino directamente hasta la muerte de su hermano en 1833.

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Sobre este tema resulta muy interesante la exposición de J. Torras en ‘Liberalismo y rebeldía campesina, 1820-1823’ [Barcelona, Ariel, 1976], en especial el último capítulo, dedicado a la figura del jefe de partida Jaime ‘el Barbudo’. [VOLVER]

Evarist Olcina dice que los movimientos de reacción de la década de 1820 no son en absoluto ‘pre­carlistas’, sino simplemente reaccionarios o integristas. [OLCINA, E., 1974, El carlismo y las autonomías regionales, Madrid, Ensayos y Documentos, cap. 1] [VOLVER]

Los carlistas siempre consideraron a la Policía como un invento liberal, pero en realidad la Superintendencia General de Policía del Reino fue creada por Fernando VII en 1824 [URQUIJO Y GOITIA, J.R., 1985, “Represión y disidencia durante la Primera Guerra Carlista: la policía carlista”, en HISPANIA, no XLV/159, Madrid, CSIC, pp. 131-86] [VOLVER]

Carlos C. Seco Serrano, tras consultar informes policiales de la época, considera que este texto fue redactado por liberales exaltados exiliados que tenían la intención de desprestigiar al rey y a los ‘ultras’ con un escrito exagerado, pero que consiguieron todo lo contrario. [SECO SERRANO, Carlos C., 1973, Tríptico carlista. Estudios sobre historia del carlismo, Barcelona, Ariel, cap. 1] [VOLVER]

FONTANA, J., 1979, La crisis del Antiguo Régimen (1808-1833), Barcelona, Crítica, pg. 188 [VOLVER]

ibid. [VOLVER]

NEGROS: Apodo dado corrientemente a los liberales [GARMENDIA, V., 1976, La Segunda Guerra Carlista (1872-1876), Madrid, Siglo XXI, pg. 57] [VOLVER]

C. Seco Serrano, a través de tres cartas remitidas por D. Carlos a D. Fernando -fechadas el 30 de Ju­lio, el 31 de Julio y el 2 de Agosto de 1826 respectivamente- nos muestra la fidelidad del infante al rey y nos explica el ideario de D. Carlos. Este expresaba su temor ante las reformas porque pensaba que las mismas podían poner al rey en manos de los constitucionales. Por otro lado, no tenía una idea propia ni un proyecto político en positivo ; ingenuamente identificaba reformas con ateísmo, y ni siquiera estaba de acuerdo con una ‘reforma a la española’ al estilo de la que se proponía en el ‘Manifiesto de los Persas’ [SECO SERRANO, op. cit., ibid.] [VOLVER]

[ATRAS]