LA CUESTION SUCESORIA

 

 

 

El problema sucesorio fue una causa muy importante para el comienzo de la Guerra Carlista y el disparador de la misma, que Aróstegui define de la siguiente manera:

“El conflicto dinástico que el nacimiento de Da Isabel generaría en la familia de Borbón española iba a convertirse en la argumentación justificativa de la guerra civil. Un bando seguía los deseos del fallecido Fernando VII apoyando la herencia de Isabel, mediante la regencia de Ma Cristina de Borbón, el otro estaba representado por Carlos María Isidro y legitimado por las leyes sucesorias vigentes desde 1713”.

En Mayo de 1829 muere la tercera esposa de Fernando VII, quien seguidamente contrae nupcias con Ma Cristina de Borbón, de la rama napolitana, lo que abrirá un nuevo capítulo en la historia política de España. Este matrimonio planteaba la posibilidad de la sucesión directa del rey, por lo que D. Fernando derogó con la Pragmática Sanción la Ley Sálica impuesta por Felipe V en 1713 y repuso lo estipulado sobre derecho sucesorio en las Partidas -códigos legales castellanos redactados durante el reinado de Alfonso X en el último tercio del siglo XIII-, que reconocían el derecho al Trono a la descenden­cia directa del rey, ya fuese varón o hembra. La Pragmática Sanción, en palabras de Aróstegui, “... se cubría bajo el ropaje legal de ser mera publicación de los acuerdos tomados en materia sucesoria por las Cortes de 1789, que a petición de Carlos IV y por boca de Campomanes las hacía volver a las Partidas”.

Los temores de los ‘carlinos’ se materializaron con el nacimiento en Octubre de 1830 de Isabel, y en 1831 de su hermana Luisa Fernanda. Según J. Fontana, desde 1831 D. Carlos pensaba en una posible acción política en caso de que su hermano falleciese. Los ‘ultras’ vieron su oportunidad para presionar en el sentido de que se reinstaurase la Ordenanza de 1713 en Septiembre de 1832, momento en el cual Fernando VII caía gravemente enfermo. El rey concedió la regencia a Ma Cristina, quien nombró Primer Ministro al jovellanista Zea Bermúdez. Los ‘ultras’, apoyados por personajes de la talla de Calomarde y el Duque de Alcudia y por los embajadores de Nápoles (Barón Antonini), Cerdeña-Piamonte (Conde de Solano) y de Austria (Brunetti) -todos ellos embarcados a la sazón en las maniobras de las potencias absolutistas encaminadas a evitar cualquier desliz de tipo reformista-, presionaron a la regente para que convenciese al rey de que anulase la Pragmática Sanción -sucesos de La Granja-, lo que consiguieron el 18 de Septiembre de 1832. El rey se recuperó, y el 13 de Diciembre anuló el documento derogatorio ; además, aceptó la amnistía que la Regencia había ordenado y depuró la Administración y el Ejér­cito de elementos ultraabsolutistas. En Marzo de 1833 D. Carlos marchó a Portugal, y el 30 de Junio se juró a Isabel como Princesa de Asturias. D. Fernando falleció el 29 de Septiembre de 1833, desatándose las hostilidades en la siguiente semana.

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Para este apartado hemos utilizado como obras principales: PALACIO ATARD, 1978, La España del siglo XIX, Madrid, Espasa-Calpe, y AROSTEGUI, J., 1981, “El carlismo y la guerra civil”, en JOVER ZAMORA, J. (dir.), Historia de España (XXXIV), fundada por R. Menéndez Pidal, pp. 70-139 [VOLVER]

FONTANA, op. cit., pg. 191 [VOLVER]

[ATRAS]