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EL CARLISMO DE 1840 A 1868 Desde el final de la 1a Guerra Carlista hasta el inicio del Sexenio Revolucionario, el carlismo sufrió importantes modificaciones en su discurso político y en sus premisas ideológicas. Estos años constituyeron la transición entre el absolutismo puro y duro de ‘Carlos V’ y las fórmulas representativas de corte corporativista -a imagen de las de la Edad Media, aunque influidas, claro está, por el espíritu del siglo-, defendidas por ‘Carlos VII’, quien, además, consolidará definitivamente en el discurso carlista la cuestión foral. En estos momentos aparecen en el seno del carlismo ciertas tendencias conciliatorias con los moderados, además de propuestas de reconciliación dinástica, lo que terminará hundiendo al carlismo en la década de 1850-1860 en una profunda crisis. El
Conde de Montemolín
Tras
el proyecto frustrado de enlace matrimonial con Isabel II, los carlistas
vuelven a las andadas, y en 1846 comenzarán en Cataluña movimientos de
partidas que se generalizarán entre 1847 y 1849, creándose en esta zona
un estado de semiguerra que ha sido tradicionalmente denominado 2a
Guerra Carlista, o Guerra dels
Matiners. Según Julio Aróstegui, este
conflicto armado mostraba claros perfiles de enfrentamiento entre clases
sociales, ya que estaba alimentado por campesinos de las montañas
catalanas agitados no sólo por carlistas, sino que también participaron
algunos progresistas y republicanos. Carlos Seco
cuenta los esfuerzos de T. Beltrán y Soler -progresista en el exilio que
había organizado una Diputación Catalana que lo representaba a él
exclusivamente- para organizar un frente de progresistas y carlistas para
‘restaurar la personalidad histórica de Cataluña’, o lo que dicho
autor llama “la opción
catalanista de Montemolin”. Beltrán y Soler, que le plantea a los
carlistas la vuelta a un Estado confederal del tipo del de los Reyes Católicos
con Cataluña como base, opta por acercarse a ‘Carlos VI’ porque ello
le redundaba en tres ventajas: a)
Contaba en Cataluña con una fuerza armada dirigida desde 1848 por
Ramón Cabrera. b)
Montemolín era tolerado, de momento, por el Gabinete británico. c)
‘Carlos VI’ había inscrito en su bandera, junto al legitimismo
dinástico, la resurrección de las “libertades
históricas” frente al centralismo auspiciado por los liberales de
Madrid y Cádiz.
Tras
la derrota de los ‘matiners’ se producen algunos movimientos de
partidas en 1855 y la intentona de San Carlos de la Rápita de 1860. Esta
aventura -desembarco en esta localidad tarraconense del Capitán General
de Baleares Jaime Ortega con ‘Carlos VI’ y su hermano Fernando-
constituyó un auténtico ‘fiasco’ que provocó criticas dentro y
fuera del carlismo ; además, el pretendiente y su hermano estuvieron en
cautiverio en Tortosa y antes de ser desterrados se les arrancó una
renuncia al trono. Carlos Luis falleció sin sucesión directa en 1861, y
su hermano Fernando también, quedando el derecho sucesorio en manos de su
hermano Juan de Borbón y Braganza. Estos años fueron críticos, ya que
el heredero se mostró pro-liberal y
__________________________________________ SECO, op. cit., cap. 2 AROSTEGUI, op. cit. [VOLVER] SECO, op. cit. [VOLVER] GARMENDIA, V., 1976, La Segunda Guerra
Carlista (1872-1876), Madrid, Siglo XXI, pg. 2 Nació el
30 de marzo de 1848 en Leibach, viviendo posteriormente en Modena, Praga,
Venecia e instalándose posteriormente en Gratz (Austria) tras casarse con
su prima Margarita de Parma. Su hermano Alfonso fue el jefe del carlismo
catalán durante la guerra. |