EL CARLISMO DE 1840 A 1868

 

 

Desde el final de la 1a Guerra Carlista hasta el inicio del Sexenio Revolucionario, el carlismo sufrió importantes modificaciones en su discurso político y en sus premisas ideológicas. Estos años constituyeron la transición entre el absolutismo puro y duro de ‘Carlos V’ y las fórmulas representativas de corte corporativista -a imagen de las de la Edad Media, aunque influidas, claro está, por el espíritu del siglo-, defendidas por ‘Carlos VII’, quien, además, consolidará definitivamente en el discurso carlista la cuestión foral. En estos momentos aparecen en el seno del carlismo ciertas tendencias conciliatorias con los moderados, además de propuestas de reconciliación dinástica, lo que terminará hundiendo al carlismo en la década de 1850-1860 en una profunda crisis.

El Conde de Montemolín

Tras 1840 la mayoría de los carlistas irían al exilio, o bien se verían condenados al ostracismo político, aunque también es cierto que los marotistas acabarían integrándose en la España isabelina. Don Carlos abdicó en Bourges, Francia, el 18 de Mayo de 1845 (falleció en Trieste en 1855) en su hijo Carlos Luis de Borbón y Braganza, conde de Montemolín, que dirigió a sus partidarios hasta su muerte, también en Trieste, foco organizativo del carlismo durante este período, en 1861. Según Carlos Seco, el conde de Montemolín se caracterizaba por sus limitadas dotes intelectuales, así como por un carácter que carecía de la firmeza de ‘Carlos V’ y del ímpetu de ‘Carlos VII’, lo que curiosamente coincide en cierto sentido con las posi­ciones ambiguas del carlismo de la época.

Tras el proyecto frustrado de enlace matrimonial con Isabel II, los carlistas vuelven a las andadas, y en 1846 comenzarán en Cataluña movimientos de partidas que se generalizarán entre 1847 y 1849, creándose en esta zona un estado de semiguerra que ha sido tradicionalmente denominado 2a Guerra Carlista, o Guerra dels Matiners. Según Julio Aróstegui, este conflicto armado mostraba claros perfiles de enfrentamiento entre clases sociales, ya que estaba alimentado por campesinos de las montañas catalanas agitados no sólo por carlistas, sino que también participaron algunos progresistas y republicanos. Carlos Seco cuenta los esfuerzos de T. Beltrán y Soler -progresista en el exilio que había organizado una Diputación Catalana que lo representaba a él exclusivamente- para organizar un frente de progresistas y carlistas para ‘restaurar la personalidad histórica de Cataluña’, o lo que dicho autor llama “la opción catalanista de Montemolin”. Beltrán y Soler, que le plantea a los carlistas la vuelta a un Estado confederal del tipo del de los Reyes Católicos con Cataluña como base, opta por acercarse a ‘Carlos VI’ porque ello le redundaba en tres ventajas:

a)      Contaba en Cataluña con una fuerza armada dirigida desde 1848 por Ramón Cabrera.

b)      Montemolín era tolerado, de momento, por el Gabinete británico.

c)      ‘Carlos VI’ había inscrito en su bandera, junto al legitimismo dinástico, la resurrec­ción de las “libertades históricas” frente al centralismo auspiciado por los liberales de Madrid y Cádiz.

Tras la derrota de los ‘matiners’ se producen algunos movimientos de partidas en 1855 y la intentona de San Carlos de la Rápita de 1860. Esta aventura -desembarco en esta localidad tarraconense del Capitán General de Baleares Jaime Ortega con ‘Carlos VI’ y su hermano Fernando- constituyó un auténtico ‘fiasco’ que provocó criticas dentro y fuera del carlismo ; además, el pretendiente y su hermano estuvieron en cautiverio en Tortosa y antes de ser desterrados se les arrancó una renuncia al trono. Carlos Luis falleció sin sucesión directa en 1861, y su hermano Fernando también, quedando el derecho sucesorio en manos de su hermano Juan de Borbón y Braganza. Estos años fueron críticos, ya que el heredero se mostró pro-liberal y reconoció a Isabel II, lo que provocó las iras de los viejos carlistas, que en su publicación decana ‘La Esperanza’ decían al respecto: “Lo que conviene a D. Juan es ir a una casa de locos, y si la hubiera especial para bobos, mejor”. Una reacción más hábil fue la de la princesa de Beira, que planteó que para ser legítimo heredero no basta el origen, ya que el comportamiento es esencial ; con la Carta a los Españoles que redactó en 1864 aparece el concepto de ‘soberanía de ejercicio’, en la que se afirma que el legítimo rey de España no puede y no debe aceptar la libertad de cultos ni la soberanía nacional, ya que así pierde la legitimidad de ejercicio y, por tanto, D. Juan debe abdicar en su hijo Carlos Ma de los Dolores (‘Carlos VII’).                                                                                                                         Cándido Nocedal

D. Juan abdicó en Octubre de 1868, un mes después de los sucesos revolucionarios de Septiembre, y Carlos comunicó a los soberanos europeos su intención de tomar el trono español. Muchos elementos católicos y conservadores se aproximaron al carlismo -lo abandonarían tras la Restauración de Alfonso XII, confirmando algunos temores del pretendiente-, destacando figuras como Aparisi Guijarro, Cándido Nocedal y González Bravo. Se reorganiza el partido, creándose 40 Juntas en todo el territorio Peninsular, salvo en el País Vasco y en Navarra, denominándose el partido a partir de este momento Comunión Carlista. Finalmente, en la Junta Central Católico-Monárquica del 6 de Marzo de 1870 se ordena al partido actuar dentro del marco de la ley. Desde Septiembre de 1868 hasta Diciembre de 1872 se desarrolla una intensa actividad propagandista en el transcur­so de la cual se publican más de 160 folle­tos, se resucita el cancionero, se reparten 6 millones de retratos del pretendiente y se toma la ‘margarita’ como símbolo. Esto se traduce en los éxitos relativos de las elecciones de 1869, 1870 y 1871 ; la minoría carlista representada en las Cortes fue muy combativa durante esos años. Fuera de este marco, por otro lado, ya se estaba preparando una nueva acción armada.

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SECO, op. cit., cap. 2 [VOLVER]

AROSTEGUI, op. cit. [VOLVER]

SECO, op. cit. [VOLVER]

GARMENDIA, V., 1976, La Segunda Guerra Carlista (1872-1876), Madrid, Siglo XXI, pg. 2 [VOLVER]

Nació el 30 de marzo de 1848 en Leibach, viviendo posteriormente en Modena, Praga, Venecia e instalándose posteriormente en Gratz (Austria) tras casarse con su prima Margarita de Parma. Su hermano Alfonso fue el jefe del carlismo catalán durante la guerra. [VOLVER]

[ATRAS]