PRECEDENTES. EL PENSAMIENTO ANTIILUSTRADO Y ANTILIBERAL

 

 

Carlos María Isidro de Borbon, «Carlos V», por Vicente López 

            Según consigna Josep Carles Clemente, no se puede hablar del ‘carlismo’ como de un movimiento configurado y vertebrado, lo que se suele denominar un ‘partido de masas’, hasta después de iniciada la Guerra de los Siete Años. En torno al pretendiente D. Carlos Ma Isidro (‘Carlos V’), en efecto, “... no existía un grupo de asesores, consejeros, colaboradores, partidarios, etc. que formaran una estructura ideológica única, compacta y completa”, por lo que en una primera fase las estructuras organizativas de esta facción se basaron lisa y llanamente, además de en el foralismo, en los movimientos de corte absolutista que habían imperado durante la época de Fernando VII, que básicamente eran dos, según este autor:

         Realistas exaltados o puros (integristas): Alto clero y sectores afines

     Absolutistas moderados (tradicionalistas): Sectores de la nobleza y grandes propietarios, divididos a su vez en transaccionistas militares y teóricos.

Por otro lado, y como nos recuerda José Luis Abellán, dicho pensamiento de la derecha reaccionaria española de la segunda mitad del siglo XIX no era original, sino que se basaba a su vez en dos antecedentes: el grupo de diputados de las Cortes de Cádiz conocidos por ‘los serviles’ y el Manifiesto de los persas, donde 65 diputados realistas instaban, como hemos visto, al rey Fernando VII, a su regreso a España, para que ignorase la labor democratizadora realizada en su ausencia por las Cortes Constituyentes. Abellán, apoyándose en lo ya expresado con anterioridad por Javier Herrera, opina que tales ideas, que apuntaban al posterior enfrentamiento entre las famosas dos Españas, tampoco surgieron súbitamente durante la Guerra de la Independencia, sino que se remontan a “... actitudes provenientes de modo ya muy claro en la segunda mitad del siglo XVIII como consecuencia de las posturas enfrentadas entre los partidarios de distintas tradiciones españolas”, concretamente los casticistas y los extranjerizantes.

 

1) Reacción contra la Ilustración

Marcelino Menéndez y Pelayo. furibundo antiilustrado, como es sabido, dice lo siguiente en su monumental 'Historia de los heterodoxos españoles': 

"La resistencia española contra el enciclopedismo y la filosofía del siglo XVIII debe escribirse largamente, y algún día se escribirá, porque merece libro aparte, que puede ser de grande enseñanza y no menos consuelo. La revolución triunfante ha divinizado a sus ídolos y enaltecido a cuantos le prepararon fácil camino ; sus nombres ..., viven en la memoria y en la lengua de todos ; no importa su mérito absoluto ; basta que sirviesen a la revolución, cada cual en su esfera ; todo lo demás del siglo XVIII ha quedado en la sombra. Los vencidos no pueden esperar perdón ni misericordia. Vae victis".

            Pero, como afirma el citado Javier Herrera, resulta que “... el pensamiento reaccionario del siglo XVIII ni fue tradicional ni fue español”. Dichos autores que Menéndez y Pelayo reivindica no eran otra cosa que clérigos que, ante la avalancha irresistible de las ideas ilustradas, “... no oponen un pensamiento original, sino que se limitan a importar el pensamiento reaccionario europeo, en especial el francés”. Se limitaron, por tanto, a hacer, más que nada, copioso uso de los panfletos antiilustrados de Nonnotte, Bergier, Valsecchi, Mozzi, etc. y eran, en consecuencia, tan ‘afrancesados’ o más que los que ellos acusaban de serlo. En sus escritos, a los que nos vamos a referir algo más ‘in extenso’ a continuación, solían repetir hasta la saciedad los siguientes puntos:

*        Voltaire es un corifeo de las fuerzas del mal.

*        La nueva filosofía pretende destruir los principios de la sociedad.

*        La tolerancia religiosa es el arma de los impíos contra el dogma de la Iglesia.

*        La igualdad que se predica es quimérica y atenta contra el orden querido por Dios.

*        etc.

FERNANDO DE ZEBALLOS (1732-1802):

         La falsa filosofía (1774-76): Propone un enfrentamiento maniqueo entre el Bien y el Mal, lo que le conduce a justificar el uso de la violencia en todas sus formas posibles (guerra, pena de muerte o tortura) para salvar a la sociedad.

ANTONIO JOSE RODRIGUEZ (1703-1788):

         El Philoteo

VICENTE FERNANDEZ VALVARCE (1723-1798):

         Los desengaños filosóficos (1787-97)

 

2) Reacción contra la Revolución Francesa

            Abellán nos recuerda a este respecto que “... al fin y al cabo, tan francés era Fernando VII, que pertenecía a la vieja casa de Anjou, instauradora de la dinastía borbónica entre nosotros, como el propio Napoleón Bonaparte ; en el fondo se trataba, pues, de elegir entre dos dinastías francesas que representaban intereses e ideologías distintas, y por eso para los ilustrados, en gran parte de trataba más de una discusión interna que de una cuestión de patriotismo”. Además:

            “No olvidemos tampoco que si José Bonaparte se había entronizado mediante un acto de fuerza, no menos había sucedido con la instauración del primer Borbón, tras una guerra de Sucesión que había durado catorce años. Y no olvidemos, finalmente, que pocos años después, en 1823, las tropas francesas, con Angulema al frente, vuelven a invadir la Península, pero esta vez con el beneplácito de quienes antes se habían levantado fieramente ; y es que ahora vienen a imponer el absolutismo y la defensa de sus privilegios, como se reconoce en los tratados firmados por las naciones que constituían la ‘Santa Alianza’”.

Lorenzo Hervás y Panduro

            Las primeras reacciones antiilustradas a que nos hemos referido se vieron reforzadas en gran medida por el triunfo de la Revolución en Francia (1789), así como por la guerra que mantuvo España contra el Gobierno revolucionario galo entre 1793 y 1795. Como principal exponente de dicho pensamiento antirrevolucionario español habría que citar la jesuita Lorenzo Hervás y Panduro (1735-1809), quien en diversos escritos presenta la Revolución francesa como “... el resultado de una conjura en la que se unían los filósofos y los jansenistas, y que tenía por fin la destrucción de la monarquía y de la Iglesia”. Abellán, por su parte, se refiere, además a los siguientes autores:

ANTONIO JAVIER PEREZ Y LOPEZ (1736-1792):

         Nuevo sistema filosófico (1785), donde define las bases de la monarquía absoluta:

1)      Origen divino de la autoridad real

2)      Obediencia pasiva de los súbditos

3)      Resistir a los reyes injustos, pero nunca rebelarse contra ellos.

ANTONIO VILA Y CAMPS (1747-1809):

         El vasallo instruido en las principales obligaciones que debe a su legítimo monarca (1792)

CLEMENTE PEÑALOSA Y ZUÑIGA:

         La Monarquía (1793)

JOAQUIN LORENZO VILLANUEVA:

         Catecismo del estado según los principios de la religión (1793)

FRAY DIEGO DE CADIZ (1743-1801):

         El soldado católico en guerra de religión (1794): En este escrito, publicado con motivo de la guerra de 1793-95 contra la Convención francesa, Francia representa el ‘mal absoluto’, y ello justifica todos los medios de lucha contra ella.

 

3) La Guerra de la Independencia contemplada como una cruzada religiosa

            Los fundamentos teóricos de tal punto de vista habían sido fijados, como advierte Abellán, por el ya citado Diego de Cádiz, pero otro s autores que le siguieron continuaron profundizando en su labor. La característica principal, por otra parte, de dicha visión reaccionaria de la Guerra de la Independencia consistía, como describe Javier Herrera, en negar de plano toda culpa a las clases dirigentes españolas de la época por la marcha de los acontecimientos: “... ni la corona, cuyo poder de decisión durante el reinado de Carlos IV fue inmenso ; ni la Iglesia, ni la grandeza en fin, ni las viejas instituciones tienen responsabilidad alguna en la súbita dominación napoleónica de la tierra española ; por el contrario, ellos representan los más puros valores del espíritu nacional”. Por ello la guerra sólo puede entenderse como una ‘cruzada religiosa’.

PEDRO DE QUEVEDO Y QUINTANO (Obispo de Orense e Inquisidor General ; como Presidente del Consejo de Regencia se puso en 1810 a la convocatoria de Cortes, y una vez que éstas fueron convocadas, se negó a jurarles fidelidad):

         Memoria de las Cortes (1810): Ataca el concepto que entonces se barajaba de ‘soberanía nacional’, arguyendo que la soberanía no debe estar más que en el rey.

Pedro de Quevedo y Quintano 

MIGUEL DE LARDIZABAL Y URIBE (Miembro asimismo del Consejo de Regencia): En su Manifiesto del año 1811 se compromete a jurar fidelidad a las Cortes, pero no se identifica con sus directrices ideológicas.

JOSE JOAQUIN COLON (Decano del Consejo Supremo de Castilla):

         España vindicada en sus clases y autoridades desde las falsas opiniones que se le atribuyen (1811): Opone su concepto de ‘clases’ (la nobleza, principalmente) al pueblo y a los liberales.

LA REVOLUCION (Eugenio Lucas) 

RAFAEL DE VELEZ (1777-1850):

         Preservativo contra la irreligión (1812)

FRANCISCO ALVARADO, el Filósofo Rancio (1756-1814):

         Cartas aristotélicas

         Cartas críticas

         Cartas inéditas

Este pensador, el más conocido ideólogo reaccionario español de la época, tiene, según Abellán, el gran mérito de refundir en una síntesis “... más o menos acertada, aunque burdamente expuesta”, todos los tópicos y lugares comunes de esta corriente de pensamiento. El Filósofo Rancio rechaza no sólo los principios esenciales de la Ilustración y del liberalismo, sino los de toda la filosofía en general, y así dice, con cierto sarcasmo:

“La dignidad del hombre, según estos informes, consiste en que su miserable razón sea el supremo tribunal de todas las cosas y no se sujete ni aún a Dios. La libertad, en que piensen, hablen y obren según les inspiren sus errores, pasiones e intereses. La igualdad, en que los hijos de las yerbas y los hombres viciosos roben a los que, o por su nacimiento, o su industria, son más ricos que ellos y usurpen las distinciones que son debidas a la virtud. La seguridad en la impunidad por los crímenes. La filosofía, en fin, en justificar y promover las pasiones todas que nos son comunes con las bestias, y en que frecuentemente las exceden nuestros vergonzosos abusos”.

            Para evitar todos esos desmanes, Alvarado confía en la persona de Fernando VII como rey de España: “Veo restituida por él la fe a su antigua e innata dignidad, la religión a su absoluto imperio, la Iglesia a su debido influjo, las costumbres públicas a su justo arreglo, las Santas Leyes a su puntual observancia”. A tal efecto no duda en defender a toda costa la existencia del Tribunal de la Inquisición que, como es sabido, estaba a punto de ser erradicado de nuestro país por aquellas fechas ; su modo de razonar reproduce casi punto por punto las propuestas hechas bastante antes por el padre Zeballos:

            “¿Quién ha dudado jamás de que el palo y el castigo son el mejor específico para curar los antojos, cuando la razón no alcanza a curarlos ...? Volverá al ejercicio de sus funciones la Inquisición ... ; veremos a ustedes transformados de filósofos en hipócritas, de liberales en serviles y de despreocupados en supersticiosos”.

JUAN DONOSO CORTES (1809-1853):

         Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

Aunque en la vida política representó el ala derecha de los cristinos e isabelinos (‘liberalismo doctrinario’), ideológicamente hablando estaba en realidad más cercano a los ‘carlistas’. Según Ferrater Mora, su papel en España fue similar al desempeñado en Francia por Joseph de Maistre y Louis de Bonald o en Prusia por Joseph Görres. Según Donoso, la política depende de la teología, constituyendo el proceso secularizador de la modernidad un tremendo error producto del orgullo. La verdadera teología, según él, no es otra que la católica, pues el catolicismo es depositario del único dogma verdadero, ya que la Iglesia es, sin lugar a dudas, infalible. La obra de Donoso se dirigía en general contra el ateísmo revolucionario de la época (Proudhon), así como también, aunque respetuosamente, contra la teoría de Guizot acerca del desarrollo de la civilización en Europa.

Según Donoso, el dilema de la civilización europea (y de España) no estriba en escoger entre libertad y dictadura, sino en decidir entre dos clases de dictadura: ‘despotismo socialista’ o ‘absolutismo católico’ ; en esta diatriba no queda, en su opinión, ningún lugar para el ‘liberalismo’: “De todas las escuelas es la más estéril, porque es la menos docta y la más egoísta”. Su filosofía de la historia, por tanto, basada en San Agustín, Bossuet y Vico, adolece de un cierto maniqueísmo escatológico que gira en torno al concepto de Providencia divina, ya que, en su opinión, la historia humana no es otra cosa que la historia del cuerpo místico de Cristo, tal como éste se expresa en los misterios de la Encarnación y de la Redención:

“Ese maestro divino es aquel ordenador universal que sirve de centro a todas las cosas: por este razón, por cualquier lado que se le mire y por cualquier aspecto que se le considere, se le ve siempre en el centro. Considerado como Dios y como hombre a un tiempo mismo, es aquel punto céntrico en que se juntan en uno la esencia criadora y las sustancias creadas. Considerado solamente como Dios, hijo de Dios, es la segunda persona, es decir, el centro de las tres personas divinas. Considerado solamente como hombre, es aquel punto central en que se condena con misteriosa condensación la naturaleza humana. Considerado como Redentor es aquella persona central sobre la cual vienen a un mismo tiempo todas las divinas gracias y todos los divinos rigores. La Redención es la gran síntesis en la que se coligan y se juntan la divina justicia y la divina misericordia”.

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CLEMENTE, Josep Carles, 1990, Los carlistas, Madrid, Istmo, pp. 23 ss. [VOLVER]

ABELLAN, José Luis, 1984, Historia Crítica del Pensamiento Español (IV), Madrid, Espasa-Calpe, pg. 627 [VOLVER]

Propugnaban, a grandes rasgos, los siguientes puntos:

-         Defensa a ultranza de la Monarquía absoluta y de los valores del Antiguo Régimen

-        Reinterpretación de la Guerra de la Independencia como una ‘cruzada de liberación’ frente a los enemigos de la patria, de la religión y de la tradición

-         Descalificación de los demás españoles (‘afrancesados’, liberales o monárquicos constitucionales) como ‘traidores’ a las esencias de la cultura nacional. [VOLVER]

HERRERA, Javier, 1994, Los orígenes del pensamiento reaccionario español, Madrid, Alianza [VOLVER]

ABELLAN, op. cit., pp. 151 ss. [VOLVER]

MENENDEZ Y PELAYO, Marcelino, 1963, Historia de los heterodoxos españoles (II), Madrid, BAC, pp. 360-61 [VOLVER]

HERRERA, op. cit., pp. 22 ss. [VOLVER]

ABELLAN, op. cit., pg. 158 [VOLVER]

ibid., pp. 153 ss. [VOLVER]

ibid., pp. 149-50 [VOLVER]

ibid., pg. 158 [VOLVER]

HERRERA, op. cit., pp. 151 ss. [VOLVER]

ABELLAN, op. cit., pp. 158 ss. [VOLVER]

ibid. pg. 165 [VOLVER]

HERRERA, op. cit., pg. 245 [VOLVER]

ABELLAN, op. cit., pp. 172 ss. [VOLVER]

FERRATER MORA, José, 1979, Diccionario de Filosofía (I), Madrid, Alianza, pg. 882 [VOLVER]

FRANÇOIS GUIZOT (1787-1874): Según este pensador, “... la tolerancia fue uno de los motores de la civilización europea ... Ahora bien, esta tolerancia no fue ... un producto de la reacción contra la Iglesia ; el cristianismo mismo lo ha llevado en su seno y sin él hubiese sido inconcebible. Si ha habido explosiones de intolerancia, se han debido a la caricatura de sí mismo que todo principio lleva en su seno”. [ibid., IV, pg. 3.288] [VOLVER]

ABELLAN, op. cit., pp. 330 ss. [VOLVER]

[ATRAS]