PREMISAS DE PARTIDA

 

 

Antes de iniciar la exposición queremos plantear una serie de cuestiones que constituyen, a partir de las primeras percepciones que tenemos sobre el Carlismo, el punto de partida de este trabajo y que a continuación enumeramos:

1.      Partimos de la base de que no se debe abordar el tema del carlismo aceptando en su totalidad ninguna de las opiniones vertidas por los analistas durante el siglo XIX, que afirmaban que el ‘carlismo’ fue un asunto organizado por el clero para frenar el progreso del liberalismo -visión de sectores liberales anticlericales-, ni aquellas que plantean que el carlismo era el defensor del ‘pueblo’ y de las ‘ancestrales tradiciones españolas’ -visiones carlistas-, ya que tanto una como otra interpretación deforman la realidad histórica y su complejidad.

2.      Que el carlismo no es un movimiento típicamente español, ya que se enmarca dentro del tránsito al liberalismo político y al sistema capitalista en Europa, siendo la versión española de la reacción ante ese proceso, que se efectuó en varios países europeos -la Vendée en Francia, el bandolerismo borbónico en Nápoles, etc.-, nutriéndose su discurso político en el pensamiento antiilustrado europeo, aunque adaptado al caso español.

3.      Junto a las similitudes que ‘a priori’ se observan entre el discurso político carlista y el de los otros movimientos contrarrevolucionarios también aparecen bastantes elementos de concordancia entre las bases que luchan en estos movimientos y sus formas de actividad, siendo éstas mayoritariamente miembros de los estratos que estaban padeciendo con mayor intensidad la desintegración del Antiguo Régimen.

4.      El carlismo se nos aparece como un ‘cajón de sastre’ en el que se unen coyunturalmente reivindicaciones variadas e incluso contrapuestas que se aglutinan tras el discurso formal de la tradición, la legitimidad monárquica y la religión, pero que en última instancia no tienen una ideología ni un programa político claramente definido, siendo su principal objetivo alcanzar el poder a toda costa.

5.      El carlismo, en sus esfuerzos por alcanzar el poder, contribuyó a intensificar la velocidad del tránsito al Nuevo Régimen, ya que forzó a la reina regente Ma Cristina a unirse, contra su voluntad, a los sectores liberales que implantaron dicho sistema en España, aunque los ulteriores errores tácticos de los liberales, como, por ejemplo, el anticlericalismo de los Gobiernos de Toreno (1835), Mendizábal (1836) y Calatrava (1837), alimentaron directa o indirectamente a las fuerzas carlistas.

Estas premisas trataremos de contrastarlas con los datos que iremos ofreciendo durante la exposición, con la finalidad de terminar con unas conclusiones de carácter parcial.

[ATRAS]