Señor director de EL DIARIO MEDICO-FARMACEUTICO:

            Muy señor mío y comprofesor: Habiendo leído con suma satisfacción en el DIARIO que tan dignamente dirige un caso curioso que con el mismo epígrafe publica en el número 38, firmado por el Sr. Vega-Rey, desearía diera inserción al siguiente, que corrobora lo árduo de la especialidad tocológica, mucho más cuando se practica en pequeñas localidades. Al mismo tiempo me propongo secundar la idea del citado comprofesor, dando publicidad á uno de sus múltiples y variados casos.

            En el año de 1883 estaba desempeñando en la ciudad de Jimena de la Frontera (Cádiz) una titular, conseguida después de continuadas luchas con los caciques y otra série de contrariedades que no enumero por no ser prolijo. Conseguí, repito, á fuerza de algunos desvelos, reputarme lo suficiente para obtener, como producto, escasamente lo que mis necesidades exigían.

            A principios de Febrero del mismo año, y á las dos de la madrugada, fui avisado urgentemente ; acto continuo me trasladé á la calle de España, y en el domicilio de N.N., primípara, de 34 años de edad, temperamento bilioso y constitución endeble. Por los datos que me suministraron y por lo que observé, vine a deducir que hacían cincuenta y dos horas se le había iniciado el parto ; que la gestación había sido laboriosa, pero que desde el sexto mes siguió su curso normal. Procedí al reconocimiento, y encontré el siguiente cuadro sintomatológico: abatimiento y excitación nerviosa ; el cuello uterino con marcada atonía, pero completamente dilatado, siéndome muy fácil reconocer la presentación de vértice en primera posición, y por esta misma circunstancia pude apreciar el encaje de la cabeza del feto en el estrecho inferior pelviano, y que los diámetros de la cabeza no estaban en proporción con los de la pélvis de la parturienta. Cerciorado hasta la evidencia de este diagnóstico, propuse á la familia una consulta, para cuyo efecto llamaron á un digno compañero, hijo de aquella población, y convinimos en la aplicación del forceps ; puesto en conocimiento de la interesada y deudos el resultado de nuestra consulta, prodújose la natural alarma, fundándose en la terminación funesta que había tenido otra hermana que en idéntica circunstancia fue operada, y sobrevivió pocos días después ; en vista de la negativa, le hicimos entender el inmediato peligro que atravesaba la parturienta, y nuestro deber de remediarlo, lo que fue oído con aparente indiferencia, viéndonos por consiguiente en la precisión de abandonarla á los esfuerzos de la naturaleza, administrándola, para coadyuvar, una poción antiespasmódica y tazas de caldo con vino.

            No habían transcurrido ocho horas, cuando fuimos nuevamente avisados por decisión unánime de parientes y vecinos para que operásemos, y para no molestar más la atención del lector, concluiré este caso diciendo que la aplicación se realizó con feliz resultado ; que el feto estaba muerto por asfixia, pero que la cliente goza en la actualidad de salud perfecta.

            A los pocos días, y por efecto del carácter chismográfico, al par que censor, de que adolecen las poblaciones de escaso vecindario, llegó á mis noticias que la opinión pública me juzgaba poco hábil en el arte de los partos (habiendo en cuenta que por un acto deferente que tanto caracteriza á los que nos dedicamos al ejercicio de nuestra profesión, cedí el forceps al colega). Temí que esta impericia, deducida por mi galantería, se hiciera notoria, perjudicando mi reputación é intereses, y herido en el amor propio é indignado del criterio general de aquellos ciudadanos, pedí de todo corazón a la Providencia, me concediera otro caso idéntico, prometiendo en mi foro interno, poner confianza en ella, y no compartir mi responsabilidad con ningún compañero, como ordenan nuestros estatutos y moral médica.

            Más como este asunto se va haciendo algo extenso, y él requiere, si se ha de conocer someramente, más espacio, se continuará en el próximo número.

Alcalá de los Gazules, 7 de Marzo de 1884

[ATRAS]