Señor director de EL DIARIO MEDICO-FARMACEUTICO:

            Iba diciendo, señor director, que anhelaba por momentos el que se me presentara otro caso parecido de distocia, en el que pudiera probar á mis calumniadores que no me faltaban alientos ni bríos para manejar el forceps y cumplir con mi deber en el arte dificil de los partos.

            Con efecto ; al mes fui avisado para auxiliar á otra mujer, domiciliada en la calle Ancha, siendo citado para este caso en atención á que ni el Médico de su confianza podía visitarla en razón á sus ocupaciones, ni el que estuvo en la consulta á que he hecho referencia, por hallarse algo indispuesto.

            Accediendo á los ruegos y múltiples dispenses que me prodigaba la del aviso, por haber acudido á mí en último término, me personé, pues, en el tétrico y reducido casucho, que servía de morada á la infeliz.

            Tenía 32 años, era multípara, de temperamento sanguíneo y constitución robusta ; la gestación se había verificado con normalidad: los demás datos los subministró una pseudo-comadrona, especie de Marisabidilla, refiriéndome cómo se inició el parto hacía cincuenta y cuatro horas ; procedí al reconocimiento, y presumí que la comadrona, por efecto de su impericia táctil, provocó prematuramente la rotura de la bolsa de las aguas, dejando esta por consiguiente, de ejercer su importante papel mecánico ; hice varias preguntas, y por la vacilación y otros datos, corroboré mis sospechas. Haciéndole saber la ninguna necesidad de su presencia, y quedándome acompañado de la anciana madre de la paciente, le prescribí el extracto de belladona y unos baños aromáticos, retirándome al Hospital, que aquel mes lo tenía a mi cargo. No había transcurrido doce horas, cuando fue nuevamente avisado, y encontré el cuadro de síntomas siguiente: estado general bueno ; dilatación completa del cuello, y encaje de la cabeza del feto en el estrecho inferior de la pelvis ; en este estado permanecí algún tiempo en expectación inútil, pues bien pronto comprobé lo que tanto deseaba , esto es, otro caso de distocia fetal mecánica , confieso con ingenuidad que experimenté dos sensaciones antitéticas: una, y fue la mayor, de satisfacción, al ver que se presentaba otro caso por el cual podría enmendar la mala interpretación de aquella deferencia, y otro de turbación, por temor á las consecuencias de mi única intervención en un caso trascendental.

            Pero la imaginación tuvo á bien hacerme presente los sucesos ocurridos en el caso que relato anteriormente, con coloridos tan vivos, que instantáneamente me sobrepuse, y haciendo uso del nunca bien encomiado forceps, después de repetidas y ligeras tracciones, extraje un robusto feto, manifestándome su presencia la desproporción de sus diámetros.

            Una vez ligado el cordón y entre gado á la única mujer que me acompañaba, saqué las secundinas ; no bien había concluido de fajar y recomendar los cuidados que debían tener presente, cuando se presentó una metrorragia, la que me alarmó por lo retirado que estábamos de la más próxima Farmacia ; pero, afortunadamente, mientras venían con la prescripción, le propiné irrigaciones vaginales con agua fría ligeramente acidulada, con el poco é impuro ácido acético que contenía un asqueroso y carcomido porrón, que á la sazón estaba debajo de la cama. Poco después se contenía el flujo con este tópico doméstico culinario, ayudado por dos cucharadas de la poción de Pradel.

            Estos casos demuestran que no es imposible, como creía Caseaux, la distocia causada por desarrollo fisiológico del feto.

            Como apéndice, y por recompensa, recibí de honorarios en el primer caso, media fanega de trigo con abundante vallisco, sobre la otra media que tenía estipulada en el contrato particular de mis igualados, pagaderas por el tiempo de la recolección, teniendo que añadir que á fuerza de innumerables amonestaciones por mi encargado en recogerla, y de intimidarle con el juzgado, conseguí el cobrarla, y la segunda era de solemnidad (para cuyo efecto el Ayuntamiento me adeudaba tres trimestres) y se contentó la infeliz con bautizar á la robusta infanta con mi nombre de pila y, á duras penas, pude evadirme en ser su padrino, que, como propina, quería añadir la buena mujer, á este su afectísimo compañero que B.S.M.

Alcalá de los Gazules, 7 de Marzo de 1884

[ATRAS]