LA EPOCA DE MAXIMO ESPLENDOR DE LA DIVISA (1136 - 1367)

 

Poco más de dos siglos estuvo la dirección de la Divisa Real de la Piscina en estrecha vinculación con los poderosos señores de Peñacerrada, siendo anejo su Patronazgo de quien ostentaba la representa­ción de aquel gran Señorío o Condado. Porque hay que advertir que a partir del primer señor de Peñacerrada, Don Sancho Ramírez de la Piscina, se intitularon Condes los que sucesivamente heredaron este importante Estado, que por expreso deseo del Infante Don Ramiro de Navarra habla de quedar para siempre como propiedad de la estirpe de Don Sancho

Volvamos, si no, al contexto del Testamento:

A SANCHO, MI HIJO SEGUNDO, MANDO LOS BIENES DE MI TERRITORIO DE PEÑACERRADA, Y MI CASA ANTIGUA, CON TODAS SUS PERTENENCIAS, ALDEAS, MONTES, PRADOS, MOLINOS Y ARBOLES

No puede ser más categórico e indiscutible el derecho de señorío que, a favor de Don Sancho, estatuye dicha cláusula, cesión que no es transitoria ni limitada a su persona, sino extensiva a toda su descendencia, pues el mismo Don Ramiro, después de detallar otras tierras en que le deja heredado, concluye diciendo:

"ASI LO ENTREGO A SANCHO MI HIJO, Y A SUS DESCENDIENTES, POR JURO DE HEREDAD Y PARA SIEMPRE”.

Que desde un principio estuvo el Patronazgo de la Orden de los Diviseros de la Piscina anexionado a los Condes de Peñacerrada, es cuestión resuelta ya sin ningún género de duda. Repugna la idea de que ello se debiera a una graciosa cesión, por parte de Don García Ramírez, en favor de su hermano Don Sancho y de su linaje. La misma elección de las tierras pertenecientes al hijo segundo, para edificar en ellas el Solar de la Divisa, sugiere que es a éste, y no a Don García, a quien alude Don Ramiro en su Testamento al decir:

ITEM MANDO, QUE (tú) HAYAS DE SUCEDER EN LA DICHA CASA Y DIVISA, DESPUES QUE LA IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PISCINA FUERE FABRICADA, Y QUE TU SEAS EL SEÑOR Y PATRON, Y DESPUES TUS SUCESORES, POR DERECHO PERPETUO”.

De acuerdo con la voluntad del Testador, si Don García era el designado por su padre para regir los destinos de la Divisa, y supuesto que cuando ésta se inaugura reinaba ya en Navarra, nada se oponía a que ostentara él, y no Don Sancho, la suprema autoridad dentro de la Casa de la Piscina. Muy al contrario, el Rey de Navarra estaba obligado imperiosamente a ejecutar en un todo el deseo de su padre, y desde un punto de vista legal no podía renunciar a unos derechos que debían ser después patrimonio exclusivo de su linaje. Porque la descendencia de Don García el Restaurador no deja de reclamar el honor de figurar en la Divisa, y así veremos que ostentan la condición de Caballeros Diviseros de la Piscina todos los Príncipes de la Casa Real de Pamplona. Si aceptaban y deseaban lo menos, no había razón alguna para rechazar lo más, habida cuenta la superior posición que ocupaban como miembros de una Dinastía reinante. Como ni Don García ni sus hijos disputan a los señores de Peñacerrada la primacía de la Divisa, salta a la vista que una poderosa causa se opone, y ésta no puede ser otra que la propia exigencia institucional del Fundador.

Ignoramos si en un principio se redactarían las Ordenanzas de la Divisa, pues esta precaución había sido adoptada ya por el Infante Don Ramiro en su Testamento, y no hacía falta sino seguir al pie de la letra sus instrucciones, bien detalladas. Hagamos, a este respecto, un análisis del Privilegio, estableciendo una graduación por cláusulas:

PRIMERA: Podía ostentar la condición de Caballero Divisero de la Piscina cualquier descendiente del Infante Don Ramiro, ostentara o no la superior categoría regia, con sólo que guardase la policía y leyes de Caballería, según el uso establecido desde los tiempos del Rey Clodoveo.

SEGUNDA: El Patronato de la Divisa quedaba para siempre adscrito a Don Sancho de Peñacerrada y a sus descendientes por rigurosa agnación masculina.

TERCERA: Se prohibía terminantemente el ingreso en la Divisa de ningún descendiente de judíos, moros, bastardos no legitimados en debida forma por el Rey, espúreos y villanos, pues sólo podían hacerlo los descendientes del linaje y nombre del Fundador, si conservaren su condición de hidalgos.

CUARTA: Los Caballeros Diviseros tendrían derecho a ostentar la Divisa Real, como un símbolo de honor y directa dependencia del Tronco egregio de quien descendían.

QUINTA: La fiesta de la Divisa sería celebrada anualmente el día de la Asunción de la Beatísima Virgen María, o fiesta de la Virgen de Agosto, como vulgarmente se la llama en las Ordenanzas de 1537. Que el señalamiento de este día fuera ya un hecho cierto desde el principio lo ingiere la devoción especial que el Infante Don Ramiro tuvo a esta advocación, ordenando en su testamento una fundación especial para que todos los años se celebrase una misa solemne a su intención.

   Si Don Sancho Ramírez de la Piscina redactó algún Reglamento de la Divisa, lo que no parece probable por el escaso movimiento de Caballeros Diviseros que hubo en su época -los hijos del Rey de Navarra y los suyos-, tendría que ser, en líneas generales, muy semejante al que hemos indicado nosotros, inspirándonos en el Privilegio fundacional.

Las primeras Ordenanzas de que tenemos noticia fueron hechas en 1272, y según nos afirma fray Atanasio de Lobera en su Historia de León, contenían en el proemio la Escritura de la fundación, lo que quiere indicar que se ajustarían punto por punto a las directrices institucionales.

Al morir Don Sancho de Peñacerrada, le sucede en el Patronato de la Divisa su hijo mayor, llamado DON RAMIRO SANCHEZ DE LA PISCINA, que es el segundo Conde-Patrono. Ya es, a la sazón, la Divisa un conjunto distinguido de muy nobles Diviseros, entre los que se cuentan nada menos que los Infantes Reales de Pamplona Don Sancho (VII de su nombre entre los Reyes de Navarra), Don Alonso (enterrado en Nájera), el Conde Don Marcelo de la Piscina, nieto del Restaurador, y su hijo Don Sancho, señor de Garixuri, Don Ramiro Sánchez Ramírez, segundo señor de Arellano, los señores del Campo de Puelles, Don Lope López de Avalos, nieto del Infante Don Lope de Vela, fundador de la Casa de Ayala e hijo del Rey de Aragón Don Sancho Ramírez, Don Simón de Avalos, señor de Artajona ; los hijos del Conde de Peñacerrada, Don García y Don Gómez Ramírez, Don Iñigo y Don Martin de Avalos, señores de Lera, Don Ramiro, Obispo de Pamplona, Don Pedro, Obispo de Pamplona ; en suma, una pléyade numerosa de la más encumbrada y alta nobleza.

De la existencia del hermano del primer señor de Arellano sólo sabemos que tuvo dos hijos: Don García y Don Gómez. A DON GARCIA RAMIREZ lo vemos ya en 1212 en posesión del Señorío de Peñacerrada y, por consecuencia, siendo el tercer Conde-Patrono de la Divisa. Su hermano Don Gómez también figura como personaje destacadísimo, en su condición de Maestre de la Orden de los Templarios.

El tercer Conde-Patrono Don García Ramírez desempeña en las Navas de Tolosa un papel principalísimo, como esforzado Capitán de la vanguardia de las tropas de su primo segundo el Rey Don Sancho el Fuerte. Hay en aquella batalla una nutrida representación de Caballeros Diviseros de la Piscina, entre los que cita Don Narciso Hergueta al Conde Don Marcial Diez de la Piscina, con los hombres de su tierra y parientes, y al Conde Don García de Avalos con su divisa. En realidad, debieron concurrir todos los Caballeros Diviseros aptos para empuñar las armas, comandados por su Patrono Don García, y atendiendo al requerimiento regio de su co-Divisero Don Sancho el Fuerte. El acontecimiento de las Navas marcará huellas indelebles en los fastos de la Divisa, que a partir de entonces incorpora a su heráldica propia las famosas Cadenas que constituyen el blasón del Escudo navarro.

Durante siglo y medio, nada de notable podemos registrar en la historia de la Divisa, si no es la pacífica y normal sucesión de cuatro distintos Condes-Patronos: el Conde DON RAMIRO DE NAVARRA, bisnieto del primer señor de Peñacerrada; el hijo de éste DON HERNANDO RAMIREZ DE LA PISCINA, que hace donación de su granja de Hernamelluri al Monasterio de Santa Maria de Toloño, próximo a Peñacerrada, donde yace en una sepultura con escudo flordelisado, según nos relata el Licenciado Don Diego en su solicitud ; su sucesor, DON SANCHO RAMIREZ DE LA PISCINA, que se mandó enterrar en la tumba de la capilla de San Bartolomé, de la antigua iglesia de Santa María de Urizarra, donde también estaba sepultado el primer señor de Peñacerrada y otros muchos nobles caballeros de su linaje, y, por último, DON RAMIRO GOMEZ DE LA PISCINA, en quien se termina la serie brillantísima de Condes-Patronos.

 En la relación que nos presenta don Narciso Hergueta en su folleto hace a este último Conde, Don Ramiro Gómez de la Piscina, hijo de un Don Sancho Ramírez también, pero persona muy distinta, pues que se trata del quinto señor de Arellano, precisamente, a quien, con olvido de la Cronología, hace hermano del tercer Conde-Patrono Don García Ramírez y del Maestre de los Templarlos Don Gómez. Explicable confusión, debido a que ambos señores, además de tener igual nombre y patronímico, descienden de padres que aumentan más aún la posibilidad de confusión, pues se llaman los dos Ramiro Sánchez. Ahora bien: el que es padre de García Ramírez, es el Ramiro Sánchez primogénito del primer Patrono de la Divisa, y el que cita don Narciso Hergueta es el cuarto señor de Arellano ...

Nos tememos haber conducido al lector al borde del síncope, pues más que explicación le va a resultar lo que anteriormente decimos un verdadero galimatías. Para mayor claridad de lo que afirmamos, que compare, en el árbol genealógico correspondiente a este linaje, las dos descendencias paralelas, pues, de otro modo, todo cuanto le digamos se le antojará odiosamente enrevesado.

No hay error más insidiosamente pérfido que el que se atrinchera en una verdad viciosa, que resulta la más peligrosa cómplice en toda falsedad. En cuantos documentos hemos estudiado para extraer los elementos básicos que nos permitieran una reconstrucción histórica del periodo en que la Divisa Real de la Piscina llega al ápice de su grandeza, percibíamos desde el primer examen que un latido insistente de veracidad les hacia acreedores a la atención respetuosa de la crítica imparcial. Pero al 'auscultarlos' más detenidamente se acusaba en ese latir constante cierta 'arritmia' sospechosa que nos impedía diagnosticar de un modo satisfactorio sobre sus indiscutibles síntomas de certeza latente: Todos dicen la 'verdad' y, sin embargo, todos postulan el 'error' ... Esta conclusión paradójica nos obligó a hacer con todos ellos un detenido análisis de crítica comparada, y observamos muy presto que unos y otros sostenían verdades fragmentarias, que si lográbamos enlazar adecuadamente, tras de su ordenación alcanzaríamos la verdad total que perseguíamos. En cuatro grupos o categorías podemos clasificar la documentación consultada: 1o, la Memoria antigua que se conservó en la capilla de Santa Ana de la iglesia de Peñacerrada hasta 1543 ; 2o, el ya citado 'preámbulo' de las Ordenanzas de la Divisa de 1537 ; 3o, la solicitud-instancia del Licenciado Don Diego Ramírez de la Piscina, y, 4o, la relación de Patronos de la Divisa que nos ofrece don Narciso Hergueta en su folleto sobre la Casa de La Piscina. De don Narciso Hergueta dijimos que la confusión de su lista de Patronos obedecía a que primero seguía la descendencia de los señores de Arellano, la cual abandonaba al llegar al que ocupa el séptimo lugar, pues que a partir de éste todos los personajes que cita son de la rama primogénita del primer señor de Peñacerrada, Don Sancho Ramírez de la Piscina, de cuya descendencia inmediata hablamos al lector en nuestro anterior capítulo. Es evidente que el señor Hergueta sigue los pasos de don Luis Salazar y Castro hasta que llega al cuarto señor de la Casa de Arellano, que cree también primogénita de la de Peñacerrada, pero al referirse a este señor, Don Ramiro Sánchez de Arellano, que fue casado (según afirma la genealogía que incluye Salazar) con Doña Elvira Aznárez, señora de Verdún, conocida por la 'Rica-Hembra', en vez de hacer a este Don Ramiro padre de Don Juan Ramírez de Arellano, 'el Noble', que fue el primer señor de los Cameros, dice que fueron sus hijos (pág. 32 del folleto de Hergueta):

“El primogénito García Ramírez; Gómez, que fue Maestre de los Templarios, y Don Sancho Ramírez de la Piscina y Arellano, hijo segundo de Don Ramiro, fué Conde de Peñacerrada y de Montoria, Señor del castillo de Villamont y la Solana ; vivió en Navarra en el reinado de Doña Juana (Juana I: 1274-1305) y fue su hijo heredero Don Ramiro Gómez de Arellano, Conde y Señor de Montoria y demás Estados de su padre”.

   Diremos a Hergueta:

  1. Que no explica cómo el hijo segundo de Don Ramiro Sánchez, cuarto señor de Arellano, y de la 'Rica-Hembra' aragonesa, pudo heredar el titulo de Conde de Peñacerrada, que no ostentó su padre, ni tampoco poseer el Señorío de la Solana, que había correspondido a Don Juan Ramírez, el primer señor de los Cameros.

  1. Cómo fuera posible que viviendo este Don Sancho durante el reinado de Doña Juana, tuviera un hermano ya en edad de comandar fuerzas en 1212, con ocasión de la gloriosa batalla de las Navas.

            Se infiere que el señor Hergueta hizo una sutura falsa al intentar soldar la línea de los antepasados del último Conde de Peñacerrada, Don Ramiro Gómez de la Piscina, pues su padre Don Sancho no puede ser el. hijo del cuarto señor de Arellano, Don Ramiro, y de Doña Elvira Aznárez, ya que estos señores fueron los progenitores de Don Juan Ramírez de Arellano, el famoso Rico-Hombre navarro. El Don Sancho Ramírez de la Piscina, que llama Hergueta Conde de Peñacerrada, descendía del tronco principal de la Casa de este título, por su padre Don Hernando Ramírez, que fue el quinto Conde–Patrono, y no de la línea de los segundones, los Arellanos.

Mas tampoco el Licenciado Don Diego Ramírez de la Piscina se encuentra al margen de este complicado crucigrama genealógico, ya que por dos veces se desvía al especificar su propia genealogía. Es la primera, al afirmar que desciende del “Infante Don Sancho Remírez de la Piscina, nieto del Cid, que descansa en la tumba de su Capilla de Sancta Anna, Conde que fue de essa Villa y tierra, y del Conde Don Sho Remírez. su hija, y del Conde Don Garcí Remírez. su nieto”. Esta primera desviación podría obedecer a una simple trasposición del copista, que escribió 'Sho. Remírez' por 'Remiro Sánchez'. La segunda equivocación del Licenciado Piscina hay que buscarla en los hijos que señala al sexto Conde-Patrono, nuestro Don Sancho Ramírez de la Piscina, a quien el señor Hergueta adjudica unos padres que nunca fueron suyos. Dice a este respecto don Diego:

“Este (Don Sancho) hizo tres partes del mayorazgo: a Don Pedro Remírez dio el Solar y seis lugares de Vidaurreta en Navarra, y a Don Sho. Remírez de la Piscina dio las tierras de la Solana, ques todo lo que tiene oy el Condestable de Navarra ; y le dió por armas las flores de lis ; y éste fundó la Casa de Arellano, donde nasce el Conde de Aguilar, y a Don Remiro Gómez de la Piscina dexó el Condado de Peñacerrada, con el Patronazgo de la Piscina.”

      Aun dando por cierta la existencia de este Don Sancho, hermano del último Conde de Peñacerrada, no pudo ser el primitivo fundador de la estirpe de los Arellano, pues hay discordancia plena en las épocas. Consideremos que el segundogénito del primer Conde de Peñacerrada, auténtico arranque de este linaje, vivió en la segunda mitad del siglo XII (como nos dice don Luis de Salazar) y estuvo casado con la hija del Conde de Comenge. Si así fue, el que ahora nos cita el Licenciado Ramírez de la Piscina se presenta con un retraso de dos siglos, y cuando ya ha nacido Don Juan Ramírez, el primer señor de los Cameros, que es, nada más y nada menos, que tataranieto de este 'superviviente' fundador de la dinastía de su Casa ... El trópiezo genealógico de Don Diego se concibe por la exuberante floración de tantos Sanchos y de tantos Ramiros, con patronómicos que por esta causa venían a aumentar el conflicto existente. Si el progenitor de los futuros Condes de Aguilar se llamaba Sancho Sánchez (Sancho, hijo de Sancho), y este otro Don Sancho del Licenciado Piscina también reunía las mismas características, el resbalón de don Diego en tema tan intrincado merece algunas atenuantes.

 Réstanos hacer la crítica de la Memoria antigua de la iglesia de Peñacerrada y las Ordenanzas de 1537, documentos que ocupaban el primero y segundo lugar de la serie de cuatro que, en total, proponíamos como fuente de información, pero éstos se contraen con preferencia a historiar una época más reciente de las vicisitudes de la Divisa Real de la Piscina, pues apenas si hay en ambos documentos sistematización genealógica alguna hasta llegar al último Conde de Peñacerrada, Don Ramiro Gómez de la Piscina. De la Memoria en cuestión, ya indicábamos al lector en el capitulo precedente que señalaba la muerte del primer Patrono de la Divisa en una fecha anterior, según toda evidencia, a la en que verdaderamente ocurrió el óbito. Como en uno de sus párrafos alude también al punto espinoso del origen de los Arellano, la hacemos comparecer aquí. Asegura por su parte que:

“Mosén Remiro Sánchez, fijo del dicho Garci Remírez, é fué casado con fija de Mosen Juan de Arellano ; é de aquí tovo principio el linage de los Remírez de Arellano de Navarra é de Castiella”.

   Según este escrito, un hermano del quinto Conde-Patrono, Don Hernando Ramírez de la Piscina, sería la cabeza de aquella ilustrada Casa, contra el criterio sostenido por Sala- zar y otros calificados genealogistas. El error -si es que lo hay- de la Memoria de Peñacerrada es de entidad mínima, pues sólo se desplaza de la realidad en dos generaciones, ya que la opinión de SALAZAR conceptúa al fundador de la familia de los Arellano como tío carnal de García Ramírez en vez de ser su nieto. No pretenda el avisado lector, en vista de las dos fallas puestas de relieve, imputar como apócrifo el contenido todo de la Memoria de Peñacerrada, pues hasta sus errores, si se ahonda con imparcialidad de juicio en lo que sugieren, revelan que son hechos ciertos indebidamente acomodados, defecto común a muchos de nuestros escritos de antaño, donde la negligencia, que no la malicia, introduce estas taras informativas de tono menor. Y para salir de una vez a campo despejado, dejándonos atrás la selvática maraña de hipótesis y contrahipótesis, diremos que en el preámbulo de las Ordenanzas de la Divisa, correspondientes a 1537, se habla con tanta vaguedad del entronque de los Arellano, que ellas son, a este respecto, verdaderamente inocuas.

      Si hemos detenido al lector, acaso con exceso, en la discusión genealógica que se centra en torno de los Condes-Patronos, quizás se deba a que nuestra personal postura estimativa los supone como la vertebral arquitectura histórica del período álgido que alcanzó la Real Divisa, rigurosamente limitado por los guarismos de dos fechas: 1136 y 1367.

   Abarquemos en una sola ojeada el sugestivo panorama que nos ofrece el desarrollo creciente de la Casa-Solar de la Piscina, dentro del marco feudal de la Alta y de la Baja Edad Media. Apoyado su desenvolvimiento inicial en el prestigio y la memoria de un Príncipe de la Casa de Navarra, se convierte más tarde en estuche y relicario de una tradición místico-caballeresca que descansa sobre las bases rígidas y firmes de una común afinidad de origen que asocia en el seno de la Divisa a las más encumbradas familias de la nobleza española. Las mismas Dinastías Reales, que la Historia había de condensar, poco después, en una sola, representativa de la idea monárquica de nuestra Patria, conjugada felizmente con la unidad política de la nación hispana, al advenir los Reyes Católicos, pertenecían, si no de hecho de derecho, a la Real Divisa de la Piscina. Prohombres tan importantes de aquellos tiempos como Don Ruy López de Avalos, Condestable de Castilla, los Marqueses del Vasto y de Pescara, también de la Casa de los Avalos, Don Antonio de Avalos, Arzobispo de Navarra, y otros granes Caballeros y reverendos Prebendados tenían a honor grande figurar entre los Diviseros de la Piscina Probática. Y descollando entre gente tan principal y destacada, la autoridad orientadora de los Condes-Patronos, guiando el porvenir de la Divisa por rumbos cada vez más prósperos. Será al desvincularse el Señorío de Peñacerrada de la Casa de la Piscina, cuando en ésta se iniciará una decadencia brusca y no paulatina, pues que las heridas por las cuales escapa la vida del último Conde de Peñacerrada simbolizan también la muerte de la anterior importancia de la Divisa, cuya suerte futura derivará por cauces de modesto recato y hacia su extinción final.

 A lo largo de toda esta primera fase histórica de la Divisa Real de la Piscina, nos encontramos con una serie ininterrumpida de siete sucesivos Condes-Patronos, que son otros tantos hitos de gloria en los fastos memorables de su primordial situación preeminente:

  1. Don Sancho Ramírez de la Piscina, Infante de Navarra, hermano menor de García el Restaurador, Conde y señor de Peñacerrada, a quien la Divisa debe el aliento inicial de su prosperidad.

  1. Don Ramiro Sánchez Ramírez de la Piscina, cuyo recuerdo se presenta sobremanera recargado de opacidades que impiden establecer otra cosa que su indiscutible identidad histórica. Sucede a su padre en la dirección de la Divisa y en el disfrute de la posesión de Peñacerrada, y le sucede su hijo:

  1. Don García Ramírez, que inaugura con su bravura la primera intervención de la Divisa en las empresas bélicas, al concurrir con varios Diviseros a sus órdenes a las Navas de Tolosa, magna ocasión que le depara añadir al Solar de la Piscina el timbre heráldico de las famosas Cadenas.

  1. Don Ramiro de Navarra, hijo del anterior, y al que la Historia parece dar trato semejante al que otorgara a su abuelo, de quien hereda el nombre. Es su heredero:

  1. Don Hernando Ramírez, que rompe la tradición de ser enterrado en el panteón de Peñacerrada. Parece ser que este Conde-Patrono hace cesión a Santa María de Toloño de una granja (la de Hernamelluri), y es sepultado en dicho Monasterio.

  1. Don Sancho Ramírez de la Piscina, que se mandó sepultar en la capilla de San Bartolomé de la Iglesia de Peñacerrada, y a quien se atribuye un hipotético reparto de sus Estados entre sus tres hijos, y

  1. Don Ramiro Gómez de la Piscina, su hijo y heredero en el Condado y Patronazgo de la Divisa, en quien se termina el número de Condes-Patronos, concluyendo con él la época más relevante de toda la existencia histórica de la Institución de la Piscina.

     Y con esto, querido lector, creemos haber dado cumplida satisfacción a nuestro intento de que penetrases, siquiera sea de puntillas y como a hurto, en un remoto pasado de la Divisa Real de la Piscina, no por poco conocido menos interesante y digno de estudio.  

 

BIBLIOGRAFIA

Alfredo Basanta de la Riva: Nobleza Alavesa.-  

Narciso Hergueta y Martín: Noticias Históricas de la Imagen, Real Divisa e lglesia de Santa Maria de la Piscina.-  

Luis de Salazar y Castro: Historia de la Casa de Lara.-  

Francisco de Berganza: Antigüedades de España

 

FUENTES GENEALOGICAS Y NOBILIARIAS

Archivo de la Real Chancillería de Valladolid: Sentencias ejecutorias de hidalguía   

[ATRAS]