LA PORNOGRAFIA COMO AGENTE MORBÍFICO EN LA ACTUAL SOCIEDAD

José Ma de Puelles y Centeno (14-I-1884)

 

 

Que en los tiempos que alcanzamos se ha desarrollado la propaganda pornográfica y la afición á lecturas lascivas y á grabados obscenos, es una verdad tan palmaria, que no necesita demostración.

            Basta, no descender á las cloacas humanas de la prostitución, ni al reservado gabinete del libertino, ni al espectáculo coreográfico o pantomímico de licencioso teatro, sino pasear por las calles y detenerse en algunos escaparates para mirar y leer los títulos de novelas, folletos y grabados que sólo pueden contemplarse sin sonrojo por impúdica meretriz ó por mancebo corrompido.

            Desde aquellas formas mórbidas y seductoras de la mujer mejor modelada, hasta las más repugnantes manifestaciones del vicio ; desde los secretos misterios de la generación, hasta la repugnante sodomía, todo se retrata, se graba, se refleja, ya por el pincel ó buril del artista, como por la envilecida pluma del escritor. ¿Qué es esto? ¿qué libertad es esta que no tiene limitaciones para el mal? ¿en qué piensa nuestra sociedad? ¿es que los poderes públicos, que no ponen duro correctivo á esa ponzoña social que en el órden moral ha de engendrar monstruos para el presidio y en el orden físico cosquexia para el Hospital?

            Si el sacerdote, desde su sagrado ministerio, debe velar por la moral pública, y el legislador por la conservación y prosperidad de los pueblos, el médico también está obligado á poner de su parte, como ángel tutelar de la salud, cuanto sea posible para que esta no se perjudique y se trastorne en la corrosiva endemia que hoy nos acomete.

            Es innegable que la salud consiste en el contraste y perfecto equilibrio de todas las funciones de nuestro organismo.

Es no menos cierto que cuando uno se ejercita anticipadamente ó con gran insistencia, desaparece el equilibrio y viene ó la impotencia ó la muerte ; así, al jóven muy estudioso, se le disminuye la vista ; el que percibe constantemente ruidos intensos, oye cada vez menos ; el que canta demasiado, enronquece ó enferma de la laringe ; el niño que anda antes de tiempo, cuando no se le ha solidificado lo bastante el esqueleto, es encorvado y raquítico ; el que come demasiado, tiene náuseas, le suceden los vómitos y padece del estómago, etc.

            Pues bien ; si esto sucede en las funciones de nutrición y relación, lo propio acontece en las de reproducción.

            Si es cierto que llega un día en que la naturaleza del hombre, como la de la mujer, pide, como complemento de su existencia, en la plenitud de la vida en que rebosa, por decirlo así, el exceso de la misma, propagar la especie, sin que por ello la organización sufra deterioro, también está probado que el jóven que se anticipa, alucinado ó seducido por agentes excitantes y voluptuosidad prematura, ó cae en la decrepitud antes de tiempo, ó languidece y muere, como flor tronchada por el viento, al vendabal temible de lúbricas pasiones desbordadas.

            Esos libros obscenos, esas novelas cínicas y procaces, en las que, á lo chavacano del estilo, se agregan asuntos de fetidez propia de lupanares ; esos retratos que se colocan tras de cristal de aumento, para que más fuerte y sañosa sea la impresión en el organismo, ¿qué han de hacer un día y otro, que minar la flaca resistencia del adolescente, incitarle al onanismo que tanto aniquila, seducirle poco á poco, y llevarle frenético, delirante, á los brazos de las meretrices, para que más tarde descanse en los de la muerte? Y, ¿cómo los altos representantes de la justicia, los protectores del pueblo, los padres de la patria, toleran y consienten que el germen de la destrucción de propague con rapidez avasalladora?

            Si supieran que existía un parque ó fábrica de máquinas infernales para ser lanzadas contra las instituciones, las familias ó la patria, ¿dejarían en libertad á los enemigos del reposo público por respetar esta profesión ó industria? Y, ¿cómo son tan miopes que no ven que las armas de la pornografía son de más alcance y trascendencia que las de la dinamita? ¿No han aprendido en la Historia que los pueblos que se entregan a la crápula y al libertinaje, se han enervado, y al despertar del letargo de su molicie, han perdido la libertad? Y por el respeto á empresas repugnantes y á comercio ilícito, ¿hemos de envenenar á nuestra sociedad hasta envilecerla y esclavizarla?

            Mediten bien los legisladores sobre este asunto y sepan que, en combatir la inmoralidad, tienen de su parte al médico, que ve en ella comprometida la sa-lud y el desarrollo físico de la adolescencia ; al sacerdote, que por su alto ministerio no debe dar treguas en el combate diario en pró del bien y de la moral pública ; al padre de familia, que teme la perdición de sus hijos ; á la pátria, en fin, que se eleva, dignifica y engrandece con ciudadanos que reúnan á la virilidad de su organización, los arranques generosos y magnánimos de almas sublimadas en las escuelas de la perfección y de la virtud.-

[ATRAS]