CORRESPONDENCIA DEL DR. LASCUTENSE

 

CARTA TERCERA  

Impresión desagradable.- Propósito de ser breve.- Su primera afirmación.- No hay contradicción entre el órden natural y sobrenatural.- Su segunda afirmación es igualmente absurda.- La tercera, absurda y contradictoria.- Por qué no se dan milagros todos los días.

 

Al Sr. D. Antonio Facal y Facal, médico de Coristanco, en la Coruña.

 

            Muy distinguido señor y compañero: ¡Qué diferente impresión me ha producido su carta segunda, á la que le produjo á V. la anterior mía! ...

            Para V. fue de solaz y contento ..., para mí de profunda tristeza, al ver cómo un compañero, uno á quien conceptúo ya como amigo, y como á tal le estimo y considero, en vez de rectificar en su claro entendimiento conceptos erróneos que conducen á lamentables extravíos, se lanza por la resbaladiza pendiente de un racionalismo materialista, con el vértigo propio de los fascinados y seducidos.

            Voy á condensar todo lo que pueda la réplica, por no molestar á los lectores del DIARIO, y entrando de lleno en materia, comienzo á rectificar sus errores ; mas antes, séame permitido el decir que no se crea que pretendo enseñar, porque me reconozco desde luego insuficiente ; las tésis que sustento están basadas en la filosofía ; los argumentos son ajenos, en lo que de perfectos y razonados resulten ; que no he de ser yo quien espigue en el frondoso jardín de las ciencias, ni quien se crea tan hinzado y feliz, como para descubrir verdades metafísicas, no descubiertas por los potentes génios de Aristóteles y Tomás de Aquino, Suárez y Balmes.

            Primera afirmación de V.- No caben juntos los hechos naturales y los milagros ; ó en otros términos, los hechos naturales y los milagros implican contradicción. ¿No es esto, Sr. Facal, lo que usted dice y sostiene? ¿Sí? ...

            Pues yo le digo que no hay tal contradicción y se lo pruebo: las leyes naturales son los decretos de la providencia Divina para el gobierno ordinario del mundo , el milagro es una suspensión de las leyes naturales, por Aquel que es anterior á dichas leyes y superior á las mismas (puesto que es causa primera, y Omnipotencia Infinita), realizada por vía de excepción en casos determinados ; luego entre las leyes naturales y el milagro, no existen repugnancia ni contradicción.

            Las leyes ordinarias de un proceso patológico, por ejemplo, en una palúdica perniciosa, conducen por regla general á una solución funesta y desastrosa ; V. lo conoce y lo sabe ; pero en virtud de su libre albedrío ilustrado por la razón y la ciencia, acudo á otra causa segunda que tiene sus leyes propias ; y enfrente de la evolución morbosa de la malaria, coloca la evolución medicatriz de la quinina ; ¿y qué sucede? Que con esta ley restauradora del elemento ó agente terapéutico contrabalancea, neutraliza la acción destructora, y salva á víctima segura de la implacable muerte. Y esto, que lo hace el médico de la última de las aldeas del mundo, con sus limitaciones, imperfecciones y deficiencias, esto, que lo vemos todos los días, realizado hasta empíricamente, ¿no lo ha de poder hacer, el Médico de los médicos, el Sér por excelencia, perfectísimo, el Soberano de todo cuanto existe, el Rey de universo?

            Segunda afirmación.- Cuando Dios dio leyes al mundo, le dotó de las más perfectas, sin que ahora se arrepienta del hecho y cambie y contradiga lo por El sábiamente establecido.

            A esto le digo: que Dios pudo hacer, y puede hacer un mundo más perfecto , porque de sostener lo que V. dice, resultaría, que no pudiendo hacer ya nada más perfecto, ó lo hecho por El era tan perfecto como El, en cuyo caso teníamos dos Dioses, ó ninguno era Dios, porque donde el uno concluye el otro comienza, lo que implica limitación y por lo tanto imperfección en ambos, ó se agotó su Omnipotencia, lo cual es absurdo, porque en ese caso, no era infinito , no siendo infinito no era perfecto, y en no siendo ni perfecto, ni infinito, ni omnipotente, ni eterno, ni anterior y superior á lo creado, no es Dios.

            Por otra parte, tenga V. en cuenta que no hay contradicción entre la ley general y común y la ley universal y extraordinaria, de sostener ese principio ; no sé cómo compagina V. la misericordia con la justicia ; creerá hallar entre ellas antinomias, que en realidad no existen.

            Tercera afirmación.- Hay tantas necesidades, que si Dios nos quisiera oír y pudiese, tendría que curar á mucho sujetos, etc.

En cuanto á que Dios puede oírnos y de hecho nos oye, ¿quién lo duda? ¿O es que tampoco cree V. en su Omniciencia?

El tener que curar por vía de excepción á tanto desgraciado que, á juicio del Hombre, se lo merece, es asunto complejo y largo de desarrollar ; pero aunque á la lijera, le diré que no ha querido Dios descubrirnos en todas las cosas y casos el fin de sus determinaciones ; en la vida presente no tenemos más que el conocimiento discursivo, y no el intuitivo ; por eso erramos tanto, porque no vemos directamente las esencias de las cosas.

Por otra parte, ese argumento acusador á la Bondad y Omnipotencia Divina parte de un falso concepto del fin del Hombre.

El hombre no ha venido á la tierra teniendo á la misma por propio fin ; la tierra es el medio para su desenvolvimiento y para que en las pruebas y luchas de ella, avalore ese tesoro hermoso, destello y luz de Dios, que se llama el alma.

Así, la desgracia ó mal físico, la muerte de un padre de familia, hasta el mal moral con la perversidad en el corazón y el error en el entendimiento, son deficiencias y privaciones de bienes sensibles que Dios permite, para que los unos ejerciten la caridad, aquellos la paciencia, quiénes la santa pobreza, llave segura, si se aquilata en la resignación, para alcanzar corona de inmortalidad.

Por eso no se repiten los milagros ; por eso no se realizan milagros todos los días, puesto que Dios lo manifiesta cuando en sus altos designios lo estima conveniente, no á su gloria y grandeza, que en ese sentido no los necesita para nada, sino para el bien de su criatura ; para ese hijo predilecto á quien tanto ama, y á quien le tiene reservada la gloria de la eterna dicha.

Voy, contra lo prometido, extendiéndome demasiado, y por lo tanto, daré fin a esta, no sin hacerle una pregunta y darle una contestación.

Pregunta: ¿Dónde, en qué libro de literatura española, ha visto V. á Espronceda calificado de psicólogo ó de filósofo? Porque yo, hasta aquí, lo había tenido por poeta de alto vuelo, en cuanto á la fantasía.

Respuesta: El día del ciclón estaba en Madrid, sin que me enterase del tal desastre hasta el día siguiente.

Como supongo que la pregunta era por saber mi estado, dóile las gracias por su interés, y se lo manifiesto para su tranquilidad.

Soy de V., Sr. Facal, compañero leal, amigo y S.S.Q.B.S.M.

 

EL DR. LASCUTENSE

Madrid, 29 de Mayo de 1886

 

ooooOOOOoooo

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Escolástica, por supuesto. [VOLVER]

La filosofía de la Escolástica, tanto antigua como moderna (Tomás de Aquino, elaboró su sistema básicamente como justificación ideológica de la estructura feudal que tenían tanto la Iglesia como el Estado en su momento, estructura que sigue conservando en nuestros días, al menos sobre el papel ; Francisco Suárez, uno de los compiladores de la Ratio studiorum jesuítica, fue básicamente un pensador de la Contrarreforma ; Jaime Balmes, por su parte, fue un defensor más o menos oculto de la corriente pro-absolutista de la política española representada por el carlismo) siempre apoyó ideas conservadoras ; nada de extrañar, por tanto, que considerase (lo mismo que nuestro autor) a Dios como a un soberano absoluto que –si nos atenemos a Thomas Hobbes, el filósofo absolutista por antonomasia- está por encima de las leyes que promulga y no tiene por qué atenerse a ellas. [Nueva Enciclopedia Larousse] [VOLVER]

Argumento similar –aunque no tan osado- al que empleó en su día el pensador sofista griego Gorgias de Leontium (S. V a.d.C.) para demostrar que no existe nada: “Demuestra de la siguiente manera que nada existe: si algo existiese, sería el ser o el no-ser, o el ser y el no-ser juntos … Y en verdad no existe el no-ser. Pues si existe, será y no será al mismo tiempo, pues en cuanto es pensado no-ser, no será, pero, en cambio, en cuanto no-ser, será. Pero es absolutamente absurdo que una cosa sea y no sea al mismo tiempo ; luego, el no-ser no es. Y, de otra manera, es el no-ser, el ser no será, pues son cosas contrarias entre sí … Y ni tampoco es el ser. Pues si es, o es eterno, o engendrado o engendrado y eterno al mismo tiempo,  pero ... si es eterno … no tiene ningún principio ... No teniendo ningún principio, es infinito, y si es ilimitado no está en ningún lugar. Pues si estuviese en algún lugar aquello en lo cual está es sí mismo. Porque seria la misma cosa el lugar y el contenido, y el ser se convertiría en dos, lugar y cuerpo … lo que es absurdo ... pues si el ser es eterno,  es infinito ; si infinito, no esta en ningún lugar, si en ningún lugar, es que no existe ... pero tampoco puede ser engendrado el ser. Pues si hubiese nacido, habría nacido del ser o del no-ser. Pero no ha nacido del ser ; pues si es no es nacido, sino que ya es ; ni del no-ser, pues el no-ser no puede engendrar, debiendo el generador, necesariamente, participar de la existencia ... análogamente, no puede ser lo uno y lo otro, eterno y engendrado al mismo tiempo, pues estos términos se excluyen recíprocamente ... Y, además, si es, o es uno o múltiple ; pero cualquiera de éstos que sea, no es uno, sino que la cantidad será divisible, lo continuo separable y, de la misma manera, la magnitud no será pensada indivisible ; y el cuerpo será triple, pues tendrá longitud, anchura y altura ... por lo tanto, con estas pruebas, está demostrado que no existe ni el ser ni el no-ser”. [SEXTO EMPIRICO, Adv. Mathem., VII, 65-87] [VOLVER]

Otro razonamiento totalmente falaz: en realidad la justicia y la misericordia guardan poca relación entre sí. Un señor feudal, cabeza visible de una situación social a todas luces injusta (aunque cumpliese a rajatabla todas las leyes del feudalismo), podía en ocasiones mostrarse misericordioso con sus súbditos (Maquiavelo, de hecho, lo recomienda, aunque con moderación), pero eso no cambia en absoluto la injusticia inherente al modo de producción feudal. Del mismo modo, en la Alemania nazi el Gobierno presumía de ser justo, pues llevaba a la práctica todas sus leyes, por disparatadas o crueles que pareciesen, pero no era en absoluto misericordioso con los judíos. Los planteamientos de nuestros autor sólo funcionarían –pensamos- haciendo abstracción del mundo real, o sea, desde la posición ultraconservadora de la Iglesia Católica del siglo XIX. [VOLVER]

Con este argumento se vuelve a abundar en lo que ya hemos descrito en las notas inmediatamente anteriores: si caracterizamos a Dios como al rey de la creación, es decir, como a un señor feudal o un soberano absoluto hobbesiano, se entiende que éste siempre procure saber cosas que sus súbditos ignoran, como medio para mantener su poder, y que haga uso de su famosa ‘misericordia’ en pequeñas dosis, como aconseja Maquiavelo para su ‘príncipe’: “... un príncipe que engaña, siempre encuentra hombres que se dejan engañar a sí mismos”. Por tanto, nada hay de las virtudes específicamente principescas que proponía, entre otros, Cicerón (v.gr., honestidad, liberalidad y misericordia). Según Maquiavelo, la ‘honestidad’ no es aconsejable en absoluto. El ‘príncipe’ tampoco será liberal, pues si lo fuera se encontraría teniendo que “... agobiar excesivamente a su pueblo” para pagar su generosidad, lo que lo haría “... odioso para sus súbditos” a la larga. Lo mismo ocurre con la antes nombrada misericordia: será tenido por más clemente un príncipe que tenga la valentía de empezar por “... unos cuantos ejemplos de crueldad” que el que sólo acuda al castigo después de que “... los crímenes y los saqueos empiecen”. [SKINNER, Quentin, 1984, Maquiavelo, Madrid, Alianza, pp. 60-61] [VOLVER]

O sea, que según esa regla de tres hay que ser unos súbditos fieles y nada conflictivos, que soporten las aparentes (sólo aparentes, claro) injusticias con paciencia y resignación, y a ser posible, pobres. [VOLVER]

Vid. supra. Espronceda sí que era un pensador, aunque no ‘escolástico’, por supuesto. [VOLVER]

[ATRAS]