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CONCLUSIONES
En estas páginas finales intentaremos resumir las conclusiones a
las que hemos ido llegando a lo largo de los diferentes capítulos de
este trabajo. Es interesante hacerlo, porque así se obtiene una visión
de conjunto de todo el material desplegado. No obstante, creemos que en
este caso está recapitulación no es tan imprescindible, dado que ya
hemos ido sacando conclusiones, sobre todo en los últimos capítulos.
Procederemos, sin embargo, a realizar esta síntesis esquemática. El
objeto del trabajo fue el que indicábamos al principio: tratar de hacer
un análisis más o menos objetivo de la verdadera importancia de Manuel
de Falla dentro de la música occidental en general y dentro de la música
española en particular. Para calibrar el valor estético de la obra de
este compositor nos hemos basado en la ‘teoría del reflejo’, tal como
la expone Lukács. Al final de su libro ‘Atlántida: introducción a
Manuel de Falla’, Federico Sopeña se muestra muy optimista respecto
al músico y expresa el deseo de que éste sea estudiado por el crítico
musical europeo más importante, según él: Theodor Wiesengrund Adorno.
Según Sopeña, la obra de Falla se podría considerar como formando parte
de la vanguardia musical de su época. Como es lógico, esto nos llevó
a consultar la obra de Adorno para enterarnos de su postura acerca de la
debatida cuestión de la ‘vanguardia musical’. Entonces llegamos a la
conclusión de que Adorno nunca incluiría allí a nuestro músico. Esto
coincidía por entero con nuestra opinión particular.
Efectivamente, creemos que en nuestro país se ha exagerado el
valor artístico de Manuel de Falla, quizá partiendo del hecho
innegable de que éste ha sido nuestro mejor compositor en este siglo, y
el único que ha gozado de cierto renombre universal. Pero nosotros, por
nuestra parte, creemos que Falla no fue, ni muchísimo menos, el músico
genial que generalmente se supone, ya que una crítica verdaderamente
imparcial, como la de Guido Pannain, Manuel Valls o García
Matos, le encuentra enseguida fallos dentro de sus múltiples aciertos. La
inmensa mayoría de los ensayos de crítica hasta ahora aparecidos sobre
el compositor gaditano sólo tienen, a nuestro parecer, un interés biográfico,
anecdótico, puesto que no profundizan en la obra de Falla en sí, sino
que sólo nos cuentan sus aciertos, que indudablemente los tuvo, pero
pasan de largo, como sin darle importancia, a sus posibles fallos, que
también los hubo, como es natural. Por ejemplo, se insiste generalmente
en que Falla no empleaba en sus obras los cantos populares españoles más
o menos manipulados, sino sólo su espíritu. Esta afirmación, corno dice
García Matos, es del todo errónea, puesto que es muy fácil rastrear en
dichas obras los temas populares utilizados, por muy disfrazados que estén
; Falla no llegó nunca a la etapa de ‘folklore imaginario’ que veíamos
en Bartók.
Así ocurre incluso en 'Atlántida', su obra póstuma. Según Manuel
Valls, Falla utiliza aquí “... de una forma clara y evidente el
giro y la cadencia de la canción catalana para adaptarse al texto de la
inmortal obra de Verdaguer”. Esto se nota sobre todo en las contestaciones
del coro del ‘Aria de Pirene’ y en el ‘Somni d’Isabel’. ‘Atlántida’,
por ende, no significa una evolución dentro de la obra de Falla. Su única
novedad radica en la utilización del coro como elemento fundamental de la
exposición sonora, pero si comparamos su trato del coro con el que de él
hace Strawinsky en la Sinfonía de los Salmos, por ejemplo, veremos cómo
es correcto, pero tímido. En la obra, en efecto, se encuentran muchos
formulismos de factura que producen una “... reposada mansedumbre expresiva en contraste con el agitado mundo
espiritual en cuya circunstancia se generó”.
En efecto, Falla parece haberse apartado totalmente del mundanal
ruido y no haberse enterado ni tomado conciencia de los problemas por los
que España y Europa pasaban en su época. La religión y la música eran
su refugio. Y ahora cabe preguntarse: teniendo en cuenta que el arte es un
reflejo de la vida cotidiana, ¿se puede considerar un buen artista al
hombre al que no le interesan los problemas de su tiempo? ¿Lo es todo la
perfección formal? Naturalmente, podemos contestar a esto diciendo que,
en primer lugar, no se puede ser ‘apolítico’ ; esta palabra
significa, a nuestro entender, conservador. Por lo tanto, podemos
afirmar que Falla no se interesaba por la política porque estaba distraído
por otra cosa: la religión, y la religión, si se toma en serio, lleva
ineluctablemente al conservadurismo. En esto es en lo que nos basamos para
suponer que Falla no pertenecía a
la vanguardia artística de su época. Su música (como toda música)
refleja su interioridad, y ésta estaba guiada por la religión, que ya
hemos demostrado sobradamente que ha dejado de tener sentido desde hace
bastante tiempo. No utilizaba, por tanto, las formas nuevas para expresar
contenidos nuevos, sino que intentaba conformar con ellas algo ya caduco.
Esto fue, tal vez, lo que le hizo elegir el ‘impresionismo’ francés
como técnica de composición de su música nacionalista. Esta técnica
era ideal para ‘evocar ambientes’, para reflejar una España de fantasía,
de ensueño, irreal. Porque, ¿cómo se va a representar artísticamente
a un país sin conocer sus problemas? Todo no estriba en citar los cantos
populares. Como dice Manuel Valls, con Falla terminó el nacionalismo musical español. La siguiente generación, la de la República, cultivó un postnacionalismo amparándose en la obra del compositor del Concerto y del Retablo. Pero esta tendencia acabó, igual que en el caso de los compositores soviéticos (Khachaturian, Amiroff, Kabalevsky, Shostakovich), en un academicismo formulario, “... al aprisionar sistemáticamente la temática popular en esquemas o clichés estereotipados”. Y es que el camino de la estética nacionalista, al menos tal como Falla la consideraba, no tenía salida. A nuestro parecer, no tiene sentido caracterizar a un pueblo a través de su folklore, a no ser que éste sirva, como en el caso de Bartók, para acceder a nuevas formas de expresión. No fue ese el caso de Falla ; en realidad, toda su evolución consistió en ir cambiando de fuentes folklóricas: primero Andalucía, luego Castilla y por fin Cataluña. |