LO TIPICAMENTE ESPAÑOL Y MANUEL DE FALLA

 

La música como reflejo

 

            Hoy día se niega desde muchos puntos de vista el carácter mimético a la música. Aún más: “... la negación de su carácter refigurativo, tomada como cosa obvia, es a menudo uno de los argumentos capitales contra la teoría del reflejo”. Pero, según Lukács, la base teorética de esas argumentaciones (suposición de una contraposición irreductible entre expresión y refiguración) es débil, pues el ‘expresionismo’ aísla las reacciones del sujeto de su concreto mundo circundante y las “... fetichiza en una plena autarquía, deformando y amputando la expresión de las mismas, reduciéndolas a un solipsismo privado que, en vez de rebasar la realidad, se empobrece en comparación con ella”. La teoría de las artes, desde los griegos, ha considerado siempre a la música como reflejo de la vida interior humana. Píndaro presenta la mimesis del dolor como invención divina, mientras que el dolor mismo es cosa humana. Aristóteles, en la ‘Política’, formula este carácter mimético de un modo puramente filosófico, determinando los presupuestos anímicos y las consecuencias morales de un tal reflejo. Hasta un irracionalista como Schopenhauer funda su teoría de la música en su carácter mimético. Hay dos concepciones aparentemente contrapuestas que vinculan a la música directamente con fenómenos de la naturaleza:

a)      Herder: “todo lo que nace en la naturaleza es música”, y el artista no hace más que sacar esa música a la luz.

      No tiene en cuenta, según Lukács, que hay un salto entre la naturaleza y un oído capaz de oír música, el salto constituido por la evolución social sobre la base del trabajo.

b)     Pitagóricos: aproximación a la música desde el punto de vista de su esencia numérica.

        Aristóteles les reprocha que consideren los números como entes independientes de los fenómenos. Hegel aclara las relaciones entre cualidad y cantidad: la ‘medida’, como unidad de ambas, constituye una categoría de la existencia.

            Y, efectivamente, en la teoría musical las relaciones de medida entre los tonos se ordenan sistemáticamente desde diversos puntos de vista, y de aquellas ordenaciones se deducen reglas para la ejecución musical. Todos los innovadores han tenido que aprovechar tales reglas para luego formular lo nuevo de un modo artísticamente adecuado, no con dilettantismo. Todo acto emocional está directamente vinculado al mundo externo que lo desencadena. El ritmo tiene conocidamente un importante papel en el proceso del trabajo, y precisamente por el ritmo tiene lugar el comienzo de la liberación de la interioridad. Según Lukács, estas tendencias experimentan una intensificación cualitativa con la mimesis. Pero la finalidad del ritmo en sus principios no era artística, sino mágica ; la música originalmente es sólo el acompañamiento de otros medios de representación mimética. En el ritmo observamos tres fenómenos, cronológicamente correlativos:

a)      Movimientos rítmicos de los seres vivos

b)     Ritmo que nace del trabajo: en su virtud se organiza conscientemente un proceso espacio-temporal en interés de una finalidad puesta por el hombre (organizacíón) ; nacen los cantos de trabajo.

c)      Carácter propiamente mimético: la danza, como refiguración de las ocupaciones más importantes del hombre primitivo. Muchos de sus movimientos no pertenecen al grupo de las ejecuciones ritmizadas de la vida cotidiana.

            La finalidad de la danza rebasa, por lo tanto, ampliamente la mera ordenación rítmica de movimientos. Nacen entonces la melodía y la armonía como modos miméticos de expresión de las impresiones que acompañan a los acontecimientos. Esta música será capaz de separarse de la danza en la medida en que las piezas para danza se desprendan de las danzas propiamente dichas ; pero, como dice Lukács, “... la música no puede separarse nunca de la danza, incluso cuando ha pasado a convertirse en una nueva diversión”. Pero la danza primitiva era una mimesis de los hechos importantes de la vida, de su conservación y preservación, su defensa contra enemigos, etc. Era un quehacer dramático, aunque mudo ; al mismo tiempo tenía que dar voz evocadora a la carga emocional contenida en todo ello, que no podía satisfacerse en un lenguaje de gestos. La música pasa a ser algo más que un simple acompañamiento ; “... el reflejo de la danza y la mimesis musical se funden en una formación mimética unitaria”. De este modo un medio homogéneo espacio-temporal, el de la danza, queda dominado por otro que es puramente temporal: el de la música.

            Dice Lukács que el materialismo dialéctico ve el reflejo como mera aproximación a un mundo objetivo infinito inagotable, y no como una fotografía. Las doctrinas no dialécticas, en cambio, son incapaces de captar la objetividad de la esencia, su existencia independiente de la conciencia. El problema del ‘parecido’ de la refiguración, en efecto, se agudiza y profundiza dialécticamente: la nueva inmediatez de la obra de arte puede llegar incluso a representar un mundo fantástico que directamente considerado no tenga modelo alguno en la vida. Esto se puede aplicar especialmente a la música. Pero según Lukács, nos acercamos más a su peculiaridad específica si consideramos un segundo prejuicio filosófico: el problema del tiempo. Todo parte de la concepción kantiana del tiempo como forma a priori de la sensibilidad; esto lleva a una contraposición hostil entre espacio y tiempo. Pero Hegel dio fundamentación filosófica al sentimiento vital que ve en todas partes el espacio y el tiempo unidos y ‘poblados’ por la materia en movimiento. De esta consideración de Kant y Hegel resultan dos contrastes respecto al tiempo:

a)      Tiempo objetivo « tiempo subjetivo

b)      Tiempo concreto « tiempo abstracto

            En opinión de Lukács, la subjetivización extrema del tiempo conduce a un solipsismo emocional y a lo que Kant llama ‘música pura’. Lo mismo encontramos en Hanslick (caleidoscopio sonoro) y hasta en Hegel. No obstante, la teoría hegeliana de la copertenencia in- destructible del espacio y tiempo, materia y movimiento en la música nos lleva a la comprensión correcta de su peculiaridad. Los sentimiento, como los demás elementos de la interioridad humana, nacen exclusivamente de la interacción del hombre con su mundo circundante, y constituyen la parte más subjetiva de la psique humana. Pero esta parte es menos amplia que el ámbito de la individualidad, y es de notar la mayor laxitud de su vinculación objetiva en comparación con otras formas de reacción. Se nota, en efecto, en toda actividad psíquica una tendencia a transformarse el En-Sí de las cosas en Para-Nosotros. Es, pues, posible que sentimiento desencadenados por un determinado acontecimiento del mundo exterior se independicen de los efectos de este mundo del sujeto, con lo cual los estímulos externos cobrarán cada vez más el carácter de mera ocasión. De todo eso se desprende, según Lukács, una componente más de la relación dialéctica entre la interioridad y la exterioridad: esa misma interacción puede también inhibir el despliegue vivencial de las impresiones y los sentimientos como tales.

            Muy diferente es la relación de los sentimientos y las impresiones con la realidad objetiva. No tiene, en primer lugar, carácter teleológico ; la vida externa del hombre tiene que someterse a la dinámica y a la lógica de la realidad objetiva. Su dinámica y lógica particular no puede entonces desplegarse más que en casos patológicos. De esta necesidad social y humana de realizar su propia dinámica y lógica surge, según Lukács, la música por medio de una doble mimesis. El camino hacia la objetivación de las emociones humanas se abre a partir de la esencia misma del material vital, pero la plena objetivación sólo se alcanza mediante un salto cualitativo. Efectivamente, la totalidad intensiva, como fundamento de todo arte y de to- da obra individual, se manifiesta siempre de un modo positivo, conformador. Pero no debe olvidarse que la posición de una determinada clase de totalidad intensiva acarrea, inevitablemente, la negación absoluta de una masa ilimitada de determinaciones propias de la realidad refigurada en si (“omnis determinatio est negatio”). Esto, segun Lukacs, “... aclara la notable simultaneidad de suma lejanía vital y suma aproximación vital propia de la música”.

            La música expresa, por tanto, los sentimientos y las emociones de los hombres sin inhibiciones, porque libera la mimesis de la realidad mediante la posición de una nueva mimesis que duplica aquella otra espontánea. Así, las emociones refiguradas pierden toda vinculación con lo externo y se pueden desplegar de acuerdo con su propia lógica y su propia dinámica. Ese desprendimiento de lo externo es tanto selectivo como absoluto, porque la música tiene un lenguaje cuya univocidad, capacidad de reflejar e intensidad expresiva se basan en que los ‘signos’ para reproducir objetos concretos han desaparecido o se han debilitado al máximo. Pero ese lenguaje no es desdibujado, pues la particularidad “... se yergue como generalización manifiesta por encima de todo lo particular y ... tiende a destacar los rasgos típicos de todo fenómeno particular”. En la música ‘lo tipico’ toma forma como tal sin entrar en la esfera de las singularidades o detalles.

            Las demás artes reflejan inmediatamente la concreta objetividad del mundo externo y el mundo interno humano, que luego serán modelados en su afán evocador, orientador ; en cambio, el medio homogéneo de la música se limita a esto último. “Desde luego que vivenciamos frecuentemente el flujo irresistible de auténticas evocaciones, como, por ejemplo, en la obra de Bach o en la de Händel ; pero no pocas veces oímos también roturas, reservas, conflictos, etc. ; en las sonatas de Beethoven, por ejemplo. Y ambas cosas, medidas con los criterios de la vida, son cumplimiento puro”. Lukács, igual que Adorno, reconoce en la música un carácter resueltamente histórico, tanto en su forma como en su contenido. Así dice que hoy conocemos ya sistemas musicales antiguos, orientales, folklóricos, etc., mientras que con la música atonal somos contemporáneos del nacimiento de un sistema nuevo. Pero un sistema no suprime a los demás, sino que las auténticas obras de arte de cada sistema conservan su plena vigencia estética. Adorno amplía esto demostrando cómo la música dodecafónica de Schönberg puede considerarse como superación de la antigua dialéctica entre homofonía y polifonía.

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LUKÁCS, G., 1965, Estética I (3. Categorías prisológicas y filosóficas básicas de lo estético), Barcelona, Grijalbo, pp. 277 ss. [VOLVER]

Toda determinación es una negación. [VOLVER]

ADORNO, Filosofía de la nueva música, op. cit. [VOLVER]

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