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SEÑORES: No ha sido elegido al azar el título de esta conferencia, sino antes bien, meditado muy detenidamente ; pues si es verdad que como dicen nuestros vecinos los franceses: “el hombre no hace la cosa”, no podré hacer una cosa buena de lo que, por ser obra mía, no lo es, aunque el título lo sea. Esta conferencia lleva el título de la obra más notable entre las que escribió mi padre, que se conquisto por sus bondades este cariñoso nombre mi padrastro el doctor Juan Fernández Ballesteros, y a su grata memoria dedico las líneas y conceptos que voy a exponer en ella. De aquí que cuente con vuestra benevolencia, ya que sabreis ser indulgente conmigo, siquiera sea por la intención con que he meditado lo que os voy a decir. Dado el moderno concepto de la materia, las fuerzas de la vida, esto es: las energías que mantienen bajo el aspecto de vida organizada a sus elementos constituyentes, han variado de expresión y su concepción es muy distinta de antes que Thomson (lord Kelvin), Bhon, Sommerfeld y los modernos físicos hablasen de la constitución electrónica de la materia, ideas que han venido a revolucionar por completo y a modificar las que teníamos de la materia y de la fuerza, sin que, a pesar de ello, hayan sufrido la menor alteración las leyes que rigen a la Física y a la Química. Ahora bien ; como no me dirijo a físicos ni a químicos, sino que obedeciendo a la finalidad cultural de nuestro Ateneo Popular, he de suponer que mi auditorio está constituido por individuos que vienen con el afán de aprender, aunque muchos de ellos pueden enseñarme muchísimo más que yo a ellos ; como la actual concepción de la materia, su constitución electrónica, no está aún muy generalizada, creo mi deber exponeros las modernas teorías, para que podamos entendernos, y cumpla su objeto, hasta cierto punto docente, mi conferencia, si bien no pretendo que sea este sitio una cátedra, ni muchísimo menos en constituirme en maestro, yo que soy un perpetuo estudiante y que tengo tanto que aprender. En lenguaje familiar y corriente, con la mayor sencillez que me sea posible, expondré lo que sé de esto y a continuación iremos a estudiar juntos las fuerzas que producen la vida y la sostienen. Sabemos que hasta hace muy poco predominaba en Física y en Química la teoría atómica, por la que se creía que la materia estaba constituida por moléculas y éstas a su vez por átomos, considerando como tales a la parte indivisible, a la más pequeña porción de materia que podía entrar en la composición de un cuerpo o en una combinación química. De aquí su nombre de átomo, que quiere decir indivisible. Largo sería de relatar el como se ha venido de la teoría atómica a la electrónica y nos llevaría muy lejos la exposición del proceso inquisitivo realizado por los sabios. Bástenos saber que ha tenido una influencia muy directa en ello el estudio de las nuevas radiaciones, que comenzando por los rayos X y siguiendo por los rayos de Becquerel, el uranio, el torio, el mesotorio, el actinio y demás cuerpos radiactivos ; que estudiando estas mismas radiaciones y su emisión es como s ha llegado a la moderna teoría. Hermoso poder el de la Ciencia que paulatinamente se va aprovechando de todos los trabajos y estudios del hombre para llegar al conocimiento de los más profundos secretos de la Na-turaleza, que si, avara de ellos, los oculta a la vista de los mortales, la perseverancia y el afán investigador que inspira las obras humanas hace que el velo se descorra y nos muestre, muy poco a poco, pero dejándonoslo ver al fin, esos maravillosos secretos que llevan al pigmeo, al hombre, este microscópico parásito de la tierra, a poseer las leyes soberanas que rigen al Universo y al conocimiento de la Verdad, suprema aspiración de nuestro intelecto. Pero ese átomo indivisible, esa última porción de materia, se ha demostrado que está constituida a su vez por otras partículas aún más pequeñas todavía. Lo notable no es esa nueva subdivisión del átomo, ya que, echando a volar la imaginación y puestos en ese camino de dividir y subdividir podríamos llegar con nuestra fantasía a partículas in-finitas por su número y por su pequeñez. Mas, no es eso. Tal como se concibe actualmente la materia es de la forma siguiente: El átomo está constituido por la reunión de otros elementos más pequeños, llamados electrones, de los que, y aquí entra lo maravilloso y lo valiente de la doctrina, unos son cargas de electricidad positiva y otros cargas de electricidad negativa ; si bien hay quien supone que las capas de electricidad positiva van unidas a partículas materiales, la idea predominante es que no hay tales partículas sino sólo electricidad positiva. Pero lo extraordinario es su agrupamiento, su modo de constituirse para formas el átomo. La carga o cargas de electricidad positiva forman a modo del centro de un sistema planetario, en cuya constitución entra un número variable de electrones positivos y a su alrededor giran incesantemente, en vertiginoso torbellino, electrones negativos, cargas de electricidad negativa, viniendo a ser en pequeño, ultra-microscópicamente, una especie de sistema planetario, con sus astros soles que forman el centro del sistema y otros que giran a su alrededor caminando por órbitas precisas, del mismo modo que en los espacios interplanetarios giran los soles, los planetas y sus satélites constituyendo esa miriada de mundos que contemplamos embelesados en una espléndida noche de verano, admirando las omnipotencia creadora de su Autor. La mente queda absorta al ver reproducido en pequeño lo que nos asombra por lo grande, y nuestra soberbia se humilla ante la grandiosidad de lo creado, que se repite en sus formas más perfectas, dejando librea la fantasía para sospechar si estos mundo cuya inmensidad nos pasma, no son otra cosa que los elementos de constitución de un ser prodigioso, gigantesco, inconmensurable, llevándonos a decir, como en reciente artículo escrito por el doctor Paul Foumouz: “Los sistemas solares, astros, soles, planetas, forman parte de la anatomía de un mismo ser viviente”. “Ese Ser no tiene una circulación sanguínea, sino circulaciones regionales eléctricas constituidas por los sistemas solares, de los cuales cada sol emite ondas eléctricas que forman rutas o trayectos orbitarios en medio de los cuales caminan los planetas. No pudiendo separarse de esas rutas que los cercan, se ven obligados a seguirlas a causa de los fenómenos de atracción y de repulsión a que están sujetos y que dependen de la electricidad del sol y de los otros planetas”. “Además, una circulación eléctrica inter-astral pone a la disposición del Ser gigantesco, en el foco de convergencia de las ondas eléctricas, una potencia de concepción y de compresión de lo que ocurre en él y en torno a él, de que nosotros no podemos tener ni la más pequeña idea”. “Es posible que el Ser gigantesco esté inmóvil y tenga una vida que, según nuestras concepciones humanas, llamaremos únicamente energía ; el gran calor y la gran velocidad de la células (los astros) bastan para producir las condiciones eléctricas necesarias a su vitalidad. Pero es igualmente posible que se movilice en un espacio infinito diferente del espacio que nosotros vemos, constituyendo solamente este último espacio una parte de la anatomía del Ser gigantesco, del cual nuestra tierra es una célula, y del cual nosotros, los hombres, somos los parásitos infinitamente pequeños”. Estas ideas fantásticas que en otros tiempos hubieran sido la mejor recomendación para que a su autor se le abriesen de par en par las puertas del manicomio, no tiene nada de extraordinarias si se recapacita y reflexiona sobre el concepto actual de constitución electrónica de la materia. Apartándonos de esta natural digresión y volviendo a nuestro átomo y modo de estar constituido, ya le vemos como un sistema planetario compuesto por uno o varis so-les electro-positivos que forman el centro del sistema y de uno o varios soles electro-negativos que giran a su alrededor. Las propiedades de los átomos y por consiguiente de los cuerpos formados por ellos dependen del número de electrones electro-positivos y electro-negativos que entra en su composición. Y así vemos que el hidrógeno, el más ligero de los átomos conocidos, está representado como desprovisto de electrones en su masa central, y con un electrón solamente en su anillo u órbita exterior. El átomo de oxígeno tiene dos en el centro y seis en el anillo exterior y, en cambio, el átomo de calcio, más pesado, tiene diez y ocho en su masa central y dos en el anillo exterior. El espacio que existe entre el centro y el anillo u órbita en que giran los electro-negativos es inmenso en relación con el tamaño de los electrones, pudiéndose comparar, como lo hace Gibson, el célebre físico inglés, autor de la notable obra La Ciencia al día, a que si imaginásemos una iglesia de cincuenta metros de largo, veinte y cinco de ancho y quince de alto, el espacio contenido en este edificio representa un átomo de materia. Mirando este edificio tan grande, sería difícil percibir los electrones contenidos en él a causa de su pequeñez. Cada electrón sería como un punto de una composición tipográfica, y, sin embargo, de estos electrones están hechos los átomos, son su materia prima. La sensación de masa, de consistencia, de cosa sólida la da la velocidad de que están animados los electrones en su movimiento, del mismo modo que cuando en el extremo de una cuerda amarramos un cuerpo pesado y la hacemos girar con velocidad, en cualquiera de los puntos que queramos atacarle encontraremos una resistencia igual a lo mismo que si fuera una circunferencia compacta, porque la velocidad del movimiento evita que pueda penetrar en el espacio así comprendido ningún cuerpo que lo intente. Comprendida ya la manera como, según la moderna teoría, está constituido el átomo y, como corolario, el como está constituida la materia, tanto de los seres inorgánicos como la de los orgánicos, que, en último extremo, vemos que se trata sola y exclusivamente de electricidad, llegando a la concepción más espiritual que puede imaginarse, y hasta a la prueba casi evidente de la existencia de la materia única, vamos a ver de donde vino la vida, cuál es su ciclo, donde apareció primeramente, cuales son sus fuerzas constituyentes y hasta si podremos obtener artificialmente la vida en los laboratorios. Pero, veo reflejada una pregunta en el semblante de mi auditorio, que no quiero dejar incontestada. La pregunta es esta: - Vamos a cuentas ; todo eso que nos está Vd. Refiriendo es muy bonito ; pero puede no ser verdad tanta belleza, esto es: puede ser una creación más de una acalorada fantasía. Al menos: ¿se puede saber como se ven los invisibles electrones? A lo que contesto: - No solamente se ven, sino que se cuentan, se pueden medir sus velocidades y sus cargas eléctricas. Los electrones son partículas electrizadas negativamente, lo que se demuestra haciendo una experiencia e la que se vé que los repulsa o repele el cátodo o electrodo negativo. Si colocamos un pequeño recipiente metálico dentro de un tubo en el que se ha hecho el vacío, de modo que entren en él las partículas catódicas o electrones, podremos medir la cantidad de carga proporcionada por una corriente catódica determinada en un tiempo dado. Pero, lo más interesante es el recuento de los invisibles electrones, tarea que parece completamente imposible. Mas, esta imposibilidad aparente se a llevado a cabo. Será interesante empezar con los experimentos de Aitken para contar las partículas invisibles de polvo contenidas en el aire, ya que el método que empleó a este propósito fue un paso hacia el notable hecho posterior de contar los electrones. Aitken indicó que sus experimentos estaban basados en que el vapor de agua se había de condensar sobre las partículas invisibles de polvo de la atmósfera, mientras que no se condensaría en el aire libre de polvo. Filtró cuidadosamente todo el polvo de un cierto volumen de aire, haciéndolo pasar a través de copos de filamentos de cristal. Tomando después un globo de cristal lleno de aire libre de polvo y otro igual llenos de aire ordinario, dejó penetrar en ambos un poco de vapor. Formose enseguida una nube en el recipiente de aire ordinario, pero no en el de aire limpio de polvo. Antes de que se dejara entrar el vapor no se percibía diferencia alguna entre los contenidos de ambos globos: los dos estaban llenos de aire invisible. La diferencia que en realidad existía solo apareció al entrar el vapor en los globos. El vapor de agua se condensó sobre las partículas invisibles de polvo del recipiente que contenía aire ordinario y permaneció en suspensión en forma de nube. En cambio, el otro recipiente, que carecía de partículas que obraran como núcleos, permaneció despejado, condensándose el agua sobre las paredes del globo. Esto es lo que ocurriría ordinariamente a no ser por las diminutas partículas esparcidas en la atmósfera y se humedecerían las paredes de las casas y todos los objetos que estuvieran al aire libre, pero, no llovería nunca. Aitken encontró que, variando la cantidad de las partículas de polvo del aire contenido en los globos de cristal, podría imitar la niebla de Londres, la neblina de Escocia y un chubasco. Cundo había en el aire una cantidad muy grande de partículas de polvo, el vapor de agua, al condensarse, se repartía entre el conjunto de ellas, y como cada partícula llevaba adherida sólo una pequeña parte de vapor, podía seguir flotando en el aire, formándose de este modo una niebla ordinaria. La niebla muy densa abunda más, por tanto, en las grandes ciudades. También se encontró, mediante la experimentación, que una cantidad más pequeña de polvo de aire supone que cada partícula de polvo lleva una carga mayor de vapor de agua, produciéndose así una neblina parecida a la de Escocia. En este caso las partículas de polvo, a pesar d tener una carga mayor, pueden seguir flotando durante un corto tiempo. Experimentos posteriores demostraron que si las partículas eran aún menos numerosas y en cambio era mayor la humedad de la atmósfera, se formaba alrededor de cada partícula de polvo una gota visible de agua, y estas partículas, excesivamente cargadas, caían en forma de chubasco. Aitken tuvo la idea de que, si pudiera contar el número de gotas de lluvia, sabría en consecuencia cuantas partículas de polvo había en el aire. Y lo consiguió haciendo que las diminutas gotas de agua formadas en un centímetro cúbico de aire cayeran en un pequeño espejo plateado. Este estaba dividido en un gran número de partes iguales, y el número de gotas contenidas en uno de estos pequeños cuadros fue contado con la ayuda de una lente de mucho aumento. C.T.A. Wilson encontró experimentalmente que si se ionizaba el aire, completamente limpio de polvo (una descarga eléctrica, el paso de los rayos de Röntgen, o las emanaciones del radium, ionizan el aire. Ionización significa que los átomos positivos y negativos que componen las moléculas de un gas se separan en iones positivos y iones negativos o errantes Hasta un golpe sobre el agua puede determinar que algunas moléculas del aire circundante se dividan en iones positivos y negativos ; estos se han encontrado en el pie de las cascadas. Una lámpara ardiendo y un alambre calentado al rojo producen iones en gran cantidad), decíamos, que: si se ionizaba el aire, completamente limpio de polvo, contenido en un globo de cristal, el vapor de agua se condensaba y formaba una nube. Pero no puede esperarse que lleguen a verse una por una estas gotas de lluvia, como consiguió Aitken, aunque con mucha dificultad, ver las partículas mucho mayores de polvo. En primer lugar veamos como se produce la nube. En algunos de sus experimentos Aitken adoptó el método siguiente para determinar la condensación sobre las partículas de polvo. Conectó una máquina neumática con el globo de cristal donde estaba encerrado el aire con el cual se proponía experimentar, junto con una cierta cantidad de vapor de agua. Una embolada de la máquina absorbió parte del aire e hizo que el aire restante se expansionara de pronto. La expansión del aire hizo bajar su temperatura, lo cual determinó la condensación del vapor de agua sobre las partículas de polvo, formándose así una nube visible. Pues bien, este mismo método se adoptó para contar los electrones. Sometido a la acción de los rayos X un globo de cristal que contenga aire completamente limpio de polvo y algo de vapor de agua, se ionizará el aire, pero no se produce efecto ninguno visible hasta que se absorbe rápidamente parte del aire con una máquina neumática conectada con el globo. Entonces se forma una nube visible … “El experimentador sabía exactamente cuanto vapor de agua se condensaba a cada golpe de la bocaba neumática. Conocía, por consiguiente, el peso total del agua de la nube, de modo que, calculando el peso de cada gota, podía decir cuantas gotas había en la nube, y en consecuencia, cuantos iones tenía un electrón desprendible. Este recuento de electricidad fue un hecho utilísimo, y a partir de aquella fecha, los matemáticos han podido apreciar el tamaño y la masa de un electrón. Habiéndose determinado previamente la relación entre la carga eléctrica de un electrón y su masa, se pudo conocer el valor de esta carga” (Gibson.- ‘La Ciencia al día’ ; págs. 333-336). Maravilloso poder el de la Ciencia y admirable sagacidad de los sabios que han llegado a contar, medir y pesar lo que parece escapar a todo punto de comparación por su infinita pequeñez y, pese a tan insignificante tamaño, del que apenas podemos formarnos idea por muy pequeño que lo supongamos, forma la masa de los cuerpos, la composición de la materia, la estructura de los mundos, que en último término, son electricidad y nada más que electricidad, expresión de la espiritualísima concepción de la materia en contraposición del grosero concepto que informaba nuestros conocimientos antes de la invención de la teoría electrónica. ¡Bendito sea Dios, que hasta en el estudio de la grosera materia nos aproximamos a Él y nos admira con su omnipotencia soberana!
¿De dónde vino la vida? “El hombre de ciencia se propone averiguar como hizo Dios para que la Naturaleza realice sus planes, no pretende arrojar al Creador del Universo” (Gibson). Sirva esto de explicación a los que al oirme hacer la anterior pregunta puedan alarmarse temiendo que vamos a combatir ninguna idea religiosa, todas para nosotros muy respetables. Para muchos, con saber que Dios hizo al hombre y a los demás seres vivos, tienen ya bastante. Para nosotros nó ; necesitamos mucho más, nuestro anhelo de saber no se satisface con tan sencillos argumentos y explicación tan inocente. En términos generales podemos decir, simplificando, que los electrones evolucionaron en átomos, estos de una clase en otras, de átomos simples en moléculas compuestas, y, en último término, de una manera misteriosa y desconocida, en materia viva. Pero, tampoco satisface nuestro deseo natural de averiguar el origen de la vida. Hubo quien pensó que la vida procedía del Sol ; pero, si bien se comprende que el Sol es de todo punto indispensable para el sostenimiento de la vida en nuestro planeta, es una cosa muy distinta y ningún hombre de ciencia sostendría esta teoría actualmente sin que se le considerara como un charlatán. El ciclo de la vida puede observarse en los que curre en un grano de trigo. A partir del grano ya seco, que se siembra enterrándolo en el suelo, vemos como la planta crece y produce nuevas semillas, algunas de las cuales se guardan para sembrarlas al año siguiente y así sucesivamente sin interrumpir este ciclo definido. Se nota aquí lo que podríamos llamar vida inactiva y vida activa. En la inactiva hay algo que la semilla encierra en su seno, algo intangible, invisible, impalpable, inapreciable por los medios de investigación más delicados y preciso y que sin embargo existe, porque transcurrido cierto tiempo, desaparece y el poder germinativo, la facultad de reproducirse y dar nacimiento a otras varias especies, falta llegado un momento y el grano de trigo muere, sin que sepamos, sin que podamos ver, medir, ni apreciar, en qué consiste y de qué naturaleza es ese quid divinum que le dá tan portentosas propiedades. Aún hay más, aún más notable y extraordinario, que se refiere a esos seres que por su pequeñísimo tamaño que solo pueden ser vistos con el auxilio del microscopio, llamamos microbios, relativo a sus semillas o esporos. Estos esporos de que se valen los microbios para reproducirse y multiplicarse, se conducen al igual que los granos de trigo seco, permaneciendo inactivos hasta que se dén las condiciones necesarias para su desarrollo. Pasteur guardó esporos durante treinta años y al cabo de ellos se reprodujeron dando nacimiento a las bacterias de que eran hijos. Hay especie de gusanos que se desecan y conservan durante mucho tiempo, al parecer muertos, y que vuelven a dar señales de gran actividad y de vida cuando se les pone en agua. Pero, en todos los casos, se nota que la vida procede de otra vida anterior y ya demostró Pasteur que la generación espontánea no es posible. Pues si esto es así: ¿de dónde procede la vida de los seres que pueblan la Tierra? ¿Cómo se originó la vida en ella? Lord Kelvin, al que tanto deben las ciencias físico-naturales, decía: “La hipótesis de que la vida apareció en la Tierra por medio de fragmentos enmohecidos de los restos de otro mundo podía parecer visionaria y extravagante. Lo que afirmo es que no deja de ser científica”. Algo que parece destruir la opinión de que la generación espontánea es imposible, como demostró Pasteur, son las experiencias llevadas a cabo por Butler Burke utilizando la acción del radio sobre un caldo de cultivo esterilizado en el que se dijo que se había originado la vida. Pero esos experimentos no son más que un lazo de unión entre la materia viva y la materia no viva, sin destruir, como se dijo, las experiencias demostrativas de Pasteur y por consiguiente, sin demostrar que la generación espontánea sea posible. Lo que parece fuera de toda duda es que la vida se generó en el mar. Los elementos que constituyen el agua del mar y el aire son los mismos que forman nuestros propios cuerpos: los principales son el oxígeno, el nitrógeno, el carbono, el hidrógeno y el sodio. Pero si esto nos dice donde se originó la vida, continuamos ignorando cómo se originó esta. En el primer capítulo de Génesis se lee: “Y dijo Dios: Produzcan las aguas reptil de ánima viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos”. Tenemos que venir a lo más sencillo de la organización viviente para alcanzar algo que nos haga vislumbrar el origen de la vida. Hay seres que están formados por una sola célula, así como el hombre está constituido por millones y millones de estas células vivas. Unas y otras están formadas por una substancia llamada protoplasma, del griego proto, primero, y plasso, moldeo. Esta substancia es completamente amorfa y está compuesta de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno, lo mismo que los principales constituyentes del cuerpo humano. El protoplasma forma las células como los átomos forman las moléculas, habiendo una gran variedad de moléculas y una inmensa variedad de células. Al dominio de la química pertenece en último término el estudio de la materia viva. Los organismos más sencillos, los constituidos por una sola célula reaccionan a las influencias exteriores y manifiestan su vida moviéndose al actuar bajo aquellas influencias. Cuanto le rodea le afecta, las vibraciones aereas y las ondulaciones del eter que los circunda. Lo mismo le ocurre al hombre, pero la aglomeración infinita de células que lo forman hace difícil seguir las huellas de las acciones resultantes. La vida puede considerarse condensada en el protoplasma. Hasta hoy, el hombre no ha podido crear la vida en sus laboratorios, ni aún cuando llegara a formar el protoplasma artificialmente llegaría a crear, porque crear es sacar de la nada y el hombre necesitaría para fabricar ese protoplasma artificial reunir cierta cantidad de átomos elementales, calentarlos, someterlos a complicadas manipulaciones químicas hasta formar moléculas complicadas, pero, esto no significaría nunca haber creado la vida ; si acaso habría descubierto los métodos empleados por el Creador verdadero. El descubrimiento del radium pareció que iba a trasformar muestras ideas y leyes conocidas de la vida. Cuerpo tan extraordinario que emite luz, calor, electricidad, sin que al parecer pierda nada de su masa, era una imagen de la creación continua, de la vida inextinguible. Pero, los pacientes estudios efectuados con el maravilloso cuerpo han venido a demostrar que el radio también se agota y que la emisión de helio, calor, luz, electricidad, no la hace sin perder de su masa y sin que sufra una transformación en su estructura y propiedades. Con el tiempo, el radium que poseemos en la actualidad acabará por desaparecer y ya está demostrado que al cabo de cierto número de años, el radio quedará convertido en plomo, substancia estable, digámoslo así, etapa final del cuerpo en continua transformación. Mutaciones y transformaciones que nos demuestran que el mundo se va descomponiendo poco a poco, porque esa propiedad de emisión que en el radium es tan visible, es muy posible que la posean todos los cuerpos, aunque no podamos percibir sus manifestaciones por ser demasiado pequeñas. La energía interna del átomo procede del calor que precedió a su formación y como este calor va desapareciendo poco a poco, la energía y la vida de los átomos des-aparece también hasta llegar a la completa extinción. Llegamos al final de nuestro trabajo. La vida procede de las combinaciones de los átomos y de la energía que en sí encierran. Estas fuerzas van desapareciendo, extinguiéndose paulatinamente y por lo tanto, la vida va extinguiéndose también, va desapareciendo. La Tierra con todos los seres que la pueblan llegará un día que morirá y en ella acabará toda manifestación de vida, continuando su rodar incesante por los espacios interplanetarios, hasta que llegue el momento de su desintegración y sus elementos componentes vayan a formar parte de la constitución de otros mundos, continuando el ciclo evolutivo de los seres universales y contribuyendo a la armonía perfecta de lo creado, elevando siempre una hermosa plegaria en honor y gloria del Creador infinito, del Supremo Ser al que debemos la existencia y que nos lleva hacia si cuando hayamos llegado al grado de perfección necesario para comprenderlo y formar parte de su asombrosa constitución, organización la más perfecta y cuya concepción escapa a la limitada inteligencia humana. 21-2-1923 |