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ASI SE ESCRIBE LA HISTORIA Semana de
Cine-Cine,
II ('La
Gaceta de Canarias’, 30-V-1993)
Desde los albores del 7o Arte han coexistido dos
concepciones diferentes respecto a la manera de reflejar en la pantalla
los hechos históricos: una de ellas es el cine documental, basado en la
recogida de imágenes directas de los hechos ; la otra, filial del cine de
ficción, intenta reconstruir los acontecimientos históricos con
mayor o menor rigor, utilizándolos como elementos dramáticos según la
particular visión artística del director de turno. El ejemplo
primigenio de este último tipo de films históricos lo constituye
el primer largometraje de Georges Méliés, ‘El proceso Dreifuss’,
rodado en 1899, cuyo clamoroso éxito motivó la ulterior realización de
muchas más reconstrucciones, algunas incluso antes de producirse los
hechos.
El estilo desplegado por Médem en su película recuerda, desde
luego, al de otras realizaciones españolas de ese género. Por ejemplo,
podríamos citar ‘Habla, mudita' (1973), de Manuel Gutiérrez Aragón,
‘Furtivos’ (1975), de José Luis Borau, ‘El bosque animado’
(1987), de José Luis Cuerda, etc., donde se utiliza el paisaje boscoso
como un elemento narrativo de primer orden, casi como si fuese el
verdadero protagonista. Médem, por otro lado, sabe sacar bastante
partido de los actores y de las actrices y utiliza la elipsis con singular
eficacia, consiguiendo de esta manera comunicar al espectador muchas más
cosas que las que realmente se ven en la pantalla. Una interesante película,
en suma, que augura un buen futuro a este joven realizador vasco. En
el programa de la Semana estaba incluido también el segundo ítem de la
filmografía de Médem, que los cinéfilos esperaban con verdadera
curiosidad. No obstante, ineludibles problemas de distribución obligaron
a la empresa a sustituirla por una película que si en realidad no
es propiamente histórica, sí figura con letras de oro en la historia del
cine ; se trata de un auténtico cult movie del cine negro norteamericano, ‘La senda tenebrosa’ (1947), de Delmer Daves, un director más
conocido por sus excelentes westerns, entre los que cabría citar
‘Flecha rota’ (1950), ‘La Ley del Talión’ (1956) o ‘El árbol
del ahorcado’ (1959). La película que aquí se comenta es un curioso
ejemplo dentro de su género, pues Daves parece más interesado en
describir psicológicamente a los personajes secundarios (el taxista, el
médico, el chorizo, etc.) que en los protagonistas o en la historia en sí,
que resulta muy poco creíble. A destacar, sobre todo, la larga secuencia
inicial, rodada íntegramente en cámara subjetiva. También
pertenece al género de cine negro la película ‘Reservoir
Dogs’ (1992), opera prima
del norteamericano Quentin Tarantino, que los aficionados tinerfeños
esperaban
con cierta impaciencia en vista de la fama que la precedía ; y en verdad
no defraudó, pues se trata de una película muy sólida a todos los
niveles. La historia que narra es similar a la de ‘Atraco perfecto’
(1956), primera obra también de Stanley Kubrick: un atraco cuidadosamente
preparado termina trágicamente para todos los implicados en el mismo. De
todas formas, la visión de Tarantino es diametralmente opuesta a la de
Kubrick
en aquella película, ya que en Reservoir
Dogs, a través de una compleja narrativa basada en los flash-backs
(en la cual tal vez pesa demasiado el origen teatral de la historia), se
profundiza más en la psicología de los personajes, en vez de describir
sus problemas personales y familiares, como ocurría en el modelo
clásico. Con ello su director se ciñe más al estilo actual del cine
policíaco, con una utilización mucho más intensa de la violencia,
aunque –hay que decirlo- casi todos los actos sangrientos transcurren
fuera de campo, poniéndose de esta manera en marcha la imaginación del
espectador ; no hay, por tanto, demasiadas concesiones al gore.
El personaje del policía infiltrado en la banda también es más propio
del cine de nuestros días. |