ASI SE ESCRIBE LA HISTORIA 

Semana de Cine-Cine, II

('La Gaceta de Canarias’, 30-V-1993)

 

 

            Desde los albores del 7o Arte han coexistido dos concepciones diferentes respecto a la manera de reflejar en la pantalla los hechos históricos: una de ellas es el cine documental, basado en la recogida de imágenes directas de los hechos ; la otra, filial del cine de ficción, intenta reconstruir los acontecimientos históricos con mayor o menor rigor, utilizándolos como elementos dramáticos según la particular visión artística del director de turno. El ejemplo primigenio de este último tipo de films históricos lo constituye el primer largometraje de Georges Méliés, ‘El proceso Dreifuss’, rodado en 1899, cuyo clamoroso éxito motivó la ulterior realización de muchas más reconstrucciones, algunas incluso antes de producirse los hechos.

            El caso del cine histórico español no ha sido muy distinto: la primera aportación de este género fue ‘Los sitios de Chile’ (1905), de Segundo de Chomón, un colaborador del citado Méliés especializado en efectos especiales, quien más tarde colaboraría en los famosos filmes de contenido histórico ‘Cabiria’ (1914), Giovanni Pastrone, y ‘Napoleón’ (1925), de Abel Gance. También cabría citar en esa época pionera la película de Ricardo de Baños ‘Diego Corrientes’ (1914) y muchas más. De todas formas, hay que advertir que este primitivo cine histórico rodado en España contribuyó más que nada a difundir la típica imagen folclórica y panderetera del país, en vez de fomentar la cultura popular mediante un acercamiento crítico a los hechos del pasado, y así continúa por regla general en nuestros días. En consecuencia, muchos coinciden en afirmar, con el crítico García Escudero, que “la mejor película histórica española es una extranjera, ‘La kermesse heroica’ de Jacques Feyder (1936)”.

            Vacas’ (1991), de Julio Médem, busca ser algo más que una reconstrucción en cartón-piedra de unos hechos más o menos históricos. La saga familiar que desarrolla el argumento de esta película pretende reflejar toda la historia del País Vasco desde las Guerras Carlistas hasta la Guerra Civil a través del enfrentamiento entre dos generaciones de aitzcolaris. Una simple disputa de índole estrictamente deportiva le sirve al director y a su guionista para describir la evolución de los hechos, tanto políticos como culturales, todo ello pasado por el tamiz de las fantasías de un viejo soldado enloquecido, pertinaz pintor de vacas. La trama de este filme tiene por ello cierto parentesco con la de ‘Novecento’ (1976), que narra de una forma parecida 50 años de la historia italiana, o con ‘Los duelistas’ (1977), de Ridley Scott, que retrata las campañas napoleónicas a través de un eterno litigio de honor entre dos oficiales franceses.

            El estilo desplegado por Médem en su película recuerda, desde luego, al de otras realizaciones españolas de ese género. Por ejemplo, podríamos citar ‘Habla, mudita' (1973), de Manuel Gutiérrez Aragón, ‘Furtivos’ (1975), de José Luis Borau, ‘El bosque animado’ (1987), de José Luis Cuerda, etc., donde se utiliza el paisaje boscoso como un elemento narrativo de primer orden, casi como si fuese el verdadero protagonista. Médem, por otro lado, sabe sacar bastante partido de los actores y de las actrices y utiliza la elipsis con singular eficacia, consiguiendo de esta manera comunicar al espectador muchas más cosas que las que realmente se ven en la pantalla. Una interesante película, en suma, que augura un buen futuro a este joven realizador vasco.

En el programa de la Semana estaba incluido también el segundo ítem de la filmografía de Médem, que los cinéfilos esperaban con verdadera curiosidad. No obstante, ineludibles problemas de distribución obligaron a la empresa a sustituirla por una película que si en realidad no es propiamente histórica, sí figura con letras de oro en la historia del cine ; se trata de un auténtico cult movie del cine negro norteamericano, ‘La senda tenebrosa’ (1947), de Delmer Daves, un director más conocido por sus excelentes westerns, entre los que cabría citar ‘Flecha rota’ (1950), ‘La Ley del Talión’ (1956) o ‘El árbol del ahorcado’ (1959). La película que aquí se comenta es un curioso ejemplo dentro de su género, pues Daves parece más interesado en describir psicológicamente a los personajes secundarios (el taxista, el médico, el chorizo, etc.) que en los protagonistas o en la historia en sí, que resulta muy poco creíble. A destacar, sobre todo, la larga secuencia inicial, rodada íntegramente en cámara subjetiva.

También pertenece al género de cine negro la película ‘Reservoir Dogs’ (1992), opera prima del norteamericano Quentin Tarantino, que los aficionados tinerfeños esperaban con cierta impaciencia en vista de la fama que la precedía ; y en verdad no defraudó, pues se trata de una película muy sólida a todos los niveles. La historia que narra es similar a la de ‘Atraco perfecto’ (1956), primera obra también de Stanley Kubrick: un atraco cuidadosamente preparado termina trágicamente para todos los implicados en el mismo. De todas formas, la visión de Tarantino es diametralmente opuesta a la de Kubrick en aquella película, ya que en Reservoir Dogs, a través de una compleja narrativa basada en los flash-backs (en la cual tal vez pesa demasiado el origen teatral de la historia), se profundiza más en la psicología de los personajes, en vez de describir sus problemas personales y familiares, como ocurría en el modelo clásico. Con ello su director se ciñe más al estilo actual del cine policíaco, con una utilización mucho más intensa de la violencia, aunque –hay que decirlo- casi todos los actos sangrientos transcurren fuera de campo, poniéndose de esta manera en marcha la imaginación del espectador ; no hay, por tanto, demasiadas concesiones al gore. El personaje del policía infiltrado en la banda también es más propio del cine de nuestros días.

  El film ‘La linterna roja’ (1991), del realizador chino Yang Ximou, tampoco es propiamente histórico, aunque su acción se sitúa en una época pretérita. Como todas las películas de este realizador hasta el momento (‘Sorgo rojo’, 1987, y ‘Jou Dou’, 1989), ésta narra la horrible situación que tenían las mujeres en la sociedad china tradicional y de qué artimañas se valían para hacer valer al menos parte de sus inalienables derechos. Aquí se describe la situación claustrofóbica que se vivía en los grandes palacios de los personajes nobles, donde las féminas tenían casi el mismo status que los lujosos muebles de aquellas mansiones. La actriz que protagoniza ‘La linterna roja’ es la encantadora Gong Li, igual que en las anteriores producciones de Ximou. Este, que antes de iniciarse como realizador de largometrajes había trabajado como director de fotografía en la interesante ‘Tierra amarilla’ (1984), de Chen Kaige, ha tenido problemas con la censura de su país, donde sus dos primeras obras no se han podido proyectar. La censura se ha levantado por fin, al parecer, para La linterna roja y para su última realización, ‘La vida de Qu Yi’ (1992), aún no estrenada entre nosotros y que tampoco se pudo ver en esta Semana.

  Por no haber podido quien esto escribe ver el film del realizador sueco Bille August ‘Las mejores intenciones’, con guión de Ingmar Bergman y que disfruta, por lo visto, del beneplácito de casi toda la crítica, sólo queda hablar aquí de la última muestra que se ha podido ver de la filmografía de Alain Tanner. Este autor, uno de los principales promotores de lo que en los años 70 dio en llamarse nuevo cine suizo, realizó a partir de 1969 una serie de películas muy interesantes y personales, centradas en el análisis de lo cotidiano en la sociedad contemporánea, con sus secuelas de incomunicación y consumismo. Sus obras más logradas en este sentido han sido ‘Jonás, que tendrá 25 años el año 2000’ (1976) y ‘A años luz’ (1981), continuación de la precedente. A partir de ‘En la ciudad blanca’ (1982) Tanner ha abandonado su vena radical y crítica, dedicándose a rodar films de contenido erótico, como así ocurre en su última realización ‘El diario de lady M.’ (1992), en los que combina el análisis de las relaciones de pareja con el estudio del paisaje, ya sea urbano o rural. En esta nueva faceta de su arte, Tanner no ha dejado de lado en absoluto su proverbial elegancia narrativa ni su dominio de la luz, aunque sus creaciones han perdido, eso sí, algo de interés desde el punto de vista del argumento.

[ATRAS]