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ADOLESCENTES Y CINE
(Preferencias cinematográficas de la juventud) (‘La
Gaceta de Canarias’, 25-VII-1993)
El cine comercial que se realiza actualmente tiende a estar
dirigido a un público cada vez más joven. La razón de este fenómeno es
puramente empresarial: se trata de captar una clientela más amplia de la
que existía hasta hace algunos años, luchando de esta manera contra la
preocupante omnipotencia de la televisión. Este enfrentamiento entre ambos
medios ha tomado formas diversas a lo largo de las tres últimas
décadas. Así, durante los años 50 y 60 se intentó llamar la atención
de los espectadores realizando superproducciones espectaculares en nuevos
formatos –Cinemascope, Todd AO, Sensoround, etc.-, que se esperaba
apartasen de la pequeña pantalla a gran parte de la audiencia. En la
actualidad, por el contrario, se ha cambiado de táctica, y el denodado
interés por alagar a los más jóvenes (en teoría los más adictos al
televisor) empuja a las productoras a elegir argumentos cada vez más
superficiales y efectistas. La industria del ocio ha sabido cómo
instrumentalizar las naturales ansias de rebeldía de los adolescentes y
encaminarlas, mediante una habilísima táctica de marketing,
hacia el consumismo desaforado: modas en el vestir que cambian
continuamente, una música ruidosa, insustancial y pasajera que produce
pingües beneficios a la industria discográfica, etc. Recuérdese a este
respecto el conocido anuncio en el que se compara la ‘locura’ derivada
de beber un determinado refresco con la presunta pérdida de tiempo que
supone estudiar o leer un libro. A esto se une una programación
televisiva decididamente alienante basada en programas-concurso en los
que se potencia la supuesta (y muchas veces real) imbecilidad de la
audiencia, y culebrones tipo ‘Sensación de vivir’ y similares, que
llevan a incentivar aún más el consumismo de los jóvenes. Estos acaban
integrando inconscientemente las actitudes absurdas que ven en la pequeña
pantalla en el afán de independencia con respecto a las personas mayores
que caracteriza a esta etapa del desarrollo del individuo. Siempre
ha habido un cine de masas destinado al público juvenil. Así, durante
los años 30 tuvieron un cierto éxito entre esa audiencia los films
musicales protagonizados por Judy Garland y Mickey Rooney, por ejemplo la
serie de historias de contenido moralizante sobre el juez Hardy y su
familia, y más tarde tuvieron cierto renombre –y no sólo a nivel cinéfilo-
ciertas películas acerca del mundo adolescente y sus problemas, como
‘Llamad a cualquier puerta’ (1948) y ‘Rebelde sin causa’ (1955),
ambas de Nicholas Ray, o ‘Al este del Edén’ (1955), de Elia
Kazan, así como las protagonizadas en su momento por Elvis Presley. Una década
más tarde también se popularizaron bastante –pero no en este país-
ciertas producciones europeas con esa temática realizadas por cineastas
de la talla de François Truffaut, André Cayatte o Louis Malle, entre
otros. Lo que ha cambiado, sobre todo en la última década, son los
gustos del público adolescente, pues ahora, más influido que antes por
la televisión, soporta, como mucho, las comedias superficiales sobre estudiantes, de factura más bien televisiva y donde cualquier
parecido
entre su trama argumental y la vida académica real es pura coincidencia.
También gozan de aceptación las películas de terror del género
gore (‘Viernes 13’, de Sean
S. Cunningham, ‘Pesadilla en Elm Street’, de Wes Craven, y sus
secuelas, etc.), cuyos protagonistas adolescentes son tratados en el guión
con una superficialidad similar a las anteriormente nombradas y
cuya idea argumental no suele ser por lo general más que un pretexto
para mostrar sangre, vísceras y algún que otro desnudo femenino. |