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EL CINE PARA NIÑOS Y
LOS NIÑOS EN EL CINE (‘La
Gaceta de Canarias’, 29-VIII-1993)
También resulta decisiva a este respecto la intencionalidad que
los realizadores de las cintas tengan en relación con las mismas, a
saber, que se las confecciones desde un punto de vista educativo y/o
moralizante o simplemente como un producto de diversión sin más. En
algunos países se ha hecho especial hincapié en la especificidad del
cine
para niños. En este campo destacan los países del Este y Norte europeos
; así, por ejemplo, se puede citar el estudio de Gottwaldow, en la
antigua Checoslovaquia, donde, aparte de rodarse este tipo de filmes, se
celebra un festival especializado, o el Máximo Gorki, de Moscú, entre
otros. En el mundo occidental hay que destacar en este sentido la
meritoria labor de Mary Field, en Inglaterra, quien convenció al
productor Arthur Rank en su momento de la necesidad de realizar filmes
destinados al público menudo.
Los niños han aparecido en las pantallas cinematográficas desde
los primeros balbuceos del cine. La pionera Déjeuner
de bebé (1895), de Louis Lumière, fue seguida, a partir de 1910, por
una serie de cintas protagonizadas por Bebé Abélard (5 años) y Bout de
Zan (4 años), que se podrían considerar como los primeros niños star, precursores de las grandes estrellas infantiles que todos
recuerdan: Jackie Coogan, Mickey Rooney, Shirley Temple, etc. Habrá que
esperar, sin embargo, a la llegada del sonoro para que el cine destinado a
los niños se articule alrededor de temas que le sean totalmente propios,
paralelamente al desarrollo, en Hollywood, del cine como industria, una
estructura compleja que paulatinamente va especializándose y
diferenciando en los distintos géneros. Estos se irán diversificando
también cada vez más en relación con el mundo infantil, definiendo los
temas eternos de este tipo de películas: los relatos de aventuras, la
infancia de cara a la sociedad, el niño en el marco familiar o en el
sistema educativo, el niño y los animales, el niño y la sexualidad, etc.
Las primeras películas para niños propiamente dichas se
desarrollaron, como era previsible, dentro del star-system
norteamericano y no fueron más que una extensión del cine para adultos
con miras a abrir la industria a un nuevo sector de consumidores. De hecho, viendo hoy en día aquellas añejas cintas (la serie sobre del juez
Hardy, donde se reveló el aún activo Mickey Rooney, por ejemplo) se
puede comprobar cómo los niños son tratados en ellas como adultos en
pequeño, y su presencia en los filmes sólo respondía a una intención
ejemplarizadora y moralizante. Todas acusan el inexorable paso del tiempo
; por ejemplo, la edulcorada Shirley Temple, que hizo correr ríos de lágrimas
en su época, ya no es capaz de emocionar a nadie, y sólo cabe evaluar
aquellos caducos filmes desde un punto de vista estrictamente cinematográfico.
Incluso en la actualidad es difícil encontrar una película donde
los personajes infantiles se comporten como verdaderos niños de la vida
real. Ejemplos como La piel dura
(1976), de François Truffaut, Adiós,
muchachos (1987), de Louis Malle, o similares son relativamente
escasos. Lo más normal es que se utilice a los niños como excusa para
desarrollar tramas argumentales que poco suelen tener que ver con su
mundo, como es el caso de los productos de la factoría Spielberg (Encuentros
en la tercera fase, 1977, o E.T.,
1982), por ejemplo), cuya principal intención –valor fílmico de los
mismos aparte- es indudablemente el despliegue de efectos especiales
espectaculares. Y hay casos verdaderamente extremos, como el de Bugsy
Malone, nieto de Al Capone (1976), de Alan Parker, auténtico tour
de force donde un argumento totalmente adulto era interpretado
integralmente por niños ; hasta qué punto esto es legítimo, habría que
discutirlo. Un caso aparte lo constituye John Hughes. Este realizador y sobre todo guionista, tras una etapa (años 70 y 80) dedicado al cine juvenil, ha optado últimamente por cambiar de rumbo, decantándose hacia el mundo de los niños, siempre desde una óptica decididamente comercial. Los guiones de Solo en casa (1990) y Solo en casa 2 (1992), por ejemplo, dirigidas ambas por Chris Columbus, antiguo colaborador de Steven Spielberg, son sintomáticos. En esas películas el niño que las protagonizaba no era otra cosa que un peón al servicio de la trama argumental, y sus reacciones no resultaban muy creíbles desde un punto de vista psicológico. Un caso distinto lo ofrece el último producto de este guionista y productor, Daniel el travieso, recientemente estrenada, inspirada en un conocido comic-strip. Aquí Hughes, eficazmente auxiliado por el director Nick Castle, antiguo realizador de cintas de ciencia-ficción, y por un buen plantel de actores y actrices, refleja más verosímilmente que en anteriores ocasiones el auténtico carácter y mentalidad de un niño de 5 años. |