EL CINE PARA NIÑOS Y LOS NIÑOS EN EL CINE

(‘La Gaceta de Canarias’, 29-VIII-1993)

 

              Hay quien considera al cine para niños, que ha dado lugar a tantos títulos interesantes, como un pariente pobre del cinematógrafo. En realidad, esta modalidad fílmica resulta algo difícil de definir, por cuanto no se puede conceptualizar como un mero género del 7o Arte, ya que coincide con varios de ellos ; más bien habría que tener en cuenta las especiales características del público al que se supone que va destinado, una audiencia cuya mentalidad, por otro lado, va evolucionando con la sociedad. De hecho, el concepto de infancia que tenemos ahora no coincide en todos sus aspectos con el de épocas pretéritas, y también varían ostensible y correlativamente los gustos cinematográficos de los niños. El problema se agudiza en la actualidad debido a la influencia de la televisión: una película, por ejemplo, que hace diez años no se podía proyectar a los menores de 14 años es ahora comprensible por los menores de 12, ya que éstos no soportan el material destinado a niños de entre 6 y 8 años.

              En general se puede dividir el cine para niños en tres grandes apartados: cuentos o clásicos de la literatura para niños llevados a la pantalla y dirigidos principalmente a los más pequeños ; películas cuyos protagonistas son niños, pero con los que cualquier público puede identificarse ; por último, filmes asimismo con niños en los cuales, sin embargo, los problemas que se plantean atañen más a los adultos y a su responsabilidad como educadores. Esta distinción es importante a la hora de hacer un análisis de los respectivos filmes, ya que, como se dijo arriba, el punto de vista que se adopte acerca de la infancia dependerá de la audiencia a la que vaya destinado el producto cinematográfico de que se trate.

            También resulta decisiva a este respecto la intencionalidad que los realizadores de las cintas tengan en relación con las mismas, a saber, que se las confecciones desde un punto de vista educativo y/o moralizante o simplemente como un producto de diversión sin más. En algunos países se ha hecho especial hincapié en la especificidad del cine para niños. En este campo destacan los países del Este y Norte europeos ; así, por ejemplo, se puede citar el estudio de Gottwaldow, en la antigua Checoslovaquia, donde, aparte de rodarse este tipo de filmes, se celebra un festival especializado, o el Máximo Gorki, de Moscú, entre otros. En el mundo occidental hay que destacar en este sentido la meritoria labor de Mary Field, en Inglaterra, quien convenció al productor Arthur Rank en su momento de la necesidad de realizar filmes destinados al público menudo.

            Los niños han aparecido en las pantallas cinematográficas desde los primeros balbuceos del cine. La pionera Déjeuner de bebé (1895), de Louis Lumière, fue seguida, a partir de 1910, por una serie de cintas protagonizadas por Bebé Abélard (5 años) y Bout de Zan (4 años), que se podrían considerar como los primeros niños star, precursores de las grandes estrellas infantiles que todos recuerdan: Jackie Coogan, Mickey Rooney, Shirley Temple, etc. Habrá que esperar, sin embargo, a la llegada del sonoro para que el cine destinado a los niños se articule alrededor de temas que le sean totalmente propios, paralelamente al desarrollo, en Hollywood, del cine como industria, una estructura compleja que paulatinamente va especializándose y diferenciando en los distintos géneros. Estos se irán diversificando también cada vez más en relación con el mundo infantil, definiendo los temas eternos de este tipo de películas: los relatos de aventuras, la infancia de cara a la sociedad, el niño en el marco familiar o en el sistema educativo, el niño y los animales, el niño y la sexualidad, etc.

            Las primeras películas para niños propiamente dichas se desarrollaron, como era previsible, dentro del star-system norteamericano y no fueron más que una extensión del cine para adultos con miras a abrir la industria a un nuevo sector de consumidores. De hecho, viendo hoy en día aquellas añejas cintas (la serie sobre del juez Hardy, donde se reveló el aún activo Mickey Rooney, por ejemplo) se puede comprobar cómo los niños son tratados en ellas como adultos en pequeño, y su presencia en los filmes sólo respondía a una intención ejemplarizadora y moralizante. Todas acusan el inexorable paso del tiempo ; por ejemplo, la edulcorada Shirley Temple, que hizo correr ríos de lágrimas en su época, ya no es capaz de emocionar a nadie, y sólo cabe evaluar aquellos caducos filmes desde un punto de vista estrictamente cinematográfico.

            Incluso en la actualidad es difícil encontrar una película donde los personajes infantiles se comporten como verdaderos niños de la vida real. Ejemplos como La piel dura (1976), de François Truffaut, Adiós, muchachos (1987), de Louis Malle, o similares son relativamente escasos. Lo más normal es que se utilice a los niños como excusa para desarrollar tramas argumentales que poco suelen tener que ver con su mundo, como es el caso de los productos de la factoría Spielberg (Encuentros en la tercera fase, 1977, o E.T., 1982), por ejemplo), cuya principal intención –valor fílmico de los mismos aparte- es indudablemente el despliegue de efectos especiales espectaculares. Y hay casos verdaderamente extremos, como el de Bugsy Malone, nieto de Al Capone (1976), de Alan Parker, auténtico tour de force donde un argumento totalmente adulto era interpretado integralmente por niños ; hasta qué punto esto es legítimo, habría que discutirlo.

            Un caso aparte lo constituye John Hughes. Este realizador y sobre todo guionista, tras una etapa (años 70 y 80) dedicado al cine juvenil, ha optado últimamente por cambiar de rumbo, decantándose hacia el mundo de los niños, siempre desde una óptica decididamente comercial. Los guiones de Solo en casa (1990) y Solo en casa 2 (1992), por ejemplo, dirigidas ambas por Chris Columbus, antiguo colaborador de Steven Spielberg, son sintomáticos. En esas películas el niño que las protagonizaba no era otra cosa que un peón al servicio de la trama argumental, y sus reacciones no resultaban muy creíbles desde un punto de vista psicológico. Un caso distinto lo ofrece el último producto de este guionista y productor, Daniel el travieso, recientemente estrenada, inspirada en un conocido comic-strip. Aquí Hughes, eficazmente auxiliado por el director Nick Castle, antiguo realizador de cintas de ciencia-ficción, y por un buen plantel de actores y actrices, refleja más verosímilmente que en anteriores ocasiones el auténtico carácter y mentalidad de un niño de 5 años.

[ATRAS]