MODA RETRO (‘La Gaceta de Canarias’, 23-II-1990)

 

GRAN BOLA DE FUEGO

 

TITULO ORIGINAL:  Great Balls of Fire

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:   1989 DURACION:  104 min., COLOR

DIRECTOR:  Jim McBride

INTERPRETES:  Dennis Quaid, Winona Ryder, John Doe, Alec Baldwin

 

 

            ¿Nos hallamos acaso ante una nueva moda retro? Resulta curioso que todas las películas nominadas a los Oscars de este año que se han podido ver por estos lares (‘Un lugar en ninguna parte’, de Sidney Lumet, ‘Campo de sueños’, de Phil Alden Robinson, y ‘El club de los poetas muertos’, de Peter Weir) versan directa o indirectamente sobre el período de la historia norteamericana situado en los años 50-60 de este siglo, en relación con el fenómeno social de resonancia mundial conocido como ‘contracultura’. A esta serie se suma igualmente el biopic sobre Jerry Lee Lewis titulado ‘Gran bola de fuego’, de Jim McBride, objeto de esta crítica y candidato nada menos que a ¡6 estatuillas!

            Según la revista ‘Dirigido por ...’, este filme constituye “una certera definición de las raíces de una música blanca construida sobre armazón procedente de la música negra”. Tam- bién se dice que la cinta sobresale de la tónica media. En opinión de este crítico, tales afirmaciones habría que matizarlas. Porque una cosa es hacer un análisis más o menos certero de la música rock en general, y la de Jerry Lee Lewis en particular, a partir de sus componentes (rithm & blues, gospel, country, etc.) –lo que McBride consigue parcialmente, sobre todo en la primera mitad-, y otra muy distinta describir con acierto una vida y una época histórica, donde fracasa estrepitosamente.

            A lo largo del metraje de Gran bola de fuego se insiste reiteradamente en presentarnos a los años 50 como una constante comedia musical barata, lo que hace que todo resulte bastante inverosímil, aunque se trate de hechos reales. No hay nunca un intento serio de describir personajes auténticos ni de relacionar lo que ocurre con su contexto histórico ; sólo hay anécdotas aisladas (como la fugaz referencia a la bomba H), mal hilvanadas entre sí. Por ejemplo, toda la historia del primo predicador de Jerry Lee Lewis resulta ridícula, aunque podía haber sido, convenientemente tratada, la clave psicológica para entender al protagonista. También está sobreactuadísima la actuación de Dennis Quaid, un actor capaz de llevar a cabo actuaciones de gran nivel cuando se le dirige bien, como demostró en ‘Muerto al llegar’, de R. Morton y A. Hankel, y en ‘Mi querido detective’, del propio Jim McBride. Aquí, en cambio, se limita a obsequiarnos con una serie de muecas sin sentido a las que por lo visto nadie se preocupó de poner freno. A saber lo que opinará el propio Jerry Lee Lewis en persona, si es que llega a ver el film.

              En resumen, se podría calificar a esta película como una visión de la época del rock clásico con ojos postmodernos, una especie de monumento a la exageración, a la superficialidad y a la desmesura. Y esto mismo, en realidad, es lo que puede decirse del actual ‘revival’ de la música rock: un montaje artificioso y comercial que convierte lo que antaño constituyó un verdadero revulsivo social en un inocuo artículo de consumo más, convenientemente descafeinado. Al fin y al cabo, es precisamente para eso para lo que sirven las ‘modas retro’.

[ATRAS]