|
PASEANDO A MISS DAISY (‘La
Gaceta de Canarias’, 31-III-1990) TITULO ORIGINAL: Driving Miss Daisy NACIONALIDAD: USA FECHA: 1989 DURACION:
95 min., COLOR DIRECTOR:
Bruce Beresford INTERPRETES:
Jessica Tandy, Morgan Freeman, Dan Aykroyd, Patti Lupone La circunstancia de que una película haya hecho acopio de la mayor parte de las estatuillas en litigio en la última adjudicación de los Oscars reúne el suficiente interés per se como para que se le dediquen unas líneas en esta sección. Entre otras cosas, resultaría interesante averiguar por qué recibió tantos galardones una cinta de las características de ‘Paseando a Miss Daisy’, de Bruce Beresford. ¿Qué pudo, en suma, decidir a un jurado internacional masivamente a favor de un film que –según la modesta opinión de este crítico- ni siquiera merecía haber sido nominado? ¿Por qué se rechazaron otros títulos quizá más merecedores de optar a premio? El guión de Paseando a Miss Daisy es la adaptación de una obra de teatro (cosa que nadie niega) a manos del propio autor de la misma, y esa característica constituye su principal defecto, aunque no el único. Porque, al no tenerse en cuenta la diferencia de ritmos narrativos entre el escenario y el cine, en la pantalla la historia se ve como una sucesión bastante deshilvanada de escenas, todas ellas tratadas con un cierto cariño por el director, pero sin cuidar suficientemente las oportunas transiciones. Eso tiene como resultado un ritmo fílmico excesivamente tedioso y reiterativo basado casi exclusivamente en el diálogo. Y éste no consigue suplir la falta de acción, toda vez que la historia que se nos narra no es especialmente interesante. La película muestra la relación existente durante 25 años entre una anciana señora judía y su chófer negro, también bastante entrado en años. A lo largo del metraje se intenta –eso parece- hacer reflexionar sobre el problema del racismo en el sur de los Estados Unidos en un período histórico coincidente con la predicación y posterior asesinato de Martin Luther King. Eso podría haber sido interesante, pero no lo es ; ¿por qué? Porque la realidad histórica se muestra sólo de forma anecdótica, y a veces únicamente en los diálogos, sin insistir más sobre el particular (“las cosas no han cambiado tanto como dicen”, comenta el chófer, y punto), y todo queda en una interminable sucesión de muestras de lo que la señora llama ‘amistad’, pero que no es otra cosa que el más puro y simple de los servilismos. Y pretenden presentárnoslo poco menos que como el ideal de las relaciones interraciales. ¡Ahí queda eso! Mirada así, Paseando a Miss Daisy carece evidentemente de la mayor parte de los méritos que le han concedido, tanto el jurado de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas como una gran parte de la crítica. Todo queda, en definitiva, en una cinta muy bien fotografiada e interpretada (hay que reconocerlo), pero con una realización bastante anodina por parte de su director, quien se limitó a cumplir traspasando a imágenes un guión de por sí mediocre, lo cual contribuye al general aburrimiento de la audiencia. Mención aparte merece la música, la cual no pasa de lo convencional en estos casos. Tiene momento logrados, como la inclusión de una preciosa aria de ‘Russalka’, de Dvorak, que se alternan con momentos de vulgaridad flagrante, como el machacón leitmotiv de las secuencias de transición. |