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CRIMEN Y FISIOGNOMICA (‘La
Gaceta de Canarias’, 27-V-1990) JOHNNY, EL GUAPO TITULO ORIGINAL:
Johnny Handsome NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1989 DURACION: 93 min., COLOR DIRECTOR: Walter Hill INTERPRETES: Mickey Rourke,
Ellen Barkin, Elisabeth McGovern, Morgan Freeman ¿Cambiarán las inclinaciones de una persona por el solo hecho de variar los rasgos de su rostro? ‘Johnny el guapo’, de Walter Hill, intenta demostrar que la respuesta a esa pregunta es negativa, incluso en el utópico caso de que los cirujanos consigan transformar por arte de birlibirloque las facciones de un monstruo en las de Mickey Rourke, que no es poco. El que es un criminal –se afirma- seguirá siéndolo durante toda su vida, mal que le pese (y ahí vendría la parte polémica de la discusión: que si es él el verdadero culpable, o la estructura injusta de la sociedad, etc., etc.) En el cine de Walter Hill, uno de los directores norteamericanos más interesantes de las últimas décadas, se ha dado siempre la constante argumental de que sus protagonistas se ven obligados a realizar un recorrido iniciático a lo largo del transcurso de la película. Así tenemos el metro de Nueva York en aquella curiosa trasposición del mundo homérico que fue ‘The Warriors’ (1979), el submundo urbano en aquel western musical que fue ‘Calles de fuego’ (1984) o los Everglades de Florida en ‘La presa’ (1981), por citar sólo algunos ejemplos evidentes. En Johnny el Guapo la iniciación tiene lugar en el hospital de la cárcel, donde el protagonista recibe consejos tanto del cirujano que ha transformado su cara como del policía encargado de su custodia. La finalidad de Walter Hill en toda su filmografía hasta el momento parece ser la de justificar y ejemplificar la violencia en todos sus aspectos. Un ejemplo claro sería su realización anterior: ‘Calor rojo’ (1989), sorprendente ‘thriller’ pre-perestroika, e igualmente la cinta objeto de esta crítica. De ahí la acusación de fascista que algunos críticos le aplican. Pero, sea como sea, lo que sí es cierto es que Hill da muestras de un envidiable dominio del lenguaje narrativo y consigue imprimir a sus realizaciones de un ritmo casi perfecto, lo que provoca que el espectador olvide por momentos el presunto trasfondo ideológico de las mismas. En resumen, Johnny el Guapo es una película perfectamente recomendable, sobre todo si se tiene en cuenta el generalmente calamitoso estado del cine policíaco americano en la actualidad. Se le podría achacar, en todo caso, la quizá excesiva linealidad de la historia y la planitud de los personajes, más arquetipos que seres humanos reales. En esta apreciación se incluye, por supuesto, al protagonista. Evidentemente, fue más fácil transformar a un criminal en Mickey Rourke que a este último en un criminal (misterios inefables de la dirección de actores). Los milagros de la ‘fisiognómica’ no llegaban a tanto, por lo visto. |