DISECCION DESMITIFICADORA DE LOS 50

(’La Gaceta de Canarias’, 17-X-1990)

 

CRY BABY, EL LAGRIMA

 

TITULO ORIGINAL:  Cry Baby

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:  1989 DURACION:  83 min., COLOR

DIRECTOR:  John Waters

INTERPRETES:  Johnny Depp, Amy Locane, Susan Tyrrel, Polly Bergen

 

 

            John Waters, de forma similar a Pedro Almodóvar, se complace en resaltar (a veces desmedidamente) los aspectos más kitsch o chabacanos de la sociedad en que vive. Lo que persigue con sus películas viene a ser lo mismo que pretendían los bohemios franceses: épater le burgeois. Y hay que reconocer que en este su loable propósito ha alcanzado con el paso de los años una madurez envidiable (igual que su colega español) ; él y Russ Meyer se han propuesto remover de cuando en cuando la conciencia del sufrido espectador norteamericano con su cine decididamente underground. Desde sus torpes obras primerizas, como ‘Pink Flamingos’ (1972), Waters ha ido poco a poco dominando el lenguaje cinematográfico, y en su última realización, ‘Cry Baby, el lágrima’ ya demuestra una considerable maestría, tanto en el aspecto técnico como en el artístico.

Cry Baby  se propone reflejar, desde la peculiar óptica de su director, una etapa crucial en la historia actual de los Estados Unidos, la segunda mitad de la década de los 50, caracterizada, como es sabido, por la política represiva del senador McCarty, así como también por el nacimiento del rock’n roll. Esta época ya había sido abordada, sobre todo en su aspecto musical, en innumerables films, muchos de ellos rodados contemporáneamente al desarrollo de los propios hechos. Waters tiene perfectamente en cuenta esos precedentes, e incluso se inspira directamente en los más significativos, como ‘Rebelde sin causa’ (1955), de Nicholas Ray, ‘Jailhouse Rock’ (1957), de Richard Thorpe, o ‘King Creole’ (1958), de Michael Curtiz, sin ir más lejos.

También se inspira Waters en películas más actuales del género nostálgico rockero o sobre delincuencia juvenil de los 50, como ‘Rebeldes’ (1982), de Francis Ford Coppola, por ejemplo, pero Cry Bay intenta de algún modo (y en parte lo consigue) trascender a todos esos precedentes. En su evidente interés épatante, Waters prescinde de todos aquellos elementos moralizantes que mermaban la eficacia de tales películas, así como de cualquier concesión a la galería. Su intención, por tanto, es diametralmente opuesta a la de cintas como ‘Gran bola de fuego’ (1989), de Jim McBride, que más que reflejar, idealizaban, falseándola, la realidad de los años 50. El cometido que se propuso Waters con Cry Baby, por lo tanto, estaba erizado de dificultades. Resulta, por ende, sumamente gratificante el poder comprobar cómo este cineasta consigue salir airoso en su empresa. Una película, por tanto, muy recomendable.

[ATRAS]