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CUANDO LLEGO LA REPUBLICA (‘La Gaceta de
Canarias’, 20-XII-1992) BELLE
EPOQUE TITULO
ORIGINAL: Belle Epoque NACIONALIDAD: España-Portugal-Francia FECHA:
1992 DURACION: 106
min., COLOR DIRECTOR:
Fernando Trueba INTERPRETES:
Jorge Sanz, Fernando Fernán Gómez , Ariadna Gil, Penélope Cruz
Esta comedia de Trueba no está precisamente ambientada en el período
histórico a que hace referencia su título. Generalmente se conoce por belle
époque
un espacio de tiempo bastante anterior: el comprendido entre,
aproximadamente, 1870 y 1914, año este último en que dio comienzo la
primera conflagración mundial. Era una época en que todo parecía atado
y bien atado en el escenario político europeo, cuando constituía opinión
general que las guerras habían sido definitivamente desterradas del
continente merced a la presuntamente eficaz política de alianzas –amén
de un sistema de arbitraje internacional- que se había llevado con el fin
de mantener el status quo. La 1a
Guerra Mundial –calificada entonces como guerra
para acabar con todas las guerras- acabaría de una vez por todas con
aquellas vanas ilusiones, como es sabido. ‘Belle
Epoque’, por el contrario, intenta retratar el preciso momento de la
implantación en España de la Segunda República, el año 1931, tras el
derrumbe de la dictadura de Primo de Rivera.
La trama del film se centra en una familia anarquista, con sus
costumbres un tanto licenciosas y anticlericales, y en realidad parece ser
simplemente un divertimento más o menos cómico, donde las referencias
históricas se utilizan sólo como un instrumento al servicio de la
jocosidad de la historia que se narra. No se vislumbra ningún interés por
parte del realizador por profundizar en ninguna de las situaciones
planteadas ; tan sólo el personaje interpretado por Fernando Fernán Gómez
(soberbio, como casi siempre de un tiempo a esta parte) presenta una
entidad humana verosímil. El resto de los protagonistas (vgr., el
desertor y las cuatro hijas) son simples arquetipos sin personalidad
propia, que igual podían haber estado situados en cualquier otro tiempo o
lugar. Los ‘carlistas’ o el cura, por su parte, cumplen únicamente
una función complementaria en el guión, sirviendo como contrapeso ridículo
a la supuesta ‘seriedad’ del grupo principal. Tampoco está convenientemente retratada la ideología anarquista de la familia en cuestión,
cuya única diferencia con respecto al resto de la ciudadanía parece
radicar en una cierta permisividad sexual.
Según las ideas de los clásicos del anarquismo (Bakunin,
Kropotkin, etc.), la libertad no nace del orden, sino que sería la madre
de éste. Semejante ideología estaba, en consecuencia, en contra de la
propiedad privada y del Estado ; los anarquistas individualistas aceptaban la propiedad privada de los medios de
consumo, mientras que el anarquismo comunista
abogaba por una propiedad colectiva de los mismos.. El hecho de que los
partidos de esta ideología se mostraran desde siempre contrarios a todo
tipo de institución de carácter represivo hace que generalmente se
asocie con ellos la teoría del amor
libre, pero esto es sólo un aspecto del anarquismo, y no precisamente el más importante ; en realidad, este extremo no salió
verdaderamente a la luz hasta la llegada del movimiento
‘contracultural’ durante los años 60 de este siglo.
Es precisamente esta vertiente –la libertad sexual y la
emancipación de la mujer- lo peor que está tratado por Trueba en su película,
a pesar de que la misma se configura de entrada como una comedia erótica.
Las cuatro féminas que intervienen en la trama distan bastante de ser
mujeres libres, ni siquiera en el marco de los cánones morales de la época
que se pretende describir. Las actitudes y relaciones machistas, en
efecto, constituyen la regla general en el desarrollo de la historia, y
las mujeres, a pesar de su pretendida liberalidad sexual, no pasan de ser
meros objetos para disfrute de los hombres, como denota su comportamiento
a lo largo de todo el desarrollo de la cinta. Su única posibilidad de
‘liberación’ se encuentra en el matrimonio ; esa es la moraleja con
que se queda el espectador. El personaje de Violeta es el único
componente anómalo del grupo, y no es contemplado precisamente como un
ejemplo a seguir. Lo más interesante de esta película, que pese a todo resulta una comedia agradable de ver, bien realizada e interpretada, es posiblemente el guión de Rafael Azcona, donde se combinan hábilmente escenas ya vistas en obras cinematográficas de contenido erótico ; concretamente se pueden recordar a este respecto como referentes más directos ‘El seductor’ (1970), de Don Siegel, y ‘Las señoritas de Wilko’ (1978), de Andrzej Wajda, entre otras. Casi se podría considerar el guión de Belle Epoque como una refundición de ambas en un solo argumento, aunque, por supuesto, aquellos films tenían una intencionalidad muy distinta. También raya a gran altura la espléndida fotografía de José Luis Alcaine. El director, Fernando Trueba, por su parte, sigue mostrando sus cualidades de buen narrador de historias, cosa que ha venido dejando patente desde su primera realización: ‘Opera prima’ (1980). Su habilidad para sacarle partido a los actores y actrices, sin embargo, ha tenido que ir madurando trabajosamente a lo largo de su filmografía, culminando en esta película y especialmente en su penúltima obra, ‘El sueño del mono loco’ (1990), hasta ahora lo mejor de su carrera fílmica. |