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UN ‘ROBIN HOOD’ CONTRACULTURAL (‘La Gaceta de
Canarias’, 28-II-1993) LOS
FISGONES TITULO
ORIGINAL: Sneakers NACIONALIDAD: USA FECHA:
1992 DURACION: 120
min., COLOR DIRECTOR:
Phil Alden Robinson INTERPRETES:
Robert Redford, Dan Aykroyd, Ben Kingsley, Sidney Poitier Según se puede deducir de los tres ejemplos de la filmografía de Phil Alden Robinson que se han visto por estos lares (v.gr., ‘Ellas los prefieren jóvenes’, 1990, ‘Campo de sueños’, 1991, y la cinta objeto de esta crítica), este director es hoy por hoy uno de los más interesantes del grupo de los que –ya sea por edad, ya por simple convicción ideológica- se remiten nostálgicamente a los años 60 y su archifamoso movimiento contracultural. Se podría, en efecto, citar varios títulos de películas recientes y no tan recientes, especialmente de nacionalidad norteamericana, cuyos realizadores se ajustan más o menos a esa descripción: ‘Tal como éramos'’(1973), de Sidney Pollack, ‘Nacido el 4 de Julio’(1989), de Oliver Stone, ‘Un lugar en ninguna parte '’(1991), de Sidney Lumet, etc.
El movimiento contracultural de los años 60, iniciado primigeniamente
en algunas universidades estadounidenses, y más tarde expandido por
todo el mundo occidental, supuso, como es bien sabido, una revuelta contra
el sistema de valores dominante y un intento de ruptura con la tradición
cultural racionalista. Según el filósofo Herbert Marcuse, principal
teorizador del movimiento, el logro de una sociedad más justa (eliminando
la pobreza, la miseria y el trabajo alienado) había dejado ya por fin,
gracias al progreso tecnológico, de ser una ‘utopía’ y podía pasar
a convertirse en una realidad. Pero, por supuesto, habría que efectuar,
para conseguirlo, algunos cambios en la sociedad.
Así, entre otros grupos más violentos que optaron por un tipo de
actividad más claramente terrorista surgió en 1966 en Nueva York el
colectivo anarco-dadaísta de los ‘Black Mask’, quienes, con sus
extemporáneas e iconoclastas incursiones en festivales, conferencias,
exposiciones, etc., transformaban el tranquilo desarrollo de lo que Mario
Maffei (‘La cultura underground’) denomina certeramente “momificadas
celebraciones del arte institucionalizado, mercantilizado”. En
cierto sentido, el personaje interpretado por Robert Redford en ‘Sneakers’ (un recalcitrante, aunque bienintencionado, reventador
de códigos secretos informáticos, un Robin
Hood de los tiempos modernos) podría estar inspirado libremente en
alguno de los miembros de la citada banda.
¿Qué queda en la actualidad de aquellos estudiantes radicales de
los años 60? ¿Se habrán convertido con el paso de los años en
‘rebeldes sin causa’? Preguntas como éstas son las que se hace
Robinson, coautor del guión de Sneakers,
que, indudablemente, se propone suministrar claves (fílmicas e históricas)
a los espectadores con nostalgia contracultural. Podría incluso afirmarse
que es a ese tipo de audiencia (¿contemporáneos del director?) a quienes
está dirigida la cinta y en quienes causará un mayor impacto ; y hasta
es probable que el público más joven sólo vea en el argumento una
vulgar comedia de espías más o menos emocionante. En ‘Un lugar en ninguna parte’ su realizador, Sidney Lumet, sacaba
conclusiones amargas sobre este particular: que hay personas que, sin
quererlo, se han anclado en un pasado utópico (de ahí el título), y eso
les hace chocar irremisiblemente con la dura realidad del presente. No es
esa la opinión, por lo visto, de Phil Alden Robinson, pues algunos de sus
personajes sí que reaccionan positivamente ante el entorno hostil que
invariablemente les rodea, y a su manera salen victoriosos del intento. El
principal crimen de los malvados (y el siempre maravilloso Ben Kingsley
compone uno de los ‘malos’ jamesbondianos más logrados de la historia
del cine) no radica en su malevolencia, sino en haber permitido que el
sistema los fagocitase, canalizando su rebeldía en el sentido equivocado. La trama de Sneakers recuerda a ratos vagamente a ‘La conversación’ (1974), de Francis Ford Coppola, donde se narraba una caso parecido de espionaje de alta tecnología, aunque con un fondo de cine negro que la película de Robinson no comparte. En ésta el argumento está estructurado mayormente como una comedia, y parece que al director le han interesado más las situaciones que los personajes ; no en vano los protagonistas (tanto los ‘buenos’ como los ‘malos’) son unos outsiders, una especie de diplodocus llegados milagrosamente incólumes de otra época menos materialista, que destacan en un mundo supuestamente conformista al que se pretende de alguna manera satirizar. Y el efecto propuesto podría decirse que está bastante conseguido a todos los niveles: tanto técnico como artístico. Igual que en anteriores realizaciones de este director, el trabajo de los actores es excelente, sobresaliendo los citados Robert Redford y Ben Kingsley, con una encantadora Diana Riggs, que debería prodigarse más por las pantallas de lo que habitualmente suele hacerlo. Phil Alden Robinson, el director, por su parte, se está convirtiendo paulatinamente (¡ojalá no cambie para peor, como le ha sucedido a muchos!) en uno de los realizadores comerciales más interesantes del actual cine de su país. |