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LO QUE EL VIENTO NO SE LLEVO (‘La Gaceta de
Canarias, 7-III-1993) REGRESO
A HOWARD'S END TITULO
ORIGINAL: Howard's End NACIONALIDAD: GB FECHA:
1991 DURACION: 135
min., COLOR DIRECTOR:
James Ivory INTERPRETES:
Anthony Hopkins, Vanessa Redgrave, Helena Bonham Carter, Emma
Thompson
¿Qué es lo que hace que el inexorable paso del tiempo respete a
films como el ya clásico firmado por Victor Fleming, convirtiéndolos en
objeto de culto tanto por parte del público como de la crítica? ¿Es el
trabajo de los actores y las actrices? ¿Es la ambientación? ¿Es la
historia? Son preguntas difíciles de contestar, especialmente para ‘Lo
que el viento se llevó’ (1939). Según algunos, más que en la
espectacularidad o en el interés de la historia (un típico
‘melodrama’ como tantos otros situado en el contexto de la Guerra de
Secesión Americana), el irrepetible éxito de esa película se basa más
que nada “en el violento choque de caracteres”. Otros, en
cambio, cifran este más bien inexplicable fenómeno en la temática: el
desarrollo argumental evoca con singular ambigüedad temas siempre
actuales, como la emancipación femenina o los desastres de la guerra. Sea como sea, el caso es que los responsables de esa película, y sobre
todo el productor David O’Szelnick (ya que ningún otro puede con mayor
derecho arrogarse la autoría: por el accidentado rodaje pasaron, como
es bien sabido, nada menos que 5 directores, 3 operadores y un número
indeterminado de guionistas), demuestran en la misma una convicción que
subyuga a cualquier tipo de audiencias. Es ese entusiasmo el que
consigue de actores y actrices que conviertan en entrañables a unos
personajes que sobre el papel no daban mucho de sí, y que de todo el
conjunto se desprenda un indudable aire de autenticidad que resiste el
paso de los lustros. Una autenticidad, en suma, que por cierto, no asoma
por ninguna parte en el film objeto de esta crítica. El director de ‘Regreso a
Howard’s End’, James Ivory, se ha especializado últimamente (a
partir de 1979, fecha de realización de ‘Los europeos’, según Henry
James), como es notorio, en la adaptación de textos literarios referentes
al período del último cambio de siglo, es decir, a la
época inmediatamente anterior a la 1a Guerra Mundial, retratando las costumbres y modos de una burguesía
(tanto europea como norteamericana) en franca decadencia ideológica y
moral. Cineasta formado en la India a la sombra del gran realizador
Styajit Ray, este director de nacionalidad norteamericana (y no británico,
como afirman algunos comentaristas) siempre ha estado bastante ligado a
ese país asiático, no sólo a través de las películas de su etapa hindú,
de la que tal vez sea el ejemplo más interesante ‘Shakespeare Wallah’
(1965), sino en filmes más recientes, como ‘Oriente y Occidente’
(1982), ya de producción yanqui. La película, sin embargo, que dio a
conocer a Ivory en los círculos cinéfilos occidentales fue ‘Fiesta
salvaje’ (1975), basada libremente en la biografía del actor del cine
mudo Fatty Arbuckle, a la que siguieron más adelante, entre otras realizaciones, ‘Roseland’ (1977) y ‘Quartet’ (1981).
Ivory, quien siempre trabaja a partir de guiones de la germano-hindú
Ruth Parawer Jhbavala, es considerado por algunos críticos como un
exquisito e impecable adaptador de textos literarios, mientras que para
otros comentaristas no merece en absoluto tales elogios. Carlos Aguilar,
por ejemplo, se refiere al film ‘Las bostonianas’ (1984), basado en
Henry James, diciendo que “en ningún momento consigue captar el
sentido del texto”, y algo parecido ocurre con ‘Maurice’
(1987), que, a su juicio, “difícilmente conseguirá el beneplácito de
cualquier espectador ajeno al cerrado círculo de los admiradores de ‘Una
habitación con vistas”. Esta última película,
realizada en 1985, parece ser la más conseguida de las obras de este
director en su última etapa.
Al igual que sus dos predecesoras, Regreso
a Howard’s End se basa en un relato original del literato londinense
E.M. Forster ; en este caso se trata de ‘Howard’s End’, publicado en
1910. Forster es famoso especialmente por ser autor del libro que dio
origen a otra película: concretamente la excelente ‘Un pasaje a la
India’ (1984), canto de cisne del realizador David Lean. Según Rose Macaulay, su biógrafa, las obras de este escritor “proyectan una
exquisita y animada multitud de seres –ancianas encantadoras, hombres
pedantes, atormentados o alegremente bárbaros, mujeres jóvenes
conspicuas o convencionales, bellamente situadas en su correspondiente
entorno social, y todo ellos desplegado en el agudo mundo de la civilizada
ironía de su autor”. Este talante satírico de Forster es la característica en que más
insisten sus críticos, quienes suelen ensalzar tanto sus novelas como su
obra ensayística por su perspicacia y mordacidad. Los argumentos
forsterianos no suelen ser precisamente profundos (tómese como ejemplo el
de Regreso a Howard’s End: los
avatares y malentendidos de dos familias ricas y una pobre en torno a los
convencionalismos sociales, con el fondo de una vieja casa de campo) ; su
encanto, sin embargo, radica en el peculiar estilo narrativo de Forster,
que los dota de un fino sentido del humor. La versión fílmica de James
Ivory, no obstante, debido quizás al excesivo academicismo de su
director, ya advertido en anteriores realizaciones suyas, y a su evidente
desinterés por la historia que está contando, resulta de todo menos
divertida: se nos muestran una serie de acontecimientos sin el más mínimo
interés y de una forma más bien deshilvanada ; el resultado son casi
tres horas de culebrón nonacentista y muy poco cine (algunas secuencias incluso,
como la de la aparición de los esposos Bast en la fiesta, están bastante
mal narradas desde el punto de vista del lenguaje cinematográfico). Las bazas con que juega Ivory en sus adaptaciones literarias son el ‘casting’ (suele elegir bastante bien a los actores y a las actrices) y la dirección artística, y esta película no constituye una excepción: los ambientes están recreados y fotografiados a la perfección, y el elenco cumple honrosamente con su cometido, aunque sin sobrepasarse. No se puede en realidad decir que nadie del extenso reparto de Regreso a Howard’s End sobresalga sobre los demás ; Anthony Hopkins, por ejemplo, hace lo que casi siempre -excepto en ‘El silencio de los corderos’ (1991), de Jonathan Demme, por supuesto-: se representa perfectamente a sí mismo. Su comedida actuación jamás logra convencer a la audiencia de que ese señor que discurre constantemente por la pantalla sea un personaje de carne y hueso, y algo parecido sucede con el resto del elenco. Resumiendo, es muy posible que, según van los pronósticos, Regreso a Howard’s End, la gran favorita de la próxima entrega de los Oscars, consiga gran parte de las nueve estatuillas para las que ha sido nominada. Sin embargo, esta circunstancia, caso de producirse, no cambiará ni un ápice la opinión de este crítico de que se trata de uno de los productos más flojos de su autor, donde se dejan notar, más que sus aciertos, sus debilidades: academicismo formal y falta de compromiso del autor con su creación (de ahí la comparación con ‘Lo que el viento se llevó' al principio de este artículo). |