QUERER Y NO PODER 2 (‘La Gaceta de Canarias’, 21-III-1993)

 

EN NOMBRE DE CAIN

 

TITULO ORIGINAL:  Raising Cain

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:  1992 DURACION:  87 min., COLOR

DIRECTOR:  Brian De Palma

INTERPRETES:  John Lithgow, Lolita Davidovich, Steven Bauer, Gregg Henry

 

 

            El caso del realizador estadounidense Brian De Palma es de los más curioso: se le podría categorizar como un típico ejemplo de que las promesas no siempre llegan a cumplirse. Así, este director, aclamado durante los años 70 como “el más original autor de cine fantástico de última hora”, o también como “el Hitchcock de los pobres” (pues sus películas de la época solían ser de bajo presupuesto, de ‘serie B’), no ha demostrado con el paso de lo años otra cosa que una gran efectividad técnica y muy poca inspiración artística. La prueba fehaciente es la última muestra de su obra arribada a nuestras pantallas: un decepcionante producto titulado ‘En nombre de Caín’.

            Relacionado durante los años 60 con grupos ‘underground’ de cine y también de teatro, De Palma creó hacia el final de esa década la compañía experimental The Performance Group, en colaboración con William Finley, quien también participó en el rodaje de su primer largometraje: ‘The Wedding Party’ (1964-67). A este primer intento le siguieron algunas películas más en la misma línea (entre otras ‘Greetings’, 1968, y ‘Hi Mom’, 1970, emitida recientemente por TVE), films independientes en los cuales se notaba la influencia de Jim McBride y de Jean-Luc Godard. Esta etapa investigadora del lenguaje fílmico le duró poco al realizador, pues ya a partir de ‘Hermanas’ (1973), la primera de sus creaciones en ser distribuida por los canales comerciales, se empiezan a notar los primeros síntomas de un decidido viraje hacia las convenciones del cine de Hollywood. Para algunos, esa fue la primera señal del declive de este realizador.

            Sin embargo, De Palma, aunque ya tendiendo cada vez más hacia el terror efectista y las historias sin sustancia (para el crítico Ephraim Katz, por ejemplo, este director aún no ha encontrado la horma de su zapato, un guión que responda a su sorprendente talento visual), no dejó de dar alguna que otra grata sorpresa a lo largo de los años 70 y 80. Su filme más redondo de este período es, sin lugar a dudas, ‘El fantasma del Paraíso’ (1974), adaptación de ‘El fantasma de la Opera', la famosa novela de Gaston Lerroux, un asunto tratado ya previamente por diversos di- rectores de cine, concretamente por Rupert Julian (1925), Arthur Lubin (1943) y Terence Fisher (1962). En esa película, donde el viejo argumento es convenientemente remozado para ser situado en nuestros días, continúa De Palma con la línea iniciada por Fisher de considerar al fantasma como la mala conciencia de la sociedad. El realizador logra, al decir de los críticos, “una de las más complejas obras de la fantasía cinematográfica” al mezclar en forma sorprendente diversos arquetipos fantásticos de todos los tiempo e incrustarlos en un fenómeno tan de actualidad como la música rock, en una apasionante reflexión acerca de la creación musical, la alucinación colectiva y la comunicación concebida como mística.

            Su siguiente film, ‘Fascinación’ (1976), aborda un tema psicoanalítico muy caro al ‘mago del suspense’: la recuperación obsesiva de un pasado racionalmente irrecuperable. El siguiente producto de la filmografía de De Palma, ‘Carrie’ (1976), considerado por algunos como uno de los títulos clave dentro del cine fantástico de los 70, refleja ya sin embargo los principales defectos de su realizador, que diferencian claramente su estilo del de su presunto ‘maestro’, Alfred Hitchcock: la tendencia a lo truculento y el excesivo alargamiento de las secuencias. De la obra posterior de este director, bastante desigual, sobre todo la realizada durante los años 80, sólo merecen salvarse algunos títulos que recuerdan vagamente a aquel interesante realizador de la década anterior, que prometía mucho más de lo que luego fue capaz de ofrecer a su audiencia.

Con el transcurso de los años, De Palma se ha ido adscribiendo, camaleónicamente, a distintas escuelas y estilos narrativos: Hitchcock, Leone, Carpenter, etc. ; junto a productos dignos, como, por ejemplo, ‘Vestida para matar’ (1980), se encuentran bodrios efectistas e insufribles como ‘Scarface’ (1988), una especialmente desafortunada actualización de una antigua obra maestra de Howard Hawks (1932) o ‘Los Intocables de Elliot Ness’ (1989), el horrible revival de una añeja serie televisiva, por no hablar de ‘La hoguera de las vanidades’ (1990), la pretenciosa transposición de la novela homónima de Tom Wolfe. ‘Corazones de acero’ (1991), por fin, su realización anterior a la película objeto de esta crítica, se aparta de la línea habitual de este director y constituye una interesante, aunque parcialmente fallida, mezcla de los géneros bélico, de denuncia y de ‘suspense’.

            Con ‘En nombre de Caín’ De Palma vuelve a su temática favorita: el psicoanálisis al modo hitchcockiano. Se trata de una historia acerca de un caso de esquizofrenia, de múltiple personalidad, un asunto que ya había sido desarrollado (aunque no en clave de suspense) por Nunnally Johnson en 1957, en el film ‘Las tres caras de Eva’. En esta ocasión, el realizador parte de un guión propio, lo cual agrava el asunto: no es una película de encargo, sino una supuesta obra de creación. Este guión resulta ser especialmente torpe, hasta el punto de que no se entendería nada de la intrincada trama de la película si los personajes no lo explicasen de viva voz de cuando en cuando. Y eso es preocupante en un realizador al que los expertos suponían dotado, como se apunta más arriba, de “una desbordante fantasía visual”. Y una vez el espectador conoce la clave del misterio, pierde automáticamente el interés por lo que le están contando ; deja de sorprenderse con lo que acontece en la pantalla, y eso es precisamente lo que no debería de ocurrir con una película que pretende ser de suspense. Lo único que, en opinión de este crítico, se puede salvar de esta patética cinta es el trabajo del elenco de actores y actrices, que hacen, eso sí, lo imposible por transformar en verosímil un argumento que no se aguanta ni con alfileres. Los antecedentes teatrales de Brian De Palma se hacen evidentes en este aspecto de su realización, que, por otro lado, no ofrece el más mínimo interés desde el punto de vista cinematográfico, como no sea, en todo caso, el hecho de ser involuntarios testigos del triste declive de un cineasta antaño prometedor.

[ATRAS]