UNA LECCION DE ANTROPOLOGIA

(‘La Gaceta de Canarias’, 28-III-1993)

 

UNA EXTRAÑA ENTRE NOSOTROS

 

TITULO ORIGINAL:  A Stranger among us

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:  1992 DURACION:  107 min., COLOR

DIRECTOR:  Sidney Lumet

INTERPRETES:  Melanie Griffith, Eric Thal, John Pankow, Tracey Pollan

 

 

            Sidney Lumet, perteneciente a la minusvalorada ‘generación de la televisión’, es un cineasta de lo que se suele categorizar como un artesano: un realizador con pericia técnica suficiente (adquirida, por supuesto, durante su etapa televisiva) y cierta habilidad a la hora de dirigir a los actores y actrices, achacable a su pasado teatral. Generalmente considerado como un director con un cierto ‘buen gusto’, se le ha criticado –como a casi todos los de su promoción- por su estilo impersonal, que trata aparentemente de disimular con temáticas pretenciosas. Lumet, que dio sus primeros pasos artísticos en el teatro, llegó a adquirir cierto renombre como director escénico de uno de los primeros grupos vanguardistas off-Broadway ; también hizo sus pinitos como profesor de arte dramático. Su iniciación en el mundo de la imagen fue en la cadena CBS, donde dirigió algunas series y espacios dramáticos a partir de 1950. Su éxito en la pequeña pantalla le permitió rodar su primera película para el cine: ‘Doce hombres sin piedad’ (1957). A este film, que con el tiempo se ha convertido en un clásico, ha seguido una larga lista de realizaciones no siempre del todo conseguidas sobre los más diversos temas: musicales (‘El mago’, 1978), sobre el peligro nuclear (‘Punto límite’, 1964), bélicas (‘The Hill’, 1965), eróticas (‘El grupo’, 1966), policíacas (‘Asesinato en el Orient Express’, 1974), etc.

            Hecha salvedad del valor artístico de la extensa filmografía de Sidney Lumet, una característica que hay que constatar en la mayor parte de sus realizaciones es la tendencia crítica con respecto a la sociedad norteamericana que se nota en las mismas, especialmente en las más logradas de entre ellas. Se suelen citar a este respecto sus producciones del género policíaco, como ‘Serpico’ (1973) o ‘Tarde de perros’ (1975), o las adaptaciones de obras literarias o teatrales, como ‘Piel de serpiente (1960), basada en Tennessee Williams, ‘Panorama desde el puente’ (1961), según Arthur Miller, o ‘Larga jornada hacia la noche’ (1962), de un texto de Eugene O’Neill. De todas formas, el interés de todos estos filmes radica generalmente más en sus guiones que en la brillantez estilística de su director.

            Una extraña entre nosotros’, última realización de Lumet que se ha visto en Tenerife, participa, como era de esperar, de las virtudes y los defectos del resto de su filmografía. Lo más interesante, como de costumbre, es la historia que se cuenta, y lo menos, la forma en que está llevada a imágenes. Se trata de un argumento policíaco, que es precisamente el género en que más ha destacado su director: una mujer policía debe resolver un caso de asesinato en el seno de una comunidad de hasidim, y esta circunstancia es aprovechada para mostrar al público el modo de vida de dicho colectivo, así como las dificultades que encuentra la investigadora para integrarse en el grupo sin causar sospechas. A primera vista podría decirse que Una extraña entre nosotros no es más que un remake de ‘Unico testigo’ (1984), de Peter Weir, donde se narraba una historia parecida relacionada con una comunidad amish. No obstante, hay que considerar que, mientras en aquella película lo fundamental era la historia policíaca, y lo antropológico sólo añadía un poco de color ambiental, en el film de Lumet ocurre exactamente lo contrario: el caso policial no es más que un pretexto que utiliza el guionista para introducirse subrepticiamente en el grupo en cuestión, disecando su pintoresco comportamiento social.

            Los hasidim se consideran los descendientes de una secta judía ortodoxa que apareció en tiempos de los Macabeos apoyando a Matatías y sus hijos en la lucha contra Antíoco IV Epifanes. A fines del siglo II a.d.C. dieron lugar al nacimiento de los ‘fariseos’, y por lo visto algunos de sus miembros pertenecieron a las primeras comunidades esenias. La versión moderna de este grupo fue fundada en Ucrania hace dos siglos por Israel ben Eliezer ; en realidad no se presentan propiamente como una secta, ya que no pretenden cambiar la doctrina tradicional ni injertarle ideas nuevas, sino como predicadores de una manera diferente de servir a Dios. Esta unión con la divinidad se suele buscar a través de la oración y el estudio, pero se consigue únicamente a través de la alegría, y no mediante la tristeza ni la austeridad ; es un intento de acercar el culto al pueblo llano. A la muerte de su fundador, el movimiento contaba ya con varios millares de adeptos, llegando a abarcar posteriormente a la casi totalidad de los judíos de Ucrania, e incluso de Polonia y Lituania. Sin embargo, el ‘hasidismo’, por su desprecio de la erudición y por modificar ciertos ritos de la oración, encontró pronto una violenta oposición por parte de los partidarios del judaísmo tradicional, y fue denunciado como herejía. Eso condujo a que los hasidim dieran nuevamente al estudio la importancia que merecía y llegaran a fundirse con las demás formas de vida judía, comunicándoles un fervor religioso y un vigor renovados. Actualmente esta secta encarna la ortodoxia más integrista dentro del judaísmo.

            El film de Lumet pone especial interés en reflejar todos estos extremos de la fe hasídica y, en realidad, lo que se narra, más que una historia policíaca, es una especie de viaje iniciático de la protagonista, que va descubriendo en el transcurso de la trama una realidad bastante más compleja que la que ella creía conocer. Es precisamente la parte de la resolución del caso de asesinato la que menos desarrollada está en esta película ; se descubre al criminal más por casualidad que como resultado de una investigación, y el desenlace parece responder más a una imposición de la productora que al interés deliberado de director y guionistas. La dirección de Sidney Lumet es, ni más ni menos, la que se podía esperar de este director, una vez conocido su historial fílmico: correcta, aunque no demasiado brillante.

[ATRAS]