PASEANDO AL CORONEL (‘La Gaceta de Canarias’, 4-IV-1993)

 

ESENCIA DE MUJER

 

TITULO ORIGINAL:  Scent of a Woman

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:  1991 DURACION:  150 min., COLOR

DIRECTOR:  Martin Brest

INTERPRETES:  Al Pacino, Chris O'Donnell, James Rebhorn, Gabrielle Anwar

 

 

            El título con que se exhibe en nuestro país esta película es decididamente una mala traducción del original ‘Scent of a Woman’, que más bien significa aroma de mujer (el término ‘esencia’ le da un resabio metafísico que no le va en absoluto). Se trata, como se advierte en los créditos al final, de un argumento inspirado por un personaje de ‘Perfume de mujer’ (1974), el en su momento celebrado y premiado film de Dino Risi. De hecho, el personaje interpretado por Al Pacino en ‘Esencia de mujer’ remite claramente al que encarnaba Vittorio Gassman en aquella cinta: un ciego solitario y bastante amargado, obsesionado por el sexo femenino. Sin embargo, si en el original italiano se insistía más en la vertiente socioeconómica que en la melodramática, aquí ocurre todo lo contrario: el conjunto del argumento es bastante amargo, y los dos personajes protagonistas son observados siempre desde una óptica compasiva. Con todo, no se puede decir propiamente que Esencia de mujer sea un ‘remake’ de su predecesora, sino que más bien se trata de aprovechar ciertos aspectos de su temática para denunciar algunos problemas de nuestro mundo actual que allí apenas se trataban. Eso convierte al film de Martin Brest en una obra mucho más compleja que aquella película, y su trama permite, en consecuencia, diversos niveles de lectura, que en cierta medida trascienden la historia que se narra.

            Esencia de mujer puede considerarse tanto una película sobre la amistad, sobre la lealtad, sobre la integridad, o una reflexión sobre ciertos tipos de marginación, como una aguda disertación acerca de los pros y los contras de la educación tradicional. Todos esos temas, y algunos más, son desarrollados a lo largo del metraje, y si hubiera que adscribirla a algún género, tal vez fuera el road movie –cosa que también era, por otra parte, el citado film de Risi- el más adecuado, aunque la acción no transcurre realmente en una carretera, pero sí, desde luego, durante un viaje a lo largo del cual dos personajes de procedencia muy diferente llegan, a través de su forzada convivencia, a conocerse mejor a sí mismos y entre ellos. El road movie, uno de los más utilizados géneros del cine yanqui, ha estado tradicionalmente ligado a las películas de aventuras. Constituye en realidad una actualización histórica de las clásicas películas ‘de caravanas’, de las que podría citarse como ejemplo a ‘Caravana de mujeres’ (1951), de William A. Wellman, o ‘Camino de Oregón’ (1967), de Andrew L. McLaglen. Los antiguos carromatos han sido sustituidos actualmente por modernos automóviles que cruzan los EE.UU. de costa a costa, pero las motivaciones continúan siendo las mismas: la promesa de felicidad de los personajes se identifica generalmente con la posibilidad de moverse. Películas policíacas como, por ejemplo, ‘Loca evasión’ (1974), de Steven Spielberg, o ‘El amigo americano’ (1977), de Wim Wenders, serían casos típicos de esto. El cine europeo ha adoptado también poco a poco este género de procedencia yanqui ; así, el referente italiano de Esencia de mujer ya era de por sí una película de estas características, y su realizador, Dino Risi, había previamente intentado algo parecido con la exitosa ‘La escapada’ (1962).

En el film objeto de esta crítica se vuelven a dar las mismas circunstancias: lo que en un principio se suponía que iba a ser un trabajo rutinario de fin de semana se convierte pronto para el joven estudiante en un recorrido casi iniciático por Nueva York en compañía del inválido que presuntamente iba a cuidar. Ese periplo le lleva a conocer más ampliamente sus propias potencialidades como ser humano y a resolver satisfactoriamente su personal enfrentamiento con el sistema educativo. El personaje de Al Pacino, por tanto, actúa como ‘maestro’ de un rito de iniciación (el hecho de tratarse de un ciego, igual que muchos personajes mitológicos de la Antigüedad clásica, otorga mayor credibilidad al planteamiento del guión ; también es típico de este tipo de argumentos el hecho de que a lo largo de la trama se consiga vencer a la muerte). Al Pacino, por su parte, descarga la totalidad de sus habilidades interpretativas en su personaje. Se asiste a una verdadera demostración de las posibilidades que ofrece el método del Actor’s Studio cuando se lo utiliza con gusto e inteligencia. El papel del pintoresco ciego resulta en todo momento creíble en su tremenda complejidad gracias al elaboradísimo trabajo de este actor (y también, por supuesto, de su compañero de reparto), sabiamente dirigido por el director Martin Brest. Pacino se ha metido, por así decirlo, en la piel de su personaje, y toda su estudiadísima expresión corporal, de la cabeza a los pies, da una impresión de naturalidad realmente asombrosa. También raya a gran altura la actuación de su joven oponente, que a su vez hace uso de la misma técnica stanislavskiana de composición del personaje, aunque no tan elaboradamente como Al Pacino. Por otro lado, la labor en general del director se puede decir que es digna, pero no brillante, y que hace gala en todo momento de un gran comedimiento para poner todo su hacer fílmico al servicio de los intérpretes. Eso, en este caso, al menos, resulta más que suficiente.

[ATRAS]