VUELVE LA COMEDIA (‘La Gaceta de Canarias’, 29-XII-1989)

 

TRES CAMAS PARA UN SOLTERO

 

TITULO ORIGINAL:  Worth Winning

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:   1989 DURACION:  98 min., COLOR

DIRECTOR:  John MacKenzie

INTERPRETES:  Mark Harmon, Madeleine Stowe, Lesley Ann Warren, Andrea Martin

 

 

            La comedia norteamericana parece ser que está comenzando a recobrar poco a poco el pulso que había perdido los últimos años. Si es verdad que así ocurre, los amantes del cine están de enhorabuena, porque esto significa que en Hollywood se han vuelto a dar cuenta de que el cine no sólo es un negocio, sino que también hacen falta historias, guiones y cosas por el estilo.

            Esto es a propósito de una película que recuerda de alguna manera a aquellas comedias clásicas de los años 50 y 60 en las que se intentaba divertir al público, y de paso hacerle reflexionar un poco sobre el sentido de su existencia. Claro está que la filosofía desplegada en muchos de estos filmes (una ambigua mezcla de machismo apenas disimulado, consumismo, etc.) no tenía por qué coincidir con el punto de vista de la totalidad de los espectadores. No obstante, constituía una exposición sincera de un modo de vida –el american way of life- tan respetable como cualquier otro. Aparte de esto estaba (para el que supiera apreciar- lo) la elegancia y el indudable saber hacer de la mayor parte de aquellos cineastas.

            Tres camas para un soltero’, de John MacKenzie, recobra en gran parte toda esta tradición. A nivel ideológico habría que rebelarse contra el tratamiento que se da a los personajes femeninos: son puras mujeres-objeto cuyo único mérito (aparte de que sean artistas o animadoras de un equipo de rugby) parece residir en poseer un bonito cuerpo, o como decía Schopenhauer, “cabellos largos, ideas cortas”. Sin embargo, eso no ha impedido en absoluto pasarlo en grande con esa increíble historia de amores y engaños, esa trama tantas veces repetida de chico busca chica, chico encuentra chica, chico pierde chica, ... (la fórmula secreta de los guiones de Ben Hecht), todo ello sazonado con unos diálogos y un ritmo casi perfectos, una soberbia interpretación por parte de actores y actrices y una complicidad con el espectador como no habíamos tenido el placer de degustar desde hacía décadas.

                Hay que congratularse de que los prohombres del cine americano –o al menos una parte de ellos- hayan optado de una vez por abandonar el soap opera de nefasta influencia televisiva y se hayan decidido a producir nuevamente ese tipo de sophisticated comedy con la que en su día brillaron con luz propia los talentos de Ernst Lubitsch, Howard Hawks, Billy Wilder y tantos otros. Queda esperar, por otro lado, que, como contrapartida, los espectadores de todo el mundo reciban benévolamente esta iniciativa, tan apartada de las modas cinematográficas al uso en los últimos años.

[ATRAS]