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SI ‘CHARLOT’ LEVANTARA LA CABEZA (‘La Gaceta de
Canarias’, 18-IV-1993) CHAPLIN TITULO
ORIGINAL: Chaplin NACIONALIDAD: GB FECHA:
1992 DURACION: 137
min., COLOR DIRECTOR:
Richard Attenborough INTERPRETES:
Robert Downey Jr., Dan Aykroyd, Geraldine Chaplin, Anthony Hopkins
El
inefable y siempre bien intencionado Sir Richard Attenborough ha vuelto al
biopic, un género cinematográfico
que no había retomado desde la oscarizada ‘Gandhi’ (1982) y que
previamente ya había practicado con ‘El joven Winston’ (1972) y en
parte volvió a intentar con ‘Grita libertad’ (1987), aquel exitoso
film sobre el apartheid sudafricano y el personaje de Stephen Biko. En todas esas
películas, así como también en el resto de su producción, el
realizador británico hace gala de lo que el crítico Quim Casas
(‘Dirigido por ...’) denomina acertadamente “espíritu Reader’s
Digest”. ‘Chaplin’, la nueva realización de este director, no constituye
ninguna excepción a esa regla. Attenborough comenzó su carrera artística
como actor de teatro en 1941, y al año siguiente ya representó un
papel secundario en la película bélica ‘Sangre, sudor y lágrimas’,
de Noël Coward y David Lean, y luego siguió haciendo personajes
similares en multitud de filmes ingleses y norteamericanos. En esa etapa
de su desarrollo profesional se le consideraba unánimemente como un intérprete
sólido y de gran oficio, especialmente capacitado para encarnar a tipos
de composición, como, por ejemplo, el militar de ‘Cañones en Batasi
(1964), de John Guillermin. Esta característica no le impidió
acometer, con notable realismo, papeles protagonistas, algunos bastante
complicados, como el psicópata de ‘El estrangulador de Rillington
Place’ (1970), de Richard Fleischer.
Finalizando la década de los 50, Attenborough, sin abandonar nunca
su carrera de actor, se pasó a la producción, asociándose para ello con
el director y guionista también británico Bryan Forbes. Esta colaboración,
que no ha cesado hasta la actualidad (Forbes es coguionista de Chaplin), dio como resultado
algunos films estimables, como por ejemplo ‘El amargo silencio’
(1960), de Guy Green. El relativo éxito alcanzado en esta nueva actividad
animó a Attenborough a abordar la dirección de películas con ‘Oh,
what a Lovely War!’ (1968), ambicioso musical antibélico que ya
mostraba, al decir de la crítica, sus principales limitaciones como
realizador. La primera película dirigida por Attenborough, ambiciosa como
todas las suyas, presentaba la 1a
Guerra Mundial desde un ángulo satírico, como una fiesta llena de
atracciones. Constituye su realización más interesante hasta la fecha,
junto con el musical melodramático ‘Chorus Line’ (1985). Sin embargo,
ya en aquel film se notaba la excesiva concentración del director en el
elenco de actores –efecto, quizás, de sus orígenes profesionales-,
descuidando otros aspectos tan importantes o más del complicado arte de
hacer películas. Esta rémora siguió notándose de forma cada vez más
acentuada en sucesivas obras de Attenborough ; así, tenemos ‘El joven
Winston’, biografía pretendidamente espectacular de los años de
aprendizaje de Winston Churchill, ‘Un puente lejano’ (1977), mamotreto
bélico de alto presupuesto, o ‘Gandhi’, desafortunadísima exposición
de la vida y milagros de este dirigente hindú donde la principal
actividad de ese famoso personaje parecía consistir más que nada en
rezar debajo de los puentes. El guión de Chaplin, en el
cual ha participado también Bryan Forbes, como en prácticamente todas
las películas producidas o realizadas por Attenborough desde que empezó
la colaboración entre ambos, adolece de los mismos fallos que los de
los anteriores biopics de este
realizador. Se le da más importancia a lo anecdótico y circunstancial
(detalles familiares y/o privados) que a lo verdaderamente interesante del
personaje en cuestión, es decir, su pensamiento, o aquella actividad por
la cual ha pasado a la historia. En el caso de esta película, el
argumento se concentra con especial énfasis en narrar los desvaríos
amorosos del genial actor y director de cine mudo, relegando a un
segundo lugar su importancia dentro de la historia del Séptimo Arte. La
audiencia no llega realmente a enterarse de cuáles fueron las
innovaciones de Charles Chaplin –si las hubo- en el campo de la dirección
fílmica, ni en qué consistía el secreto de su comicidad ; tan sólo se
muestran una serie de anécdotas de su vida, la mayor parte de ellas sin
el más mínimo interés como no sea para las revistas del corazón. La dirección de Attenborough, por otro lado, exceptuando, como ya se ha dicho, la referente a actores y actrices, que desde luego resulta muy eficiente, casi brilla por su ausencia. Un academicismo desprovisto de toda personalidad se limita a reflejar fríamente el contenido del guión ; para colmo de males, se descuida extraordinariamente el ritmo narrativo, lo cual provoca que se alarguen innecesariamente la mayor parte de las secuencias, y con ello un argumento de por sí poco atractivo llega a resultar bastante tedioso, y sólo se aguanta gracias a las cuidadas interpretaciones de que hace gala todo el elenco. Especialmente hay que destacar la soberbia actuación de Robert Downey jr. en el papel protagonista ; su recreación de Chaplin es verdaderamente perfecta a lo largo de todo el metraje de la cinta, y hace honor a la hasta el momento brillante carrera de este actor, fulgurante desde sus primeras apariciones en diversas comedias estudiantiles de serie B de los años 80. Geraldine Chaplin, la hija de ‘Charlot’, por su parte, hace igualmente un trabajo magnífico encarnando a su propia abuela, la madre del famoso cómico. |