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RADIOGRAFIA DE UNA MUJER FATAL (‘La Gaceta de
Canarias’, 25-IV-1993) HERIDA TITULO
ORIGINAL: Damage NACIONALIDAD: Francia-GB FECHA:
1992 DURACION: 105
min., COLOR DIRECTOR:
Louis Malle INTERPRETES:
Jeremy Irons, Juliette Binoche, Rupert Graves, Miranda Richardson
La mujer fatal, también conocida como ‘viuda negra’, ha sido un
personaje muy socorrido desde que el cine es cine. De hecho, Theda Bara,
la primera ‘estrella de cine’ propiamente dicha, creada por Carl
Laemmle en 1910, ya reunía las condiciones que desde entonces han definido a la vampiresa cinematográfica: una mujer malvada y embaucadora que
arruina la vida de los hombres. El innegable éxito que en su momento tuvo
la vamp (y que sigue teniendo aún
en nuestros días) hay que achacarlo a la afición victoriana por los
amores pecaminosos y los remordimientos culpables, la otra cara de la
moneda de una época sólo aparentemente puritana. El ejemplo
hollywoodiense de la Bara cundió rápidamente en otras cinematografías
no norteamericanas ; así tenemos, por ejemplo, a Lyda Borelli, Francesca
Bertini o Pina Menichelli en Italia, o la mítica Musidora en Francia.
Ciñéndonos al ámbito hollywoodiense, el ejemplo de Theda Bara
fue profusamente imitado por multitud de actrices de los primeros años
del 7o
Arte, de las que podríamos recordar, entre otras, desde la efímera
Barbara Lamarr a las más conocidas sex-symbols
Jean Harlow o Mae West (ya en el sonoro), pasando por Hedy Lamarr y Clara
Bow, sin olvidarnos de figuras señeras
de erotismo cinematográfico de todos los tiempos como fueron Louise
Brooks, Mae Murray, etc., todas ellas durante el período mudo. La lista,
en suma, resultaría interminable si se pretendiera incluir en ella a
todos los nombres significativos de este género cinematográfico. Serían
las heroínas del cine negro las que heredarían, en una etapa posterior,
el carisma y el misterio de las primitivas vamps.
Por ejemplo, tenemos a la inolvidable Lana Turner de ‘El cartero siempre
llama dos veces’ (1940), de Tay Garnett, a quien Jessica Lange intentó
emular con poca fortuna en el remake
de esta película dirigido en 1984 por Bob Raffelson. Conocidas estrellas
del calibre de Veronica Lake, Barbara Stanwick, Ida Lupino, Rita Hayworth,
Gene Tierney o Lauren Bacall fueron todas femmes
fatales en este tipo de películas. En nuestros días, con el relativo
renacer que está experi- mentando el cine negro y con el auge que han
adquirido las cintas de contenido erótico, las viudas negras vuelven a
campar por sus respetos, y no sólo en esos géneros cinematográficos.
Recuérdese, por ejemplo. ‘La viuda negra’ (1977), de Arturo
Ripstein, ‘Fuego en el cuerpo’ (1981), de Lawrence Kasdan, o más
recientemente ‘Vínculos de sangre’ (1990), de Ralph F. Bellisario.. Como puede comprobarse, al personaje representado por Juliette Binoche
en ‘Herida’ no le han
faltado antecesoras de prestigio. Louis Malle, el director de la película
objeto de este comentario, fue, junto con Godard, Truffaut, Chabrol,
Rohmer y Rivette, uno de los principales componentes de la nouvelle
vague francesa. Estos autores, practicantes todos ellos de la crítica
cinematográfica en la revista ‘Cahiers du Cinema’, rechazaban la
estética basada en el montaje, usual en el cine comercial norteamericano,
a favor de la mise-en-scène,
las tomas largas y la composición en profundidad. Para ellos una película
no debe significar únicamente una experiencia intelectual y racional,
sino igualmente una experiencia emocional y psicológica. Además estaba
la idea de obra personal: el
cine considerado como un medio de expresión artística individual que
mostrara con claridad la personalidad de sus autores, sus obsesiones y sus
temas clave. Todas estas características se reflejan en alguna medida
en los films realizados por Malle, y también, por supuesto, en Herida, su última obra hasta el momento. El estilo de Malle puede considerarse tal vez algo frío en primera
instancia, pero la gran penetración psicológica de este director francés
lo ha hecho eficaz en la mayor parte de sus películas, de las que cabría
recordar, entre otras, ‘Ascensor para el cadalso’ (1957), su primera
realización en solitario, ‘Les amants’ (1958), controvertido escándalo
erótico en su momento, o ‘Fuego fatuo’ (1965), su película más
discutida, pero también la de mayor densidad, todas ellas en su primera
época ; más recientemente ha alternado su obra francesa (‘El soplo en
el corazón’, 1970 ; ‘Lacombe Lucien’, 1973) con la realización de
films en Estados Unidos (‘La pequeña’, 1978 ; ‘Atlantic City’,
1980). En todos ellos –a pesar de la impresionante variedad de temas
tratados, interpretada como una característica negativa del director
por algunos críticos- Malle se ha mantenido fiel a su idiosincrasia artística
y jamás se ha doblegado a las imposiciones comerciales de los
productores, de ahí que su cine no se haya divulgado excesivamente entre
el gran público, especialmente en este país. Sólo a raíz de su
colaboración con la industria fílmica norteamericana han disfrutado las
películas de este interesante realizador de una mayor difusión. Herida analiza desde el punto de vista psicológico un interesante caso de femme
fatale. El personaje de Ana no es la típica vampiresa de cine negro,
aunque guarda bastante semejanza con muchas de ellas. En realidad el mal
que inflinge a los que la rodean no proviene de su intención expresa,
sino que más bien podría decirse que las características adversas de su
experiencia vital la empujan involuntariamente a hacer sufrir a sus
semejantes, y muy especialmente a los hombres. En este caso el tema se
complica, puesto que esta mujer actúa simultáneamente sobre dos representantes del sexo opuesto, formándose un curioso triángulo amoroso anómalo
del cual uno de los vértices ha de sucumbir necesariamente para que el
otro sobreviva. Es el tradicional enfrentamiento dialéctico muerte-vida,
juventud-madurez, bien-mal de tantas narraciones trágicas a lo largo de
la historia de la humanidad, desde Adán y Eva en adelante, en las cuales
la mujer siempre ha actuado de comodín siniestro. Louis Malle dirige esta fábula con su tradicional maestría, basada en la plasmación fría de los hechos, mediante una técnica de distanciación casi brechtiana que pretende inducir al espectador a que tome su postura y reflexione acerca del asunto planteado por la trama. Una muy cuidada planificación, con una rigurosísima elección de los encuadres, así como una utilización muy inteligente de la profundidad de campo y del concepto de lateralidad, coadyuvan a la eficacia narrativa en esta película. El único fallo que se podría señalar sería tal vez de guión: el desenlace –necesariamente trágico- resulta quizás algo precipitado y rocambolesco, lo que contribuye en cierta medida a restar credibilidad a lo que se pretende contar. Con todo, y a pesar de no constituir probablemente una de las mejores realizaciones de Louis Malle, Herida resulta sin duda alguna una película muy interesante, sobre todo desde un punto de vista cinéfilo (siempre lo es toda nueva obra de quien ya está reconocido universalmente como un clásico). Especialmente de destacar es la soberbia interpretación de todo el elenco de actores y actrices, tanto protagonistas como secundarios, encabezados todos ellos por un sensacional Jeromy Irons, uno de los pocos actores de hoy en día capaces de comunicar esa sensación de angustia contenida y mal disimulada que él mantiene sin fisuras a lo largo de toda la cinta, y una juvenil y maravillosa Juliette Binoche, cuya impactante creación de mujer fatal permite augurarle un brillante futuro dentro de su especialidad artística. |