|
EL MUERTO AL HOYO Y EL VIVO AL BOLLO (‘La Gaceta de
Canarias’, 9-V-1993) RUBY
CAIRO TITULO
ORIGINAL: Ruby Cairo NACIONALIDAD: USA-Japón FECHA:
1992 DURACION: 104
min., COLOR DIRECTOR:
Graeme Clifford INTERPRETES:
Andie McDowell, Liam Neeson, Viggo Mortense, Jack Thompson
Las
personas no suelen, por lo general, ser lo que parecen, y muchas veces no
se conoce verdaderamente a alguien hasta después de muerto. Este es un
tema que ha dado lugar a muchos argumentos de innumerables películas de
todos los géneros. Recuérdese, por ejemplo, ‘La llama sagrada’
(1942), de George Cukor, donde se trata de conservar la falsa buena imagen
de un político corrupto que acababa de morir, o ‘El regreso de Martin
Guerre’ (1982, de Daniel Vigne, o su otra versión, ‘Sommersby’
(1993), de Jon Amiel, que protagonizó esta sección la semana pasada y
que se refería, como es sabido, a un hombre que pretendía olvidar su
pasado apropiándose de la identidad de un difunto. También está
relacionada –aunque sólo lejanamente- con esta temática ‘Peggy Sue
se casó’ (1986), de Francis F. Coppola. La película objeto de este
comentario se inscribe igualmente en esa línea argumental.
En este caso, la trama argumental es aprovechada -o al menos eso es
lo que se pretende- para crear una historia de suspense
y aventuras donde la protagonista se ve metida en una serie de líos al
tratar de seguirle la pista a su marido presuntamente muerto. También es
un tratamiento bastante visto en el cine comercial norteamericano: una
persona normal y corriente (una mujer, por lo general) pasa por una serie
de peripecias más o menos peligrosas sin comerlo ni beberlo y consigue
al final salir milagrosamente indemne y, de paso, encuentra a su verdadero
amor. Ejemplos de este tipo de cintas podrían ser ‘Tras el corazón
verde’ (1983), de Robert Zemeckis, ‘La joya del Nilo’ (1985), de
Lewis Teague, o incluso ‘¡Jo, qué noche!’ (1985), de Martin Scorsese,
o ‘Family Plot’ (1976), la obra postrera de Alfred Hitchcock, entre
otras muchas. Es precisamente con el 'mago del suspense' con quien
se puede relacionar más directamente ‘Ruby
Cairo’. Su trama argumental (bastante sugerente, al menos sobre el
papel) pretende evidentemente remitir a las películas del susodicho que
transcurren durante un largo periplo por países extraños, como
‘Cortina rasgada’ (1966), o incluso también por el propio país del
protagonista, como es el caso de ‘Con la muerte en los talones’
(1959), etc. Pero el parecido radica sólo ahí, en el argumento, porque
la plana y poco implicada realización de Clifford consigue rápidamente
que el espectador pierda el interés en una historia que, en principio,
promete bastante más de lo que realmente se sirve en pantalla.
Con todo, no se puede negar que Ruby
Cairo tiene algunos momentos conseguidos. Está, por ejemplo, toda la
secuencia inicial, que sirve más que nada para localizar espacialmente la
vivienda de la protagonista, significativamente cercana a un gran
aeropuerto internacional, y para iniciar la trama. También está lograda
la caracterización de los diversos lugares de todo el mundo que se
visitan a lo largo del desarrollo del film mediante vistas acertadamente
escogidas de sus monumentos arquitectónicos (la larga secuencia de la
subida a la pirámide de Cheops en contraluz es sintomática de esto).
Este, en realidad, es un recurso muy visto en infinidad de películas ;
sin embargo, en pocas tiene una efectividad tan eficiente como en ésta.
No obstante, estos pocos minutos felices no bastan para salvar a esta
película, así como tampoco lo logra la excelentísima interpretación
de todo el reparto, encabezado por la encantadora y estupenda actriz Andy
McDowell, que de película en película se va superando a sí misma,
sorprendiendo cada vez más al respetable ; es indudable que si el cine
norteamericano tiene algo que lo hace especial, es su inagotable cantera
de actores y actrices y su buena escuela de actuación. Por lo demás, la película no es más que una serie de escenas más o menos pintorescas, más propias de un documental turístico que de un film de aventuras, algunas de ellas bastante mal rodadas, con muy poca conexión entre las imágenes y los diálogos. La complicada trama deja de interesar por desaprovechar el director los elementos dramáticos de que dispone. Por ejemplo, los rivales del marido de la protagonista, que por lo visto la están siguiendo como una sombra por todo el mundo, aparecen sólo significativamente en un par de escenas al principio y al final, y de cuando en cuando se muestra uno o dos planos de los mismos para demostrar fehacientemente que siguen estando allí y, por supuesto, para conseguir que el público no se olvide de ellos, pero no se los utiliza para crear situaciones de misterio o de peligro, como corresponde a este tipo de cintas. También constituye un error –en la modesta opinión de este crítico- el hecho de que no se le saque más partido al personaje del Dr. Lamb, con lo cual no queda muy claro el por qué del romántico final, esperado y poco sorprendente, por otra parte, pero no por ello lógico teniendo en cuenta los detalles argumentales que han podido verse en el transcurso de la película. Resumiendo, se puede concluir que Ruby Cairo es una película de cuya visión se puede prescindir perfectamente. Y es una pena, ya que con los elementos argumentales de que en principio dispone y con los antecedentes fílmicos en que se basa la historia que narra podría haber dado mucho más de sí. |