|
EL LADO INCONFESABLE DE
LA HISTORIA (‘La
Gaceta de Canarias’, 27-VI-1993) CAZA DE BRUJAS TITULO ORIGINAL: Guilty by Suspicion NACIONALIDAD: USA FECHA: 1991 DURACION: 103 min., COLOR DIRECTOR:
Irwin Winkler INTERPRETES:
Robert De Niro, Annette Benning, George Wendt, Patricia Wetting
MALCOLM X TITULO ORIGINAL: Malcolm X NACIONALIDAD: USA FECHA: 1992 DURACION: 195 min., COLOR DIRECTOR:
Spike Lee INTERPRETES:
Denzel Washington, Angela Basset, Albert Hall, Al Freeman Jr.
La cinematografía norteamericana está atravesando
estos últimos años una grave crisis de creatividad. Los grandes
productores de antaño han sido sustituidos, como señala el director francés Costa Gavras, por expertos financieros y grandes corporaciones, y la
mayor parte de las películas se realizan exclusivamente teniendo en
cuenta su rentabilidad en taquilla, o sea, en función de una audiencia de
nivel cultural ínfimo, sin el más mínimo sentido crítico y que se
suele conformar con su correspondiente ración de sexo y violencia
gratuitos, aderezados con el fuego de artificio de los efectos especiales.
Resulta revivificante, por lo tanto, encontrarse de cuando en cuando con
alguna cinta que prescindiendo de lo puramente comercial se enfrenta en
un modo más o menos serio con una problemática interesante que intente
hacer reflexionar un poco al espectador. Ese es el caso de los films que
aquí se van a comentar: ‘Caza de
brujas’, Irwin Winkler, y ‘Malcolm
X’, de Spike Lee. Ambos films se basan en hechos históricos, y se
ocupan del período situado entre el final de la Segunda Guerra Mundial y
la eclosión de los movimientos de protesta juveniles de mediados de
los años 60, vulgarmente conocidos como contracultura. La
Comisión de Actividades Antinorteamericanas fue creada oficialmente en
1938 y fue preludiada durante los años 30 por la actividad política
ultraconservadora del diputado antisemita, antinegro y anticomunista John
E. Rankin. La finalidad de la Comisión, aparte de sabotear de forma
organizada el new deal del presidente Roosevelt, fue la de contrarrestar de alguna
manera la influencia que estaban teniendo en los medios intelectuales de
todo el país, y muy especialmente en Hollywood, los demócratas alemanes
exiliados que arribaban por aquella época huyendo del nazismo. De
hecho, gran parte de los films realizados en Norteamérica durante esa década
y la siguiente muestran una inusitada preocupación por los problemas
sociales, que luego no se ha prodigado tanto. Por ejemplo, se podrían
citar, entre otros títulos menos conocidos, ‘Sin novedad en el
frente’ (1930), de Lewis Milestone, ‘Tiempos modernos’ (1936), de
Charles Chaplin, ‘Furia’ (1936), de Fritz Lang, ‘Las uvas de la
ira’ (1940), de John Ford, etc.
La guerra retrasó la acción represiva de la Comisión sobre la
Meca del Cine, ya que la industria fílmica fue movilizada urgentemente,
le gustara o no a los comisionistas, como propaganda antifascista. Los
grandes directores de Hollywood recibieron grados militares y llevaron a
cabo una interesantísima serie de documentales de propaganda bélica,
gran parte de los cuales han sido emitidos recientemente por TVE. Los núcleos
fascistoides norteamericanos no tuvieron más remedio que replegarse
momentáneamente, para aparecer de nuevo en 1945 ; ese año Rankin resucitó
la casi olvidada Comisión, a cuya refundición ayudó sobremanera la
declaración de la guerra fría por parte del
presidente Truman. El senador Joseph McCarthy, de aciaga memoria, pasó a
presidir la Comisión en 1947. A partir de entonces y hasta 1954 se
desató una de las etapas más vergonzosas de la historia
norteamericana, durante la cual se cometieron los mayores desmanes (sólo
comparables –salvando las distancias- con los Procesos de Moscú,
perpetrados en 1938 por el camarada Stalin) en nombre de un presunto
‘americanismo’, que por supuesto no se inspiraba, ni mucho menos, en
el ilustre ideario político de un Lincoln, un Jefferson o un Roosevelt,
sino que respondía a una alianza de la América agraria y patriarcal, bíblica
y guerrera con las poderosas oligarquías financiero-industriales: el
capitalismo monopolista, en suma.
Esta temática, por otro lado, sigue siendo tabú en el cine
norteamericano ; pocos directores se han atrevido a abordarla
frontalmente. Los productos más interesantes en este sentido son ‘Tal
como éramos’ (1973), de Sidney Pollack, que trata el asunto de una
manera tangencial y anecdótica, y ‘La tapadera’ (1976), de Martin
Ritt, donde intervienen varios de los afectados por los procesos. En Caza
de brujas, Irwin Winkler retrata muy bien el ambiente que se respiraba
en Hollywood durante aquellos años. El director de cine encarnado por
Robert de Niro es el típico personaje perseguido injustamente con la
aviesa intención de que acabase denunciando a sus colegas ; se podría
citar a decenas de personajes reales que sufrieron por aquella época las
mismas vicisitudes que el de ficción que aquí se presenta. Todo el
elenco actúa con gran convicción, siendo ésta la mayor virtud de la película.
La realización por parte de Winkler puede decirse que es correcta, si
bien peca por momentos de un excesivo academicismo formal que resta emoción
a la historia que se está narrando. Una secuencia especialmente
conseguida es la final del interrogatorio, donde se logra un ritmo
narrativo verdaderamente impactante.
La película de Spike Lee Malcolm
X, por otra parte, es un biopic
del personaje histórico a que hace alusión el título, uno de los líderes
carismáticos del movimiento negroamericano de los Musulmanes Negros,
precedente de los grupos radicales Black Power y Black Panthers. La revolución de los negros norteamericanos había comenzado ya desde los mismos
tiempos de la esclavitud, en el siglo XIX, y se recrudeció a lo largo
del XX. Tras la 2a Guerra Mundial adoptó posiciones más combativas,
con organizaciones como la Asociación de Líderes Cristianos del Sur, liderada por Martin Luther King (asesinado en 1968), el Congreso por la
Igualdad Racial de J. Farmer y el Comité de Estudiantes No Violentos de
Stokely Carmichael, entre otras. El personaje biografiado en el film,
Malcolm Little, fue líder de los Musulmanes Negros (movimiento fundado en
1930) desde 1953 hasta 1964, año en que se separó, formando la
Organización de la Unidad Afroamericana. Fue asesinado, probablemente por
sus antiguos correligionarios, en 1965.
Las realizaciones anteriores del director Spike Lee lo habían
configurado como uno de los cineastas jóvenes más prometedores de
Norteamérica. Hasta el momento había trabajado de forma independiente,
con films de bajo presupuesto, como el excelente ‘Haz lo que debas’
(1989), que algunos críticos han comparado con ‘La calle’ (1931), de
King Vidor, una de las películas más prestigiosas de los años 30. En
esa cinta Lee dibujaba con trazo grueso y una actitud claramente
antirracista una serie de personajes y situaciones típicos del ghetto
neoyorquino de Harlem. Esa temática del antirracismo es abordada
recurrentemente por el director en todos sus productos, como ‘Fiebre
salvaje’ (1991), por ejemplo, en los cuales hace gala, al decir de la crítica,
de un dominio cada vez mayor del lenguaje cinematográfico y de la dirección
de actores. En Malcolm X Lee ha
contado con más medios técnicos y presupuestarios que en sus
realizaciones anteriores, y la historia que cuenta también es más
ambiciosa. Contar en algo menos de tres horas la vida y milagros de un
personaje tan complejo es verdaderamente una labor titánica. La
aproximación fílmica que el director intenta es, desde luego,
pretenciosa , véase, si no, el imponente principio, con el protagonista
pronunciando un discurso bastante radical delante de una enorme bandera
americana que ocupa toda la pantalla, como en ‘Patton’ (1970), de
Franklin J. Schaffner, pero persiguiendo justo el efecto contrario.
Sin embargo, y pese a evidentes aciertos, el resultado final de la
película de Spike Lee no responde en absoluto, en opinión de quien esto
escribe, a lo que pretendía conseguir. En efecto, éste sigue basándose
casi exclusivamente en la dirección de actores, menester que
indudablemente domina ; titubea, no obstante, a la hora de poner en imágenes
la historia en cuestión. El fallo proviene del propio guión de la película
; en los films anteriores de Lee se trataba de tramas esquemáticas, y
los personajes eran más arquetipos que seres reales ; allí este proceder
daba buenos resultados, cosa que no ocurre con Malcolm
X. Una idea –compartámosla o no- no es nada si no se la puede
referir a alguna persona concreta de carne y hueso, con sus sentimientos y
debilidades, y máxime tratándose de la biografía filmada de un
personaje histórico. En esta película, pese a los loables esfuerzos de
Denzel Washington, el personaje que éste representa carece de entidad humana creíble ; tan sólo parece una especie de armazón de carne para
transmitir a la audiencia una serie de ideas. Tampoco funciona especialmente bien esa transmisión ideológica. Por ejemplo, en el film no se analizan con la suficiente profundidad las posibles desavenencias que pudo llegar a haber entre un defensor de los derechos humanos como indudablemente fue Malcolm X y el credo religioso-político de los Musulmanes Negros. El Islam, al fin y al cabo, es una ideología teocrática de origen medieval en la cual no tienen mucha cabida –a pesar de lo que pueda afirmarse- las libertades democráticas (véase al respecto lo que ocurre cotidianamente en los actuales países árabes) ; los musulmanes, según muestra la historia, únicamente se han mostrado tolerantes con los demás cultos, y nunca con sus propios adeptos. El film de Spike Lee no deja en absoluto claro este punto, donde podría residir tal vez la clave del aún no esclarecido asesinato del líder negro. |