TEMA CON VARIAZIONI (‘La Gaceta de Canarias’, 11-VII-1993)

 

ATRAPADO EN EL TIEMPO

 

TITULO ORIGINAL:  Groundhog Day

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:  1993 DURACION: 100 min., COLOR

DIRECTOR:  Harold Ramis

INTERPRETES:  Bill Murray, Andie McDowell, Chris Elliott, Stephen Tobolowsky

 

 

            Definir lo que es el tiempo ha sido una de las cuestiones más controvertidas con las que se ha enfrentado el raciocinio humano a lo largo de su historia. ¿Es únicamente una forma ‘a priori’ de la sensibilidad, como decía Kant, o simple devenir intuido, como lo ponía Hegel? ¿Es acaso uno de los órganos sensoriales de la divinidad, como lo creía Newton, o tal vez hay que dar la razón a Bergson, quien lo caracterizaba, genial y exclusivamente, como “progreso continuo del pasado, que roe el futuro y se acrecienta avanzando”? El hecho es que hay que reconocer que -a pesar del vertiginoso avance de la ciencia- en la actualidad sigue sin saberse lo que es el tiempo, o lo que es peor: muy probablemente no hay manera de averiguarlo. El cinematógrafo, testigo sin par de nuestra época, ha sabido reflejar esa preocupación por la magnitud temporal, y no sólo desde el género de ciencia-ficción, con sus viajes al pasado y al porvenir, como en la popular trilogía de Robert Zemeckis ‘Regreso al futuro’ (1985-90), precedida, entre otros, por films como ‘El tiempo en sus manos’ (1960), de George Pal, y ‘Los pasajeros del tiempo’ (1979), de Nicholas Meyer.. También bastantes películas normales de ficción se han interesado por esta problemática. Se podría citar a este respecto la mayor parte de la filmografía del alemán Wim Wenders, entre la que se encuentra una cinta titulada significativamente ‘El curso del tiempo’ (1976). El cineasta francés Alain Resnais se ha ocupado asimismo extensamente de esta temática ; en realidad, cada uno de sus films (‘Hiroshima, mon amour’, 1959, ‘El año pasado en Marienbad’, 1961, ‘Muriel’, 1963, etc.) constituye, como es sabido, un viaje por el tiempo, un regreso al pasado obsesivo de sus personajes.

            La aproximación al problema que intenta Harold Ramis en ‘Atrapado en el tiempo’ no deja de ser original, pues muy poco tiene que ver con sus antecesores en estas lides. En el film no se trata, en efecto, de que un personaje viaje por el tiempo mediante un artilugio ad hoc, confirmando de esta manera el dominio del ser humano sobre la naturaleza, como suele ocurrir, sino que más bien es el tiempo el que se pasea como si tal cosa por la psique del protagonista, manejándolo a su antojo. Al fin y al cabo, esta película no pertenece al género de ciencia-ficción, sino que es, como mucho, una encantadora comedia con ribetes fantásticos. Sin embargo, la posibilidad hipotética que plantea la ingeniosa trama argumental sí que propone al espectador una serie de dilemas metafísicos que ponen en solfa todo lo que hasta el momento se podía suponer –ya que no saber- acerca del tiempo. Se trata, en suma, de que un personaje, concretamente un hombre del tiempo televisivo, se vea constreñido (debido, por supuesto, a las ‘inclemencias del tiempo’) a repetir una y otra vez, interminablemente, los acontecimientos de un único día señalado ; a tal fin se le presentan repetidamente las mismas situaciones y se va tropezando reiteradamente con los mismos interlocutores: el mendigo, el pelmazo de turno, los compañeros de trabajo, el camarero, etc.

            La propuesta argumental de Atrapado en el tiempo no tendría el más mínimo interés si no fuera por la extrema habilidad con que Ramis (que también colaboró en el guión) la desarrolla. Ya el simple hecho de haber elegido un tono de comedia coadyuva bastante al éxito del proyecto, ya que, como es sabido, la reiteración de los gags ha constituido siempre uno de los más eficaces trucos cómicos en el cine norteamericano. Recuérdese, por ejemplo, el hilarante efecto conseguido por Blake Edwards merced a ese procedimiento en toda la serie de ‘La Pantera Rosa’, sin ir más lejos. No obstante, la intención de Ramis es más ambiciosa que todo eso , a él no le basta con hacer reír a la audiencia, sino que además pretende hacerla pensar.

            El gran acierto de Ramis en esta película consiste en ir introduciendo sutilmente pequeñas variaciones en el desarrollo argumental: cambios en los diálogos, en las reacciones de los personajes y hasta en la misma planificación, de forma que (en una trama repetitiva por antonomasia) no se reiteran los planos más que en algunos momentos precisos y muy bien elegidos, destinados a llamar la atención del espectador sobre algún punto que se considere importante. Lo único parecido a esto que quien esto escribe ha podido ver es ‘Celine et Julie vont en bateau’ (1973-74), de Jacques Rivette, donde también se presentaban distintas versiones de una misma historia, aunque allí la planificación era invariable, y lo que en realidad se iba cambiando era la disposición en el conjunto de los planos de inserto.

            En aquella película la intención del director era más que nada experimentar con el lenguaje fílmico, y nada más lejos de la mente de Harold Ramis, el cual en Atrapados en el tiempo, una comedia decididamente comercial, tan sólo pretende –y es mucho- analizar la evolución de las reacciones de un personaje normal en el seno de un supuesto fantástico: disponer, por arte de birlibirloque, de todas las oportunidades que quiera para repensar sus actos y no volver a caer en los mismos errores. Ente semejante posibilidad, el protagonista se ve en un primer momento sumamente turbado, y su primera reacción es intentar, sin éxito, poner fin a su vida, como Marcel Marceau en aquel famoso sketch mímico, y la solución al enigma espacio-temporal no radica, desde luego, en la muerte, sino que está como en toda comedia que se precie, con su invariable argumento de chico-busca-chica, en el amor. Harold Ramis ha contado para esta película con un elenco de actores y actrices verdaderamente excepcional, encabezado por el cada vez más sorprendente Bill Murray. Este actor, tras sus primeras y decepcionantes apariciones a las órdenes de Ivan Reitman (‘Los cazafantasmas’, 1983, por ejemplo, donde Ramis actuaba en un papel secundario), ha empezado a demostrar, a partir de ‘La chica del gángster’ (1993), de John McNaughton, que no es tan mal intérprete cuando lo dirigen bien, cosa que Reitman, como es público y notorio, no suele hacer por lo general. Una encantadora y eficaz Andy McDowell completa el brillante dúo protagonista.

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