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UN HOMBRE Y SU SUEÑO (‘La
Gaceta de Canarias’, 17-I-1990) TUCKER, UN HOMBRE
Y SU SUEÑO TITULO ORIGINAL: Tucker, the
Man and his Dream NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1988 DURACION: 106 min.,COLOR DIRECTOR: Francis Ford
Coppola INTERPRETES:
Jeff Bridges, Joan Allen, Martin Landau, Mako Francis Ford Coppola es sin duda uno de los realizadores norteamericanos más interesantes de las últimas décadas. Es uno de los pocos que sigue manteniendo en sus películas un nivel de calidad apreciable en medio del marasmo de mediocridad en que el cine comercial yanqui parece estar sumido. Basta citar para probarlo algunos de sus filmes más conocidos: ‘El Padrino’ en sus dos episodios (1972-74), ‘Apocalypse Now’ (1979) y cintas más recientes como ‘La Ley de la calle’, ‘Corazonada’ o ‘Cotton Club’, todas ellas de los 80. Algunas de estas películas presentaron a este autor como un creador que llevaba el camino de convertirse en un clásico. Sin embargo, el tiempo se encargó de desmentir esta suposición, ya que Coppola, tras una interesante etapa de investigación del lenguaje cinematográfico –que empezó con ‘Rebeldes’ (1983) y que ya había sido anunciada con ‘La conversación’ (1974)-, donde regaló títulos tan sugerentes como ‘Corazonada’ (1981), pasó a otra en que se limitó a narrar historias sin demasiado interés de una forma artesanal, aunque –eso sí- brillante. ‘Tucker, un hombre y su sueño’ (1987) parece a primera vista constituir un nuevo punto de inflexión en la trayectoria de este controvertido cineasta. Al proponer su versión de la historia de Preston Tucker, fabricante de automóviles maldito, Coppola intenta hacer un homenaje a un clásico del cine de todos los tiempos: ‘Ciudadano Kane’ (1940), de Orson Welles. Porque, de hecho, el protagonista de esta película tiene mucho en común con Kane: todo excepto los millones. Y la película no cesa de citar el mítico film de Welles ; hay planos y hasta secuencias enteras que lo recuerdan. Incluso hay una significativa escena en que aparece en persona el Kane de la vida real: el magnate Howard Hughes. El filme, por tanto (como el de Welles), constituye una visión crítica sobre el tan traído y llevado sistema de libre empresa. Y viene muy a propósito recordar hechos como el que se narra en la actualidad, en estos tiempos de perestroika y libertades. La época en que se sitúa la historia es en los años 50 de este siglo, cuando los valores democráticos estuvieron realmente en jaque en USA (recuérdese, por ejemplo, la famosa Caza de Brujas del senador McCarthy, o la expulsión del país del filósofo Bertrand Russell por razones morales). El caso Tucker es sintomático de los fallos que este sistema puede llegar a tener. La realización de Coppola es brillante. El director se desenvuelve a la maravilla en el mundo wellesiano que describe. Es un tributo que el que en su día fue un investigador del lenguaje cinematográfico paga al filme que trajo mayor número de innovaciones al cine moderno, y lo hace mediante una historia real en la que se muestra cómo en ciertos medios los innovadores no suelen ser muy bien recibidos. |