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UNA PROGRAMACION
DESANGELADA (‘La
Gaceta de Canarias’, 15-VIII-1993) EL EJERCITO DE LAS TINIEBLAS TITULO
ORIGINAL: Army of Darkness: Evil Dead 3 NACIONALIDAD: USA FECHA: 1992 DURACION: 90 min., COLOR DIRECTOR: Sam Raimi INTERPRETES: Bruce Campbell, Embeth Davidtz, Marcus Gilbert, Bridget Fonda PERMANEZCA EN SINTONIA TITULO ORIGINAL: Stay Tuned NACIONALIDAD: USA FECHA: 1992 DURACION: 87 min., COLOR DIRECTOR:
Peter Hyams INTERPRETES:
John Ritter, Pam Dawber, Jeffrey Jones, Eugene Levy EL PAIS DEL AGUA TITULO ORIGINAL: Waterland NACIONALIDAD: GB FECHA: 1992 DURACION: 88 min., COLOR DIRECTOR:
Stephen Gyllenhaal INTERPRETES:
Jeremy Irons, Sinead Cusack, Ethan Hawke, Grant Morrisey
Ciertamente, y como ya se comentó en esta página,
la programación veraniega de los cines es la que el público se merece,
ya que no reclama otra cosa. Prueba de ello es el hecho fehaciente de que
actualmente no hay película –sea la que sea- que no permanezca un mínimo
de dos semanas en cartel, y la mayor parte sobrepasan el mes. Esta
circunstancia puede que le parezca obvia al espectador no avisado, pero lo
cierto es que hasta no hace mucho tiempo lo acostumbrado era que las
cintas no alcanzasen la semana de proyección en una misma sala por regla
general, hasta el punto de que si alguna de ellas lograba sobrepasar ese
tope, se le hacía una publicidad especial por tal motivo. Hoy en día
–sobre todo a partir de los años 80- el público, al ser mucho más joven, ya no es tan exigente como entonces, como puede comprobarse. ¡Y
luego dicen que las salas de cine están en crisis! En la estación
estival –ya se dijo en un artículo anterior- los exhibidores se
aprovechan de esa falta de criterio del público cinematográfico,
cualidad que se ve acrecentada durante el período de vacaciones
escolares, al reducirse sensiblemente la media de edad de los asistentes a
las salas. Los estrenos presuntamente importantes se posponen hasta
Septiembre, y en el ínterin se proyectan aquellos productos fílmicos que
los distribuidores suponen no serán rentables durante el resto de la
temporada. La calidad de la programación de los cines, precaria de todas
formas durante todo el año, sufre, en consecuencia, a resultas de esa política
distribuidora. Hay muy pocas películas que merezcan un comentario, pero
el espectador habitual parece no darse cuenta de ello. El
mes de Agosto tinerfeño ha seguido la misma tónica que el de Julio en lo
que a programación de las salas cinematográficas se refiere. Todavía
siguen en cartel buena parte de las películas estrenadas el mes
anterior ; por otro lado, éste ha habido muy pocos estrenos de interés
–por no decir ninguno- y salvo honrosas excepciones que ya se han ido
notificando puntualmente en esta sección, la visión de aquellos filmes
que sobre el papel ofrecían siquiera alguna esperanza ha resultado
sumamente defraudante. Habrá que seguir, pues, esperando hasta ver qué
ocurre dentro de un mes con las largamente anunciadas ‘El último gran héroe’,
de John McTiernan, ‘Máximo riesgo’, de Renny Harlin y, especialmente,
el esperado ‘Jurassic Park’, última obra del controvertido Steven
Spielberg ; ya han sido estrenadas todas ellas en varios países de
nuestro entorno, pero en España se ha preferido esperar hasta
Septiembre. Un
ejemplo típico de esto es ‘El ejército
de las tinieblas’, de Sam Raimi, tercera entrega de una serie
inscrita en el género gore que
en sus primeros episodios (‘Posesión infernal’, 1982, y ‘Terroríficamente
muertos’, 1986) abordaba esta modalidad fílmica de una forma
ciertamente original basada en el ‘granguiñol’ y la autoparodia y
que venía avalada por excelentes críticas y por los galardones
conseguidos en diferentes festivales. La película, sin embargo, a pesar
de haber contado con más medios técnicos que las anteriores, hace
patente, en opinión de este crítico, lo que en realidad ya se estaba
viendo venir desde la segunda parte de la trilogía: la falta total de inspiración de este realizador, que no hace más que autorrepetirse hasta la
saciedad, haciendo de paso que sus personajes, encarnados por unos
actores y unas actrices exageradamente gesticulantes, se disuelvan
innecesariamente en una maraña de efectos especiales. Un film, por tanto,
descaradamente mediocre que nada aporta al género fantástico actual,
bastante menoscabado de por sí. Aparte
de la excelente ‘Stalingrado’, de Joseph Vilsmaier, que se aparta
ostensiblemente del cine comercial al uso y que, por tanto, no encaja en
un comentario como este, hay en las pantallas chicharreras otras dos películas
que ofrecen un relativo interés: ‘Permanezca
en sintonía’, de Peter Hyams, y
‘El país del agua’, de
Stephen Gyllenhaal. La primera de ellas es una ambiciosa comedia fantástica
que en parte se malogra por la falta de personalidad de su director. El
cine de Hyams –poco más que un artesano más o menos competente, como
todos los que proliferan por Hollywood- se ha caracterizado, salvo
excepciones (‘Capricornio Uno, 1978, o ‘Atmósfera cero’, 1980,
por ejemplo, esta última una interesante transposición al género de
ciencia-ficción del clásico 'Solo ante el peligro’, 1952, de Fred
Zinneman) por reflejar más pretensiones que resultados. En el caso de Permanezcan
en sintonía destacan, como en otras obras de su realizador, más el
excelente guión y la originalidad de la idea argumental que el trabajo
creativo del director, bastante vacilante por regla general en este caso. En
El país del agua ocurre algo parecido: una magnífica historia,
adaptada de una novela de Graham Swift, y un gran guión dan lugar a un
melodrama desigual y bastante falto de ritmo. Se trata del tercer
largometraje de Stephen Gyllenhaal, quien anteriormente había trabajado
en televisión dirigiendo, entre otras cosas, varios episodios de
‘Twin Peaks’, la prestigiosa serie producida por David Lynch.
Gyllenhaal se ha enfrentado en esta película con un argumento sumamente
complicado: el psicoanálisis de un profesor de historia neurótico a través
de las narraciones autobiográficas que hace a sus alumnos. En ciertas
secuencias de este film se consigue encontrar el difícil equilibrio
realidad-fantasía de la ficción original ; la idea, por ejemplo, de
hacer que los alumnos y el profesor se paseen por la infancia de éste
como si de una visita turística se tratase resulta verdaderamente
impactante. Sin embargo, Gyllenhaal no consigue mantener ese ritmo todo el metraje de su película, y la mayoría de las veces navega indeciso de un lado a otro de una historia sumamente intrincada, contribuyendo a dificultar su comprensión y, de paso, al tedio del espectador. Sólo la magnífica interpretación de todos los que intervienen, encabezados por un soberbio Jeremy Irons, salva parcialmente esta cinta básicamente fallida, pero que no carece de momentos verdaderamente sublimes. De todas formas, este director demuestra en ocasiones un talento poco común para sacarle partido a los intérpretes y un indudable sentido del encuadre ; posteriores realizaciones de Gyllenhaal confimarán o no esta diagnosis. El país del agua, en todo caso, raya a bastante altura sobre el resto del cine comercial que se puede ver estos días en las salas tinerfeñas, que por lo general suelen ofrecer pocos alicientes al desesperado cinéfilo isleño. |