DEMENTIA SENILIS (‘La Gaceta de Canarias’, 22-VIII-1993)

 

LA VIDA LACTEA

 

TITULO ORIGINAL:  La vida láctea

NACIONALIDAD:  España-Francia-Alemania

FECHA:   1992 DURACION:  85 min., COLOR

DIRECTOR:  Juan Estelrich Jr

INTERPRETES:  Mickey Rooney, Marianne Sägebrecht, William Hootkins, Emma Suárez

 

 

            La civilización actual tiende cada vez más a reducir a los viejos y a separarlos de los niños. Sin embargo, la vox populi relaciona a menudo la vejez y la senilidad como un retorno a lo infantil. En realidad, el principal síntoma de la ‘demencia senil’, enfermedad mental propia de las personas de edad avanzada, se suele caracterizar precisamente por el hecho de que el anciano no sólo es in- capaz de registrar los sucesos nuevos, sino que poco a poco va borrando progresivamente hacia atrás los recuerdos ya registrados, hasta el período de su infancia. Dicha regresión se manifiesta igualmente, como es sabido, por la reunión obsesiva de objetos disparatados y de poco valor, así como por la pérdida del pudor, por una gula altamente bulímica, etcétera ; una conducta clara- mente pueril, en suma. O sea, que algo tiene de cierto la creencia popular al respecto.

            Según el punto de vista psicoanalítico, la regresión durante la vejez a estados anteriores de la existencia está motivada por la paulatina desaparición de la fase genital. Y, por supuesto, el tipo de retorno y el grado en que se presente dependerá del estado anterior del individuo, de sus relaciones anteriores con los objetos y con el propio yo. Puede afirmarse, en definitiva, que las personas que al verse forzadas a acomodarse por causa de la edad a una situación inferior sean capaces de aceptar dichos cambios físicos y psíquicos llevarán adelante un buen envejecimiento. En otros casos el inevitable proceso tendrá lugar de una manera mucho más dolorosa.

            En ‘La vida láctea’, de Juan Esterlich hijo, se desarrolla una fábula surrealista que pretende ilustrar el fenómeno arriba aludido. Es la ‘opera prima’ de su director, de cuyo padre, también llamado Juan Esterlich, más conocido por su labor como guionista que como realizador de largometrajes, sólo conocemos una obra: ‘El anacoreta’ (1976) ; allí se desarrollaba una temática emparentada con la del film que aquí se comenta. En aquella película, un hombre se refugiaba por causa desconocidas en su cuarto de baño y permanecía allí 11 años para seguidamente vivir una surreal historia de amor con una especie de reina de Saba postiza. El personaje interpretado por Fernando Fernán Gómez en aquella cinta es paralelo al de Mikey Rooney en ésta, y lo mismo ocurre con las protagonistas femeninas, encarnadas por Martine Audran y Marianne Sägebrecht respectivamente.

Esta curiosa película de Esterlich revela evidentes referencias a bastante filmes anteriores, empezando nada menos que por ‘Ciudadano Kane’ (1940), de Orson Welles, pues el protagonista de La vida láctea es, como Kane, un magnate de la industria que había empezado a amasar su fortuna adquiriendo un periódico ruinoso, y el fin de su vida es en cierto sentido similar, hasta ‘Such Good Friends’ (1980), de Otto Preminger –que también ridiculizaba el modus vivendi de la sociedad adinerada-, pasando por ‘Ana y los lobos’ (1972) y su secuela ‘Mamá cumple 100 años’ (1979), ambas de Carlos Saura. Es en este último en quien más se inspira el cine de los Esterlich, y especialmente el del padre, quien participó en la elaboración del guión de algunas de las obras de aquél.

La fantasía surrealista de Esterlich hijo no hubiera podido ser llevada a la pantalla sin contar con un actor de la talla de Mickey Rooney, quien lleva sobre sus espaldas casi todo el peso de la cinta, apoyado siempre por el sobrio buen hacer de la alemana Marianne Sägebrecht, la oronda protagonista de aquel curioso ‘Sugarbaby’ (1974) de Percy Adlon. Rooney, a sus 73 años, sigue siendo el mismo gran profesional que ha sido desde que cumplió 5, y representa su dificilísimo papel en La vida láctea con una espontaneidad y una frescura verdaderamente envidiables ; es uno de esos pocos actores que llenan la pantalla con su sola presencia y que justifican la visión de una película. Posiblemente sea el único actor de su generación capaz de llevar a buen término esa labor.

            Por otra parte, Esterlich, digno heredero del dominio del encuadre y de la dirección de actores -amén de la capacidad para desarrollar con lógica tramas a primera vista disparatadas sin caer en el ridículo- que su padre demostraba en ‘El anacoreta’, demuestra en esta película primeriza su indudable categoría como director. La idea originaria de La vida láctea no podía ser más desproporcionada: un anciano millonario que decide acabar su vida siendo un niño de pecho feliz (curioso caso de demencia senil) ; este núcleo, apropiadamente desarrollado según una lógica surreal, permite al director del film (también coguionista del mismo) reflexionar en voz alta sobre la vida y la muerte, sobre el amor y sobre la familia, como ya había hecho en su momento Carlos Saura en ‘El jardín de las delicias’ (1970), otra de las fuentes de inspiración de esta película.

Llevar hasta sus últimas consecuencias este argumento era, decididamente, una labor de titanes, y haberlo conseguido con éxito demuestra de todas la valía artística de Esterlich, quien no pierde las riendas ni un solo momento a lo largo del accidentado metraje. Un casting extremadamente acertado y un plantel excepcional de actores y actrices, entre los que destaca, aparte de los protagonistas, la joven española Emma Suárez, conducen a buen puerto esta interesantísima coproducción hispano-franco-alemana que, según noticias, va a participar con todos los honores en el próximo Festival de Berlín. Una película, por tanto, totalmente recomendable, que contribuye a animar una programación veraniega muy poco llamativa.

[ATRAS]