LA DECADENCIA DEL CINE FANTASTICO

(‘La Gaceta de Canarias’, 5-IX-1993)

 

MEMORIAS DE UN HOMBRE INVISIBLE

 

TITULO ORIGINAL:  Memoirs of an Invisible Man

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:   1992 DURACION:  95 min., COLOR

DIRECTOR:  John Carpenter

INTERPRETES:  Chevy Chase, Daryl Hannah, Sam Neill, Michael McKean

 

 

            El cine fantástico en general, y especialmente el de procedencia hollywoodiense, está en franco receso ; a partir de los años 70 parece adolecer de una furibunda afección de hemoglobina chorreante, de maquillajes llenos de horror, de aullidos en la noche y de puertas chirriantes que inundan las pantallas, con poco espacio para lo que comúnmente se ha entendido como ‘arte cinematográfico’. Es un cine de usar y tirar, destinado al consumo inmediato, que busca la espectacularidad a todo precio prescindiendo, por supuesto, de toda complejidad literaria. Los intelectuales, por otro lado, que en un principio rechazaban el hecho cinematográfico en su conjunto como formando parte de lo popular, no han sabido o no han querido asumir la poesía inherente a este género cuando está bien realizado –que puede llegar a liberar los más ocultos arquetipos del inconsciente, revelando de paso el verdadero espíritu de nuestra época- más que en fecha muy reciente, y algunos continúan despreciándolo en el fondo.

No hay más que acordarse del éxito multitudinario conseguido por films de la catadura de ‘La matanza de Texas’ (1974), de Tobe Hooper, ‘La noche de Halloween’ (1978), de John Carpenter, ‘Viernes 13’ (1980), de Sean S. Cunningham, y ‘Pesadilla en Elm Street’ (1984), de Wes Craven, entre otros, con sus insufribles secuelas, debidas a perpetradores de la talla de Joseph Zito, Steve Miner o Renny Harlin (éste incomprensiblemente encumbrado a los altares en la Meca del Cine en los últimos años). Algunos de estos productos –especialmente los de Carpenter, Hooper y Craven- no dejan de ofrecer un cierto interés fílmico (notable incluso en contados casos, como ‘La noche de Halloween’, ejemplo paradigmático imitado hasta la saciedad), pero eso no evita la tendencia en estas cintas a caer en el comercialismo más exacerbado, donde todo es válido a la hora de narrar una historia de sangre, locura o muertes horribles.

El caso de John Carpenter es típico de la larga serie de realizadores estadounidenses que, como, por ejemplo, Brian De Palma o Joe Dante, después de haber llevado a cabo algunas obras fílmicas de interés han sido paulatinamente fagocitados por la industria del cine de masas y por el éxito fácil para continuar en una línea más adocenada. Los primeros largometrajes de este director presagiaban (erróneamente) la eclosión de un nuevo creador dentro del campo del fantástico. Su primer film, ‘Asalto a la Comisaría del Distrito 13’ (1976), intentaba con éxito una arriesgada mezcla de géneros cinematográficos: policíaco, terror y western. Luego siguieron la ya citada ‘La noche de Halloween’ (iniciación de la fiebre gore) y la parcialmente fallida ‘La niebla’ (1979), que retomaba una línea poética dentro del cine terrorífico. El resultado de sus trabajos posteriores ha sido desigual: se alternan obras cuasi maestras como ‘La cosa’ (1982) con divertimentos sin interés como ‘Golpe en la pequeña China’ (1986), abundando más los últimos según pasan los años.

            La última película de Carpenter, ‘Memorias de un hombre invisible’, retoma una temática ampliamente tratada por el cine clásico. Desde aquel mítico ‘El hombre invisible’ (1933), de James Whale, seguido por la secuela ‘El hombre invisible vuelve’ (1940), de Joe May, revelación del gran actor Vincent Price, especialista del género fantástico, se han sucedido las realizaciones en este sentido con mejor o peor fortuna. Concretamente se pueden citar dos films titulados igual que el clásico de Whale y dirigidos respectivamente por Raphael Nussbaum (1963) y Antonio Margheriti (1970). La cinta de Carpenter que aquí se comenta bebe de todas esas fuentes y de alguna que otra más, así como de la filmografía previa de su realizador. Memorias de un hombre invisible tiene un arranque que promete bastante más de lo que luego se puede presenciar: comienza con un homenaje a ‘Perdición’ (1944), de Billy Wilder, y de hecho, la historia está estructurada en un largo flash-back, como en esa película y también en ‘El crepúsculo de los dioses’ (1950), del mismo director. Las citas cinéfilas abundan, sobre todo en la primera parte ; tenemos, por ejemplo, una clara referencia a ‘Apache’ (1954), de Robert Aldrich, en la secuencia nocturna en que el protagonista recorre las calles hambriento. Todo ese principio refleja de alguna manera la inocente atmósfera de las películas de serie B de los años 50. Lástima que la buena impresión inicial se malogre rápidamente una vez planteada la trama y presentados los personajes principales. El desarrollo del argumento está totalmente falto de inspiración, y todo queda en una historia sin mucha originalidad que recuerda vagamente a ‘El chip prodigioso’ (1987), de Joe Dante, y en la consabida exhibición de efectos especiales.

            Tal vez el principal error del planteamiento de esta película a nivel de guión radique en el tono de comedia que se ha elegido, hecho que ha obligado a los guionistas a incluir escenas supuestamente jocosas y una serie de personajes más propios de un serial televisivo que de un film fantástico. A todo esto se suma una historia de amor totalmente inverosímil que pretende articularse como un McGuffin, es decir, como un pretexto más o menos absurdo que desencadene la acción, al modo hitchcockiano. Pero la cita de los clásicos no es suficiente para darle fuerza a una historia que hace aguas, y ni los espectaculares efectos especiales de la Industrial Light & Magic ni la eficiente labor de los intérpretes consiguen salvarla. Y eso que Chevy Chase (un gran actor, dígase lo que se diga) hace todo lo posible por parecerse al Fred MacMurray de ‘Perdición’, y Daryl Hannah intenta con todas sus fuerzas darle la contrapartida. Da la impresión de que John Carpenter ha perdido los papeles y ya no consigue ni siquiera acercarse a sus logros de antaño. En este caso concreto no le funciona en absoluto la mezcla de géneros (comedia+fantástico+espionaje), y sólo consigue que el sufrido espectador se haga un lío y acabe desinteresándose por completo de la historia, un argumento que en un principio parecía cuando menos, curioso. La decadencia que en los últimos años esta sufriendo el cine fantástico ha arrastrado a Carpenter en su vorágine, y parece difícil que éste logre recuperarse (si es que lo quiere así), aunque, desde luego, sería deseable que lo consiguiera.

[ATRAS]