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CINE DE AVENTURAS:
INFANTILIZACIÓN PROGRESIVA (‘La Gaceta de Canarias’, 26-IX.1993) EL
ULTIMO GRAN HEROE TITULO
ORIGINAL: The Last Action
Hero NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1993 DURACION: 121 min., COLOR DIRECTOR:
John MacTiernan INTERPRETES:
Arnold Schwarzenegger, Austin O'Brien, Francis Murray Abraham,
Anthony Quinn
Los tiempos van cambiando inexorablemente, especialmente en este
siglo XX tan atribulado, y el cine, espejo de los tiempos, ha de
evolucionar a su vera. El 7o Arte,
por otro lado (en su vertiente más comercial, por supuesto), es la
modalidad artístico-comunicativa que mejor responde a las necesidades de
sublimación de la audiencia ; el público se siente por lo general
identificado con los personajes y las situaciones que presencia en la
pantalla, puesto que por lo general allí se le presentan actos u objetos
que el ciudadano de a pie jamás podrá realizar o conseguir y que le servirán como modelo utópico de comportamiento. En este sentido, ver una
película o presenciar cualquier espectáculo puede ayudar al individuo a
descargar las tensiones que la ajetreada vida ciudadana trae consigo.
Según la psicología, el espectador de cine, en ese proceso de
identificación o catarsis, renuncia por unos instantes a sí mismo ; una operación de transferencia
que tiene bastante en común con la actitud religiosa, por cuanto suele
producir en las personas la tendencia casi irresistible a imitar en la
vida real lo que ha visto desarrollarse en la ficción. Este fenómeno se
debe a lo que ha dado en llamarse una asociación
proyectiva: ante la visión de un film uno no se abandona a impresiones exteriores, ni se interiorizan los comportamientos de los
actores ; más bien son las tendencias personales de cada cual las que
proceden a exteriorizarse y se envían sobre él.
Lo dicho resulta especialmente evidente en relación con el uso y
abuso de la violencia, tanto en el cine como en los demás medios de
comunicación de masas. Esta, por cuanto ha invadido totalmente el género
de aventuras en nuestros días, resulta especialmente interesante en
relación con la temática que aquí se está tratando. Efectivamente, se
observa cómo los mass media
tienden a privilegiar lo espectacular: en la prensa escrita, en la radio y
en la televisión lo que se retiene para presentarlo al público es lo que
se sale de lo ordinario, lo que capta la atención, y la violencia –tanto verbal como física- cumple a las mil maravillas esas cualidades. Lo
que ya no está tan claro es el efecto que esa violencia universalmente
difundida puede producir sobre la audiencia, y la utilización que puede o
debe hacerse de dicho efecto. En ese sentido no es igual que la misma se
utilice en las películas como una estilización o convención (que podrá
llevar a la imitación), o como un efecto de choque (que despertaría
presumiblemente reacciones negativas).
Por ejemplo, se ha comprobado que la violencia situada en un
contexto cotidiano conturba sensiblemente a la juventud, y no lo hace
tanto si se encuentra ubicada en el seno de una acción convencional de
tinte novelesco. También se supone que la superabundancia de escenas
sangrientas en el cine o en la televisión puede llegar a crear una
especie de hábito en el espectador. No es probable que ello sea tan grave
como para despertar a la larga los instintos criminales de la audiencia,
como ha llegado a decirse, pero lo que sí es cierto es que los jóvenes
pueden llegar a hartarse de tanto acto violento de ficción y, como reacción
lógica, desarrollar a nivel inconsciente un mecanismo de defensa: una
especie de indiferencia ante la violencia real, si ésta no les concierne
directamente.
Todas estas teorías que aquí se han expuesto parecen constituir
la idea primigenia que subyace al guión de ‘El
último gran héroe’, de John McTiernan, aunque en realidad la película
se halla tan entremezclada con otros elementos (entre ellos la propia
violencia fílmica) que en la mayoría de las ocasiones resulta bastante
complicado desvelarla. De hecho, el director pretende a todas luces
criticar en esta película toda la interminable sarta de filmes de
contenido violento y fascistoide que se han podido ver en las últimas décadas,
protagonizadas algunas de ellas incluso por Arnold Schwarzenegger, que aquí
procede a satirizarse a sí mismo, junto con Sylvester Stallone, Chuck
Norris, George Segal y el resto de los ‘superhéroes’ de la pantalla.
Lo que habría que dilucidar, en todo caso, sería el complicado tema de
si El último gran héroe
funciona realmente como una crítica de un cierto tipo de cine, o si,
por el contrario, no contribuye a más bien a difundir de una forma más
o menos humorística ese género de cintas.
Lo que sí hay que reconocer es que McTiernan sigue conservando de
momento su envidiable habilidad para instrumentar secuencias de acción
desenfrenada sin perder el ritmo ni un solo instante. Este director es aún
relativamente novel en el largometraje ; tan sólo cuenta en su haber con
cinco realizaciones para la pantalla grande, desde aquel curioso híbrido
entre película de acción y film de terror titulado ‘Depredador’
(1987), especie de remake de una
película anterior dirigida por Greydon Clark y titulada ‘Llegan sin
avisar’ (1980), hasta la que aquí se comenta, pasando por ‘La
jungla de cristal’ (1987), una impactante película de suspense, ‘La
caza del Octubre Rojo’ (1990), aventuras submarinas durante la Guerra Fría,
y ‘Medicine Man’ (1992), una diatriba filosófica acerca del método
científico en el marco incomparable de la selva tropical. Y en vista de
esta relación, parece ser que este realizador no tiene por ahora la
intención de cambiar de género fílmico, teniendo en cuenta los
resultados conseguidos. El punto de partida de El último gran
héroe es prácticamente el mismo que el de ‘Cinema Paradiso’
(1988), de Giuseppe Tornatore, sólo que adaptado a la mentalidad de los
nuevos tiempos: el niño protagonista no alucina ya con el cine
neorrealista italiano y los clásicos de Hollywood, sino que sus
preferencias tiran más hacia las películas de acción de los 90, con
Schwarzenegger y similares (que, créase o no, se hacen pensando en una
hipotética audiencia más bien infantil). El siguiente paso de la trama
consiste en conseguir entrar en una de esas cintas ; y la referencia más
directa de semejante giro argumental es, por supuesto, Woody Allen y su
‘La Rosa Púrpura del Cairo’ (1985), pero se pueden rastrear
influencias mucho más antiguas, empezando por el antecedente primigenio
de aquella película: ‘El moderno Sherlock Holmes’ (1924), de Buster
Keaton. La técnica de efectos especiales, por otro lado, empleada para
sugerir el cambio de dimensión remite, sin embargo, a ‘Ghost’ (1991),
de Jerry Zucker ; todo el metraje de El
último gran héroe consiste básicamente en una serie de citas cinéfilas,
especialmente referentes a cintas de acción, género del que sin duda
forma parte. La principal objeción que se le puede poner a esta película ya ha sido enunciada: que no queda claro si el director, John McTiernan, pretendía hacer con ella una crítica de los films de acción hiperviolentos o, por el contrario, su intención consistía más bien en hacer veladamente propaganda de los mismos. Sea como sea, el resultado es un producto muy divertido, donde la acción y el humor no decaen un solo fotograma, y si eso es lo que en el fondo quería lograr el director (a saber: hacer pasar un buen rato a la audiencia), entonces se la puede considerar como un auténtico éxito. Incluso como film de acción, cosa que indudablemente es, El último gran héroe está bastante por encima de la gran mayoría de las películas de género que satiriza. Sobre todo, aparte de la perfección de los efectos especiales, que ya no sorprenden demasiado, resulta grato comprobar en esta cinta cómo Arnold Schwarzenegger, a quien nadie auguraba hace algunos años un futuro muy brillante como actor, ha progresado en lo que a su técnica de actuación de refiere. También raya a gran altura el veterano Anthony Quinn, quien representa un papel de mafioso parecido al que ya había hecho en ‘Revenge’ (1990), de Tony Scott, como homenaje a aquella película, una de las innumerables a que se hace referencia en la aquí comentada. |