TRES MUESTRAS DE CINE DE ACCION

(‘La Gaceta de Canarias’, 17-X-1993)

 

EL FUGITIVO

 

TITULO ORIGINAL:  The Fugitive

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:   1993 DURACION: 128 min., COLOR

DIRECTOR:  Andrew Davis

INTERPRETES:  Harrison Ford, Tommy Lee Jones, Sela Ward, Jeroen Krabbe

 

 

SLIVER

 

TITULO ORIGINAL: Sliver

NACIONALIDAD: USA

FECHA: 1993 DURACION: 109 min., COLOR

DIRECTOR: Phillip Noyce

INTERPRETES: Sharon Stone, William Baldwin, Tom Berenger, Martin Landau

 

 

EL MARIACHI

 

TITULO ORIGINAL:  El Mariachi

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:   1992 DURACION:  80 min., COLOR

DIRECTOR:  Robert Rodríguez

INTERPRETES:  Carlos Gallardo, Consuelo Gómez, Reinal Martínez, Peter Marquard

 

 

            El género de acción, ya sea policíaco o de aventuras, en el cine comercial actual está sufriendo un proceso al parecer imparable de infantilización. La influencia del medio televisivo, la calidad de cuyos programas va bajando por momentos, tiende a disminuir correlativamente los nive- les de exigencia por parte del público de las salas cinematográficas, que va incluyendo sectores de población progresivamente más jóvenes, en función de las evoluciones del mercado. De esta manera, aquellas historias superficiales y sin sustancia que antes sólo se toleraban en la pequeña pantalla se han ido trasplantando sin más a la pantalla grande, y aquellas pocas películas que revistan una mayor profundización en situaciones y personajes son rechazadas sistemáticamente por la audiencia. Esta circunstancia dificulta sobremanera la labor del crítico, al no encontrar éste por lo general obras fílmicas que merezcan un comentario.

            La época postestival coincidía hasta hace relativamente poco tiempo con el regreso de los grandes estrenos, de los cuales al menos algunos merecían los tres meses largos de espera. Hay esa característica ha dejado de ser común, especialmente en cines de provincia, y los pocos filmes de la cartelera nacional dignos de una visión y eventualmente de una reflexión crítica por lo general no salen de las grandes capitales, y habría que desplazarse a Madrid o Barcelona para poder visionar unos productos que, como mucho, tal vez lleguen a la periferia en ciclos especializados o por televisión, con bastante retraso en este último caso. El cinéfilo provinciano, por tanto, debe conformarse con producciones de segunda fila, que sólo en contadas ocasiones van revestidas de algún interés desde el punto de vista fílmico. En consonancia con lo dicho, los tres filmes a que se refiere este comentario no son, desde luego, obras maestras de la cinematografía, pero se destacan por una razón u otra del resto de la programación.

            En primer lugar está ‘El fugitivo’, de Andrew Davis, un revival de la famosa serie televisiva de los años 60. Triste debe ser la situación de la industria cinematográfica si se tiene que recurrir a un material de procedencia televisiva ante la falta de ideas argumentales. Por otro lado, esta práctica no es nueva en el cine norteamericano ; ya se había iniciado en 1987 con ‘Los intocables de Elliott Ness’, de Brian de Palma, una más bien mediocre adaptación de un también añejo serial de la pequeña pantalla. En el caso aquí tratado el resultado ha sido algo más halagüeño. Andrew Davis, un especialista de films de acción, ha conseguido su mejor película hasta el momento. Hasta nosotros habían llegado hasta el momento dos ejemplos de su quehacer: un subproducto macho-heroico  -‘Por encima de la ley’ (1988)- al servicio del actor George Segal, émulo de Stallone y Schwarzenegger, y ‘A la caza del lobo rojo’ (1989), una interesante cinta de espionaje ambientada en la Guerra Fría. En esta última ya se iban perfilando las cualidades de Davis como buen narrador de historias y su aceptable control del ritmo cinematográfico.

            La versión de Davis de El fugitivo retoma el aspecto más interesante de su modelo (un excelente serial, por otra parte): la eterna huida ante el acoso de la justicia del médico Richard Kimble, injustamente acusado del asesinato de su esposa, y la búsqueda y captura del verdadero asesino. Se prescinde, acertadamente, de la parte costumbrista y moralizante de aquellos episodios, que eternizaban la acción en innumerables capítulos y dilataban el desenlace final, desviando con suma habilidad la atención del público de la trama principal. En la versión cinematográfica se insiste en la vertiente más netamente policíaca del relato, lo cual confiere a la película un ritmo endiablado, que no se pierde en un solo fotograma de la proyección. La eficiente actuación de los protagonistas, encabezados por un excelente Harrison Ford, coadyuva a llevar a buen puerto este producto fílmico.

            En una línea parecida se mueve ‘Sliver’, de Philip Noyce, un aceptable thriller de suspense. Este director, de procedencia australiana, se dio a conocer con ‘Clama total’ (1988), una impactante película que ponía en imágenes de forma muy inteligente el guión de un film inacabado de Orson Welles, adaptación de una novela de Charles Williams. Su siguiente película fue ‘Furia ciega’ (1989), que, aunque caía descaradamente en la moda del cine hiperviolento de artes marciales, tenía el acierto de inspirarse en cierto cine japonés de acción, concretamente en el personaje Zato-Ichi, protagonista de una conocida serie nipona de este tipo de filmes. La adaptación de historias japonesas a ambientes occidentales casi siempre ha dado buenos resultados, y recuérdense a este respecto ‘Los siete magníficos’ (1960), de John Sturges, y la cinta que inició el ‘spaghetti-western’, ‘Por un puñado de dólares’ (1964), de Sergio Leone, entre otros ejemplos. Sliver, por su parte, no se puede considerar como una gran película, pues está lastrada por bastantes fallos de guión: el desenlace es demasiado precipitado, y el personaje interpretado por Tom Selleck no resulta muy creíble ; sin embargo, se eleva muy por encima de otros films similares estrenados en los últimos años.

             La otra película que aquí se va a comentar es ‘El mariachi’, de Robert Rodríguez. Gran parte de la crítica nacional e internacional está glorificando a este film y a su director, que se estrena con este producto como realizador de largometrajes, como un nuevo valor para el cine independiente de los EE.UU. Se ensalza la supuesta frescura de sus imágenes, y sobre todo el hecho de que se haya conseguido llevar a cabo un producto tan digno con un presupuesto tan reducido. Todo eso, en opinión de este crítico, no son más que palabras. El mariachi no es, en realidad, más que un thriller muy violento sin la más mínima entidad cinematográfica: la historia hace aguas por cualquier lado que se la mire, el trabajo de los actores resulta detestable, y la realización cae en todos los defectos del amateurismo, desde los fallos de continuidad a los movimientos de cámara gratuitos, con un steady-cam cuya utilización sobra en la mayor parte de los planos, y se abusa de los objetivos ‘ojo de pez’. Es, pues, explicable que nadie en Hollywood quisiese hacerse cargo de la producción de este engendro, y que Rodríguez tuviese que sufragar los gastos del proyecto de su propio bolsillo. Las buenas críticas recibidas le abrirán presumiblemente al novel realizador chicano las puertas de la industria fílmica, y cualquiera sabe lo que es capaz de perpetrar con más medios. Sus próximas obras darán cumplida respuesta a este interrogante.

[ATRAS]