ECOSISTEMAS INCOMPATIBLES

(‘La Gaceta de Canarias’, 31-X-1993)

 

PARQUE JURASICO

 

TITULO ORIGINAL: Jurassic Park

NACIONALIDAD: USA

FECHA: 1993 DURACION: 120 min., COLOR

DIRECTOR:  Steven Spielberg

INTERPRETES:  Richard Attenborough, Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum

 

 

            Steven Spielberg se ha convertido con los años –al margen de la calidad o no calidad de su obra fílmica, la cual es, por supuesto, discutible- en un personaje verdaderamente especial. Su reciente y solemne devolución al cineasta francés Maurice Pialat de un trofeo que éste había subastado años atrás lo define como un redomado showman a la americana que siempre sabe ganarse a la audiencia, ocurra lo que ocurra. Esa innegable cualidad de hombre-espectáculo le ha sido echada en cara desde siempre por gran parte de la crítica, que nunca ha sido capaz de perdonar a este realizador norteamericano su insólita habilidad para atraer el dinero hacia su cuenta corriente. Su obra fílmica ha sido sistemáticamente diseccionada y analizada, y esta circunstancia ha traído consigo que su valor intrínseco como director de cine haya sido, paradójicamente, sobrestimado, pero a la vez subestimado, y que nunca se le haya sopesado en lo que realmente vale.

            Durante los años 70, coincidiendo con sus primeras realizaciones para la pantalla grande, Spielberg era aclamado casi unánimemente por el supuesto “vigor, dinamismo y brillantez” de su cine, unas películas en las que, igual que en las actuales como ‘Parque Jurásico’, se destacaba la ironía y el paternalismo hacia el espectador, a quien siempre intentaba sorprender. Se le consideraba un preclaro representante del cine típicamente californiano, con sus personajes directos, crédulos y sin complejos, inspirados en el americano medio, un estilo totalmente opuesto al pretendido intelectualismo de los cineastas de las costa Este. Todo eso no parecían características expresamente negativas a la crítica cinematográfica de aquel entonces ; simplemente se trataba de un director netamente comercial, pero de indudable competencia técnica, que había sabido asimilar perfectamente todo lo aprendido durante su larga etapa televisiva.

            Las cosas empezaron a cambiar cuando se pudo comprobar que Spielberg no tenía la menor intención de abandonar su línea estética y que, para colmo de males, cada vez obtenía mayor éxito entre el público, tanto con su producción propia como con los filmes que bajo su égida eran llevados a cabo por otros directores. Fue entonces cuando comenzó a hablarse despectivamente del estilo Spielberg y a asimilarlo a un ‘subgénero’ destinado principalmente al público infantil y que escudaba su falta de ideas en una profusión innecesaria de efectos especiales, realizados, eso sí, con una pericia técnica verdaderamente envidiable. El hecho concreto de que entre muchas películas de poco valor artístico (que, desde luego, respondían a lo arriba descrito en su mayor parte) Spielberg produjera asimismo obras de gran interés fílmico como ‘Los sueños’ (1990), de Akira Kurosawa, por ejemplo, sin ir más lejos, cuando ningún otro productor se prestaba a respaldar financieramente el proyecto del japonés, no pareció contradecir aquella impresión general sobre el director-productor yanqui.

            Lo que desde luego está claro es que Spielberg, como se ha indicado más arriba, nunca ha pretendido revolucionar el lenguaje cinematográfico, ni hacer análisis trascendentes de la realidad socioeconómica a través de sus filmes. Por eso no es viable enfocar la crítica de sus realizaciones comparándolo con Pudovkin, por ejemplo, como alguno ha hecho. Tan sólo ha querido contar historias, y hay que reconocer que eso sabe hacerlo a las mil maravillas ; siempre coloca la cámara en el lugar adecuado en el momento adecuado, y sus películas, salvo pocas excepciones realmente desafortunadas, como ‘1941’ (1979) o ‘Hook, el Capitán Garfio’ (1991), por ejemplo, están dotadas de ese ritmo mágico que provoca irremisiblemente un estado de ‘catarsis’ en el espectador. Puestos a compararlo con alguien, habría que recurrir a los grandes artesanos del Hollywood de los años 40 y 50, que sin ser grandes creadores eran capaces de hacer películas maravillosas en cualquiera de los géneros fílmicos: Siodmak, Garnett, Dwann, etc.

            Steven Spielberg, “un entusiasta del cine desde su infancia”, como lo describe Ephraim Katz, inició su andadura artística realizando películas caseras en 8 mm., y a los 12 años dirigió su primer film de ficción. A los 13 ganó un concurso de cine ‘amateur’ con ‘Escape to Nowhere’, y tres años más tarde completó ‘Firefight’, un pretencioso largometraje de 140 minutos, también en formato subestándard. Realizó sus estudios de cinematografía en el California State College, y su debut profesional lo hizo con ‘Amblin’’(1969), un cortometraje que fue proyectado en el festival de Atlanta de ese año (en ese título se inspira el nombre de la actual productora de Spielberg: Amblin’ Entertainment) ; el éxito de éste redundó para el realizador en un contrato con la Universal y con una cadena televisiva, para la cual rodó diversos largometrajes, entre los los que figuran ‘Night Gallery’ (1969) y el más tarde famoso ‘El diablo sobre ruedas’ (1971), amén de episodios varios de diversas series (‘Marcus Welby’, ‘Colombo’, etc.).

            El primer largometraje de este realizador para la pantalla grande fue realizado en 1974. Se trata de ‘Loca evasión’, y su multitudinario éxito trajo consigo que se le encargara la puesta en imágenes del bestseller literario ‘Tiburón’. La película, estrenada en 1975, cimentó la fama de Spielberg, que a partir de entonces fundó su propia productora, en conjunto con el también cineasta George Lucas ; este empresa ha servido, ante todo, para difundir, en multitud de producciones de variable interés desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, algunas de ellas dirigidas por el propio productor, los efectos especiales llevados a cabo con innegable maestría por su filial Industrial Light & Magic, que ha revolucionado ese campo de tratamiento de la imagen, llevando a la casi-perfección la larga serie de descubrimientos técnicos ya anunciados, desde décadas anteriores, por genios de la talla de Ray Harryhausen, animador de muchas producciones fantásticas de los años 60 y 70, y Eiji Tsuburaya o Akira Watanabe, artífices de los famosos monstruos japoneses de innumerables películas.

            Lo mismo que ‘En busca del Arca perdida’ (1981), por ejemplo, remitía, desde otro registro, al cine de aventuras de serie B de los años 40, Parque Jurásico se refiere igualmente a épocas pretéritas del 7o Arte, precisamente a aquellas películas ‘de monstruos’ que se mencionan más arriba. El referente directo y explícito es, por supuesto, ‘Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra’ (1970), de Val Guest, vehículo de lucimiento del gran Harryhausen producido por la productora inglesa Hammer Film, al igual que su antecesora ‘Hace un millón de años’ (1966), de Don Chaffey, rodada en exteriores de las Islas Canarias. Sin embargo, la atmósfera que se respira en la última realización de Spielberg es similar a la del original en que se inspiraba el film de Chaffey, una oscura producción de bajo presupuesto con el mismo título rodada por Hal Roach en 1940. En todas esas películas, lo mismo que en la de Spielberg, la profundidad argumental y la descripción de personajes era sacrificada en aras de una mayor fluidez narrativa y de la exhibición de efectos especiales.

Spielberg, lo mismo que en algunas de sus mejores realizaciones, de las que forma parte ciertamente Parque Jurásico, continúa haciendo guiños al espectador cinéfilo, el cual deberá descubrir, a lo largo de una trama intensa que no pierde ritmo un solo segundo, qué añeja película se está imitando en cada secuencia, y los diálogos no siempre resultan de mucha ayuda: desde ‘King Kong’ (1933), de Ernest B. Shoedsack y Merian C. Cooper, hasta ‘La fiera de mi niña’ (1938), de Howard Hawks, pasando por ‘Planeta prohibido’ (1956), de Fred McLeod Wilcox, entre otras, además de las ya nombradas. El elenco artístico se limita a servir profesionalmente de guía en esa exhibición de efectos especiales y animación ; puestos a destacar a alguien, habría que referirse al siempre excelente Jeff Goldblum y al entrañable Richard Attenborough (bastante mejor actor que director de cine), éste último componiendo un clásico mad doctor simpático y bienintencionado. La eficiente música de John Williams aporta, sin estridencias inútiles, el necesario contrapunto a la trepidante acción.

[ATRAS]