|
MAS MUJERES AL BORDE (‘La Gaceta de Canarias’,
28-XI-1993) KIKA TITULO
ORIGINAL: Kika NACIONALIDAD:
España-Francia FECHA:
1993 DURACION: 115 min., COLOR DIRECTOR:
Pedro Almodóvar INTERPRETES:
Victoria Abril , Peter Coyote, Verónica Forqué, Alex Casanovas
Nuestro ínclito manchego continúa siendo lo que siempre ha sido:
un dilettante, una especie de
niño no tan prodigioso que aspira a ser director de cine cuando sea
mayor. El relativo fracaso de sus dos últimas películas, ‘¡Atame!’
(1989) y ‘Tacones lejanos’ (1993) –más la segunda que la primera,
desde luego- le han demostrado respectivamente que de momento no es, ni
mucho menos, ni un William Wyler ni un Douglas Sirk. Algo más de suerte
tuvo hace algunos años intentando emular al gran Fassbinder con ‘La ley
del deseo’ (1986), que entusiasmó a gran parte de la crítica de este
país, mientras que para otro sector no de trataba más que de un “reciclaje
‘gay’ del más típico folletín”, sin la menor coherencia dramática
ni fílmica. El caso es que Almodóvar ha optado, en su último
producto, por una retirada estratégica hacia el género que,
demostradamente, se le ha dado mejor desde sus inicios: el de la
‘comedia de situación’.
Efectivamente, los mayores éxitos de la desigual filmografía de
Pedro Almodóvar, desde las coyunturales y mediocres ‘Pepi, Luci, Bom y
otras chicas del montón’ (1980) y ‘Laberinto de pasiones’ (1982),
que en su momento lograron, eso sí, ‘epatar’ al respetable e hicieron
correr ríos de tinta –tanto a favor como en contra, todo hay que
decirlo-, hasta las más elaboradas ‘¿Qué he hecho yo para merecer
esto?’ (1984) y ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ (1988),
han sido precisamente comedias, y todas con un esquema argumental
parecido: una serie de personajes excéntricos y dislocados (mujeres en
su mayor parte) girando en torno a una pareja protagonista para tejer
una trama no demasiado coherente, pero sí divertida por lo absurdo de las
situaciones planteadas. ‘Kika’
constituye la última entrega de esta faceta almodovariana, y como tal no
presenta en realidad nada nuevo, sino que bebe de las mismas fuentes que
las anteriores. Las comedias de Almodóvar están, si duda, directamente emparentadas con el
género que aparentemente pretenden subvertir: la comedia madrileña. Esta
surgió a partir de mediados de los años 70 de la mano de directores como
Fernando Colomo y Fernando Trueba, cuyas primeras realizaciones,
‘Tigres de papel’ (1977) y ‘Opera prima’ (1980) respectivamente,
hicieron concebir entre los cinéfilos falsas esperanzas en la renovación
del género en nuestra cinematografía ; en realidad se trataba de una
falsa alarma, y salvo honrosas y muy escasas excepciones no ha habido una
tal mejoría de calidad en el cine español de consumo de los últimos años.
Almodóvar, a pesar de todo lo que se haya podido decir, se mueve prácticamente
en la misma línea que aquellos directores ; la única diferencia radica
en los temas tratados en sus películas, donde su mentalidad postmoderna,
que trabaja sobre personajes de extracción marginal, recurre
decididamente a lo soez, vulgar y chabacano, intentando convertir todo
ello en un universo personal. Es lástima que el conocimiento que el
realizador posee del lenguaje fílmico y de las técnicas narrativas no
esté a la altura de sus pretensiones expresivas ; generalmente es
bastante más lo que pretende que lo que en realidad consigue en sus películas.
Kika constituye un caso
flagrante en ese sentido. Almodóvar ha intentado repetir el éxito fácil
de ‘Mujeres ...’ componiendo un presuntamente explosivo cóctel a base
de elementos tomados de previos éxitos suyos, amén de la ya
acostumbrada referencia a algún clásico del 7o
Arte ; en esta ocasión le ha tocado el turno a ‘El merodeador’
(1951), de Joseph Losey, lo mismo que en ‘¿Qué he hecho yo ...?’ había
sido ‘Cordero para cenar’ (1959), un corto televisivo realizado por
Alfred Hitchcock, y en ‘¡Atame!’ era ‘El coleccionista’ (1965),
de William Wyler, por ejemplo. El realizador, igual que en ‘Mujeres
...’, ha desarrollado su trama más o menos cómica sobre una base típicamente
melodramática ; así, el personaje del escritor norteamericano psicópata
interpretado por Peter Coyote en este film viene a ser un émulo del
torero desquiciado encarnado por Eusebio Poncela en ‘Matador’ (1986),
y al de Victoria Abril se le pueden detectar bastantes paralelismos con el
de Asumpta Serna en aquella misma película. Verónica Forqué, por su
parte, ha venido a reemplazar, brillantemente, el lugar que en anteriores
productos almodovarianos ocupaba Carmen Maura.
El éxito de Almodóvar en las películas que han inspirado a Kika
estribaba más que nada en haber sabido mezclar sabiamente los
ingredientes cómicos con los melodramáticos, y pasar de uno a otro género
con renovada habilidad. No se sabe si aquellos logros fueron casuales o
premeditados, pero el caso es que en la película que ahora se comenta
la fórmula no ha dado el resultado apetecido. Mucho más que en
anteriores obras de Almodóvar, en Kika
lo que más resaltan son los elementos chabacanos y vulgares, y no
ciertamente como detalles épatantes
(ya no nos asombramos de nada, y todo suena a deja
vu), sino en su propia vulgaridad, descaradamente aprovechada por el
realizador con fines comerciales. Está claro que los diálogos soeces,
que excitan los instintos primarios, no molestan a nadie en este país,
cuya población usa cotidianamente ese tipo de expresiones, sino que dan
risa ; algo parecido ocurrió en su momento en el estreno en España de
‘El exorcista’ (1973), de William Friedkin, la truculencia de cuyos diálogos,
pensada en un principio para provocar horror y asco en el espectador
–cosa que, por otro lado, se consiguió en casi todas partes-,
desataron, ante la sorpresa de algunos, la hilaridad de la audiencia
carpetovetónica. Otro elemento criticable a la hora de enjuiciar el último trabajo de Almodóvar lo constituye, en opinión de este crítico, el hecho de haberse doblado los diálogos de Peter Coyote, un actor de origen latino que, como es lógico y, además, puede comprobar cualquiera que se moleste en seguir en la pantalla el movimiento de sus labios, habla perfectamente el castellano. Su personaje, un escritor norteamericano radicado en España y que no domina demasiado el idioma, resulta redobladamente inverosímil (ya lo es bastante de todas formas, debido a las incongruencias del guión) al expresarse sin ningún género de acento extranjero. La película está llena de detalles negativos de ese tipo, y no basta para disimularlos el interminable desfile de personajes extravagantes, pero que en su mayoría nada agregan al desarrollo de la acción fílmica. Un ejemplo de esto es el caso del violador, un ex-actor de cine porno que, aparte de estar totalmente de sobra en la trama, parece sacado de una de las últimas producciones de Bigas Luna, cuyo cine, por cierto, se está apropiando a pasos agigantados las peores características del de Almodóvar, y lo mismo ocurre al revés con el manchego, que también se inspira en ocasiones en las películas de aquél, como ha vuelto a ocurrir aquí. |