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GORRIONES PSICOPOMPOS (‘La Gaceta de Canarias’, 5-XII-1993) LA
MITAD OSCURA TITULO
ORIGINAL: The Dark Half NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1992 DURACION: 119 min., COLOR DIRECTOR: George A. Romero INTERPRETES: Timothy Hutton,
Amy Madigan, Michael Rooker, Julie Harris
Desde la Antigüedad subsiste la creencia de que algunos animales poseen
facultades psíquicas extrasensoriales y que en ciertos ámbitos incluso
exceden a los humanos en ellas. Homero, por ejemplo, hablaba de perros con
capacidad de ver espíritus, y modernamente se habla de casos de psi-trailing
(telepatía o clarividencia) entre los animales y el hombre. De entre todo
el reino animal son objeto de especial interés en este sentido los pájaros:
todo ser alado ha sido desde siempre considerado como un símbolo de
espiritualización, algo así como un intermediario entre los poderes
superiores y el hombre. Esta simbología no tiene por qué ser
necesariamente positiva ; los pájaros, sobre todo cuando van en bandada,
pueden revestir significados malignos: fuerzas en disolución, pululantes,
inquietas, indeterminadas, rotas. Así, los siniestros pájaros que se
elevan del lago Estinfalo en el mito de Hércules figuran los deseos
perversos y múltiples que surgen en un alma estancada. La película de George A. Romero ‘La
mitad oscura’ (1992) llega a nuestra pantallas con un año de
retraso. Es una adaptación de un relato de Stephen King, un autor
profusamente trasladado a la pantalla, y juega con la idea arriba
expuesta: la de que ciertas aves –los gorriones, concretamente- actúan
como intermediarios de las fuerzas del mal, transportando en el momento
adecuado las almas de los condenados hacia su irrevocable destino. Por
otro lado, el film nos presenta esta eterna lucha entre el bien y el mal
en la figura de las dos personalidades antagónicas de un escritor, una
real y otra imaginaria, que pugnan por sobrevivir. Al revés que
en Pirandello, aquí no se trata de personajes en busca de autor, sino más
bien de un autor ficticio (un simple seudónimo) cuya precaria
existencia se sostiene únicamente en virtud de los avatares que
acontezcan a sus personajes. El argumento desarrolla, en definitiva, un
caso extralimitado de esquizofrenia, una nueva revisitación del mito
stevensoniano del Dr. Heckyll y Mr. Hyde, algo parecido a ‘En nombre de
Caín’, la última realización de Brian de Palma, ya comentada en
esta página, o también, aunque en otro registro, ‘Ghost’ (1990), de
Jerry Zucker.
El caso del realizador George A. Romero constituye un ejemplo típico
de la paulatina degradación estética y de la concomitante falta de
inspiración por las que está pasando actualmente el cine fantástico.
Aclamado universalmente por su primera película, ‘La noche de los
muertos vivientes’ (1968), un film experimental de ‘serie B’ que
resultó ser uno de los títulos más importantes del cine de terror de
todos los tiempos, su producción posterior no respondió en absoluto a
las expectativas depositadas en él por la crítica y público. Ya en
aquel film, uno de los predecesores del después ubicuo género gore
y que fue –cómo no- objeto de innumerables secuelas, a cuál más
execrable, se empezaba a notar la tendencia de su director hacia la
truculencia, que luego desarrollaría en posteriores realizaciones, cada
vez con menor interés cinematográfico. El declive ha culminado con la
película que aquí se comenta, donde cualquier recuerdo de la pasada
gloria de Romero ha quedado definitivamente borrado.
La segunda película de Romero proyectada en este país fue
‘Martin’ (1977), emitida recientemente por televisión, un film casi
maldito que incide en la temática del vampirismo, ambientado en tiempos
actuales, con buenos efectos especiales de Tom Savini, quien más tarde,
en 1990, dirigiría el remake de
‘La noche de los muertos vivientes’, actuando el director del original
como guionista. Le sigue ‘Zombi’ (1978), una vuelta, algo más
truculenta, al asunto tratado en su primera película, esta vez en
colaboración con Dario Argento, uno de los principales representantes del
ghiallo
italiano. Tras ‘Los caballeros de la moto’ (1981), un intento de
actualización del mito de la Mesa Redonda, Romero llevó a cabo su
primera colaboración con el escritor Stephen King: ‘Creepshow’
(1982), una interesante película de sketches,
Con ‘El día de los muertos’ (1985) se inicia el declive de este
realizador, que no consigue repetir sus pasados éxitos. Algo parecido ocurre con ‘Atracción diabólica’ (1988) y ‘Los ojos del diablo’
(1989), nueva colaboración con Dario Argento, así como La
mitad oscura, aquí comentada.
La peor característica de La
mitad oscura, un film radicalmente fallido, reside en la falta de
equilibrio entre pretensiones y resultado palpable ; una temática en sí
atractiva da lugar, merced a la inoperancia de los guionistas (Stephen
King incluido), a un argumento decididamente aburrido. La base de toda la
película parece radicar en las escenas violentas, aquellas en que
supuestamente actúan las fuerzas del más allá, bastante bien rodadas
por Romero (curiosamente sin recurrir en demasía a lo sangriento, como
podía esperarse de él, sino únicamente sugiriéndolo), pero mal engarzadas entre sí: la única visión de conjunto está encomendada a unos
diálogos absurdos, cargantes y excesivamente explícitos, repletos de
referentes televisivos, donde todo lo que ocurre en la trama es explicado
repetidamente para que todo el mundo lo entienda y, lo que es más grave aún,
el espectador adivina casi siempre con antelación lo que se va a decir.
Los efectos especiales, que parecen ser otra de las bazas esgrimidas ante
el público, se limitan a algunas secuencias con bandadas de pájaros y
a la truculenta gran apoteosis final, inspirada, por supuesto, en escenas
similares de ‘Los pájaros’ (1963), de Alfred Hitchcock, y sin
conseguir un resultado mejor que en aquel film, pese a los medios informáticos
empleados en su elaboración. Hay que destacar únicamente la titánica labor desempeñada en esta desdichada película por el protagonista Tim Hutton, el cual hace denodados esfuerzos por hacer creíble su doble personaje (y generalmente lo consigue, pese a los pocos elementos dramáticos con que cuenta el guión. Este excepcional actor está ya metido en el mundo de la farándula desde muy joven ; apareció en un pequeño papel al lado de su padre, Jim Hutton, en ‘El bebé de la discordia’ (1965), de Bud Yorkin, a la edad de 5 años. Tras varios años actuando en televisión fue contratado por Robert Redford para ‘Gente corriente’ (1980), film por el que Hutton fue galardonado con el Oscar al Mejor Actor Secundario. Su carácter introvertido, tímido y reflexivo hace que confiera a todas sus interpretaciones, aparte de una innegable solidez, un aire grave y trascendente, recuérdese a este respecto su magistral versión del aristócrata ruso en ‘El año de las lluvias torrenciales’ (1989), de Jerzy Skolimowski, entre otras muchas interpretaciones, excelentes todas ellas. |