|
UN ORIENTE AMERICANIZADO (‘La Gaceta de Canarias’, 26-XII-1993) ALADDIN TITULO
ORIGINAL: Aladdin NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1992 DURACION: 88 min., COLOR DIRECTOR: John Musker, Ron
Clements INTERPRETES:
Dibujos animados
El cinéfilo que se mete a ver una nueva película de dibujos
animados procedente de la Disney siempre entra en la sala con la legítima
esperanza de disfrutar de una obra maestra de ese difícil género
cinematográfico. De hecho, en la mayoría de las ocasiones ese anhelo se
ve cumplidamente compensado en este sentido. Recuérdense, si no, la casi
totalidad de las películas producidas por esa casa después de la muerte
del maestro en 1966, desde aquella maravillosa ‘Los aristogatos’ (1970)
hasta la recentísima ‘La bella y la bestia’ (1992). Fue una interminable
serie de entrañables films que confirmaban que los
sucesores de Disney continuaban fieles a sus directrices artísticas,
aunque, eso sí, teniendo muy en cuenta la evolución intelectual del público
procedente de las nuevas generaciones que iban surgiendo, y siempre dando
inimitables lecciones de virtuosismo técnico en esta modalidad. La maestría técnica desarrollada por Walt Disney y sus acólitos es tan
superior a la del resto de los artistas de la animación, que todos ellos
han tenido que optar por modalidades experimentales, lo que, por
supuesto, no les ha permitido montar un emporio comercial tan grandioso
como el de aquél. Ya desde los primeros disidentes de la UPI, entidad
surgida en realidad como un subproducto de la Disney y convertida luego en
su más activa competidora, sobre todo en el campo televisivo, los
animadores –tanto americanos como europeos- tuvieron que arreglárselas
para desarrollar estilos radicalmente distintos de los practicados por el
maestro. En el caso de la UPI consistió simplemente en estilizar hasta el
máximo la trama argumental de la películas para multiplicar los gags
y la violencia ; esta última era casi inexistente en la obra disneyana.
Los animadores europeos, por su parte, han optado por una línea
totalmente vanguardista y alejada de las masas, por lo que no constituyen
en realidad ninguna competencia seria a los artífices americanos, ni lo
pretenden. Por otro lado, el hecho de que los animadores de la Disney
hayan siempre optado, como se ha visto, por el negocio seguro, adaptándose
cual camaleones a la nueva mentalidad del público, no deja de conllevar
un peligro desde un punto de vista estético. Porque, efectivamente, los
gustos de los más jóvenes (a los que principalmente van dirigidos estos
productos) y de los no tan jóvenes han alcanzado en la últimas décadas
un nivel de degradación bastante preocupante por influencia, sobre todo,
de la televisión y del consumismo desaforado. ¿Cuál va a ser la nueva
política de producción de la Disney en vista de las nuevas
circunstancias? ‘Aladdin’ es
la primera muestra de lo que al parecer se avecina.
Aladdin es, sin duda y
desgraciadamente, un producto pensado en función de la citada mentalidad
infantil y juvenil de los 90. Los niños y jóvenes de nuestra era, en
efecto, no toleran que en la pantalla grande se les proyecte otra cosa que
algo parecido a lo que ya ven por televisión. Y allí lo que se estila,
según se sabe, son los mediocres dibujos animados de Hanna & Barbera,
cuyo principal ingrediente de un tiempo a esta parte es la violencia
injustificada como elemento supuestamente cómico, o también los
ultraviolentos dibujos animados de procedencia japonesa, descaradamente
mal realizados desde un punto de vista técnico. La experiencia comercial
de los anteriores productos Disney no debió ser muy halagüeña a pesar
de la buena acogida crítica ; en caso contrario no se explicaría este
insólito cambio de rumbo. La ya legendaria pericia técnica de los animadores de la Disney ha quedado en entredicho con esta nueva película,
donde con la excusa de inspirarse en grabados persas de época medieval
proceden sin ambages a prescindir casi completamente de la animación de
los fondos. Todo queda en una serie de personajes desplazándose de manera
más o menos inspirada por un primer plano totalmente anodino. Salvo una o
dos secuencias dignas que recuerdan algo a pasada glorias de esta
productora, a lo que más se parece este film es a un largometraje de
corte televisivo. A ello coadyuva el omnipresente personaje del Genio de
la Lámpara, quien, por obra y gracia de los guionistas, consigue
transformar el poético encanto de las Mil y Una Noches en un remedo de
concurso televisivo que disfraza totalmente la indudable belleza de la
historia original. Tan sólo se salva de la colección de personajes de esta película (que, por otra parte, son bastante escasos en comparación con obras anteriores de la productora) la alfombra mágica, que retoma la ya larga tradición de objetos animados del cine de Disney. También tiene cierta gracia el personaje del mono acompañante de Aladdin, inspirado en el ratón de ‘Dumbo’ (1941) y que estéticamente se basa, al igual que el elefante en el que se convierte, en sus émulos de ‘El libro de la selva’ (1967). La estructura argumental del guión tampoco es demasiado original, pues remeda –cómo no- escenas de películas de Steven Spielberg, como ‘Indiana Jones y el templo maldito’ (1984) y similares. Esperemos que en próximas realizaciones la casa Disney vuelva a la sensatez y al buen gusto, desdeñando la ganancia fácil. Eso es fundamental, puesto que la gigantesca labor que han realizado durante muchas décadas carece por el momento de sucesores dignos, exceptuando, tal vez, a Don Bluth, antiguo dibujante de la Disney, actualmente contratado por Spielberg, que bajo el nuevo sello ha realizado algún producto de interés, como, por ejemplo, ‘Fievel y el Nuevo Mundo’ (1986) o ‘Todos los perros van al cielo’ (1989); sin ir más lejos. |