MAFIOSOS Y ABOGADOS (‘La Gaceta de Canarias’, 9-I-1994)

 

LA TAPADERA

 

TITULO ORIGINAL:  The Firm

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:   1993 DURACION:  150 min., COLOR

DIRECTOR:  Sidney Pollack 

INTERPRETES:  Tom Cruise, Jeanne Tripplehorn, Gene Hackman, Hal Holbrook

 

 

            Definitivamente, el cine clásico norteamericano ha pasado a la historia. Hasta hace relativamente pocos años los cinéfilos podían aún regodearse –muy de cuando en cuando- con las obras postreras de los grandes creadores hollywoodienses de antaño que todavía estaban en activo. Sin embargo, el paso inexorable del tiempo ha ido acabando con todos ellos. El último de la lista fue el gran John Huston, quien se despidió de este mundo con una obra maestra: ‘Dublineses’ (1985), y recientemente pasó también a mejor vida el gran director italiano Federico Fellini. Los aficionados, en vista del panorama más bien desolador que ofrecía el cine actual, intentaron recurrir, a falta de mastodontes, a dinosaurios de más baja estofa, a aquellos realizadores de segunda que, bien sea por pertenecer a una generación más joven, bien por gozar de una salud milagrosa, aún continuaban en activo. Pero sucedió que la mayor parte de los cineastas que durante los años 60 hicieron algún producto de interés han acabado vendiéndose al mejor postor. Gente como Frankenheimer, J. Lee Thompson, etc., amén de gran parte de los componentes de aquella prometedora ‘generación de la televisión’, se han dejado seducir por el éxito fácil y las nuevas tendencias del cine comercial.

            Sydney Pollack, autor de la película que aquí se comenta, es uno de los pocos, junto con Sidney Lumet y algún otro, que se han mantenido fieles a sí mismos en este difícil negocio de la cinematografía. Formado en los ambientes teatrales de Nueva York, empezó su carrera como actor dramático y televisivo. Es precisamente en la televisión donde empezó a iniciarse como realizador de películas, dirigiendo episodios de diversas series (‘Dr. Kildare’, ‘El fugitivo’, ‘Misión imposible’, etc.) de finales de los 50 y principios de los 60. Su primer largometraje para la pantalla grande fue ‘La vida vale más’ (1965), pero la fama a nivel mundial no le llegó hasta ‘Danzad, danzad, malditos’ (1969), una amarga y lúcida reflexión sobre la Gran Crisis del 29. Aunque Pollack no es, desde luego, un director de cine genial (la crítica norteamericana califica a sus películas de ‘rutinarias’), ha mantenido en sus realizaciones un nivel medio digno de consideración. Ha cultivado casi todos los géneros fílmicos con singular fortuna: el western (‘Las aventuras de Jeremiah Johnson’, 1972), el melodrama con trasfondo social (‘Tal como éramos’, 1973), el film de espionaje (‘Los tres días del Cóndor’, 1975), el cine negro (‘Yakuza’, 1975), etc. Sus mayores bazas están constituidas por una eficiente dirección de actores y la coherencia de los guiones que pone en imágenes.

De acuerdo con lo acostumbrado en las películas de Sydney Pollack, ‘La tapadera’ se sostiene más que nada por la buena interpretación de todo su elenco artístico, empezando por el protagonista absoluto, Tom Cruise, que vuelve aquí a repetir el mismo papel de abogado primerizo que ya había representado en ‘Algunos hombres buenos’ (1992), de Rob Reiner. Este actor, actualmente en la cima del éxito, se reveló como el componente más joven del brat pack surgido de la película ‘Rebeldes’ (1982), de Francis Ford Coppola, aunque ya entonces había intervenido en diversos papeles breves en la pantalla grande, entre ellas en ‘Taps, más allá del honor’ (1981), de Harold Becker. Tras interpretar varios papeles sin trascendencia en películas de adolescentes, a partir de su participación como protagonista en ‘Rainman’ (1988), de Barry Levinson, y, sobre todo, en ‘Nacido el 4 de Julio’ (1989), de Oliver Stone, se ha ido convirtiendo en un actor sólido y ambicioso que cada vez selecciona más sus apariciones.

             La realización de Pollack es en esta película tan ajustada como siempre, y como siempre hace gala de una sobriedad expresiva que le impide dotar a la historia que narra de un toque personal. De hecho, la trama de La tapadera no da para mucho más ; se trata de un argumento muy utilizado por la cinematografía norteamericana (el abogado honesto que se ve envuelto sin comerlo ni beberlo en un tinglado mafioso), con su dosis de suspense al final, su persecución y la salvación en el último fotograma, que ya se veía venir desde mucho antes. El guión, por otra parte, tampoco está demasiado bien estructurado ; hay demasiadas historias paralelas y contrahistorias, y en ocasiones el espectador puede perderse entre tantos personajes secundarios. Todo esto no impide, sin embargo, que La tapadera se sitúe, en virtud de la experta dirección de Pollack, muy por encima del artesanismo televisivo de que hacen gala los filmes que actualmente circulan por las pantallas. Su visión, por tanto, resulta recomendable a todos los efectos.

[ATRAS]