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CRIMINALES Y DISIDENTES (‘La Gaceta de Canarias’,
23-I-1994) UN
MUNDO PERFECTO TITULO
ORIGINAL: A Perfect World NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1993 DURACION: 130 min., COLOR DIRECTOR: Clint Eastwood INTERPRETES: Kevin Costner,
Clint Eastwood, Laura Dern, T.J. Lowther
Según el psicólogo criminalista Pierre Moutin, el fenómeno de la
delincuencia no debería tratarse como una pura abstracción o como una
simple realidad jurídica, ya que se centra siempre en un autor: el
criminal o delincuente. Este resulta ser siempre la figura estelar en todo
análisis psicosociológico de un hecho supuestamente delictivo. El
individuo, efectivamente, se encuentra inmerso en una serie de factores
sociales que condiciona de una manera u otra su conducta: densidad de
población, opinión pública, usos y costumbres, moralidad y religiones,
familia, enseñanza, industrialización, alcoholismo, etc. ; en torno a éstos
giran las diferentes teorías explicativas que se han elaborado acerca de
esta temática. Las interpretaciones socio-culturales de la criminalidad se empezaron a
desarrollar ya desde el siglo XIX. Así, Marx y Engels afirmaban que el
crimen no es más que un producto directo o indirecto de las condiciones
socioeconómicas por intermedio de la alienación, y su punto de vista ha
sido adoptado por más de un sociólogo de nuestro siglo. De todas formas,
en la actualidad se tiende a interpretar este fenómeno desde una óptica
factorialista según la cual no hay gran diferencia entre el
comportamiento delictivo y el ‘normal’. Todo es una cuestión de
aprendizaje de ciertas conductas por parte del individuo, sobre todo a
partir de las experiencias propias y de la comunicación verbal en
grupos reducidos (familias, etc.), orientándose las tendencias y
actitudes conductuales del mismo en virtud de una interpretación
favorable o desfavorable de las disposiciones legales. El cine de Clint Eastwood ha incidido por lo general en esta temática de la
ambigüedad moral y jurídica, no sólo en sus últimas realizaciones,
como ‘Sin perdón’ (1993) o la película que aquí se comenta, sino ya
desde sus primeros filmes como director, que registraban la influencia de
sus maestros Sergio Leone y Don Siegel. Eastwood se había iniciado en la
industria cinematográfica como actor, al principio representando
papeles secundarios en diversas series televisivas. Su consagración
internacional le vino de la mano del spaghetti-western,
interpretando al ‘hombre sin nombre’ de las películas de Leone y, ya
de vuelta a su país, al detective Harry Callahan a las órdenes de
Siegel. Su primer largometraje como director fue ‘Escalofrío en la
noche’ (1971), que luego fue objeto de un remake
a manos de Adrian Lynne con el título de ‘Atracción fatal’ (1987),
bastante menos conseguido que el original. Salvo excepciones, como el curioso melodrama ‘Primavera en otoño’
(1973) y el interesante revival houstoniano ‘Cazador blanco, corazón
negro’ (1989), las películas dirigidas por Eastwood son por lo
general clasificables dentro del género de acción, ya sean westerns,
como ‘El fuera de la ley’ (1976) o ‘El jinete pálido’ (1985), o
policíacas, como ‘Impacto súbito’ (1982), donde retomaba su
personaje del detective Callahan, o la propia ‘Un mundo perfecto’. En casi todas ellas el realizador adopta una
postura manifiestamente ambigua con respecto a la moralidad y la justicia,
una característica argumental tomada tanto del ‘spaghetti-western’
como del cine negro clásico. En estos filmes no suele haber
‘buenos’ ni ‘malos’ en el sentido tradicional, sino que siempre se
trata de personajes (policías o delincuentes) guiados por las
circunstancias psicosociales que les ha tocado en suerte vivir.
En Un mundo perfecto es difícil señalar quién de los dos personajes
principales (encarnados magistralmente por Kevin Costner y Clint
Eastwood) es el verdadero protagonista, y cuál el antagonista. Las
historia de ambos discurren paralelas a lo largo de todo el metraje, y
ninguno de ellos sobresale ; al final triunfa la ley, pero no por la
bondad congénita de los policías, como suele ocurrir en otras películas
similares, sino por simple superioridad numérica y tecnológica. Ese desenlace, por otro lado, no parece ser lo que más ha preocupado a Eastwood
como realizador, sino el estudio psicológico de los caracteres y de su
evolución en el tiempo, todo ello planteado a través de una estructura
de road-movie. Además, conforme
se va profundizando en la realidad de los hechos narrados, ésta se
muestra totalmente divergente de la interpretación oficial, tanto jurídica como académica: el presunto ‘asesino peligroso’ resulta no ser un
demente, sino una persona normal con sus defectos y sus fobias igual que
cualquier otra, y el policía que lo persigue no es tan duro e insensible
como parecía en un principio. Resulta, por otro lado, sumamente
interesante el lúcido análisis que se hace de los instintos criminales
supuestamente latentes en la mentalidad infantil, cosa que no se había
visto en las pantallas desde ‘Viento en las velas’ (1965), de
Alexander McKendrick, y ‘A las nueve cada noche’ (1967), de Jack
Clayton. Eastwood consigue mantener en todo momento el pulso y el ritmo adecuado para esta complicada trama, que si hubiera que remitirla a algún precedente, sería sin duda a ‘Loca evasión’ (1974), de Steven Spielberg, donde se narraba una historia similar, aunque planteada desde un punto de vista bastante más maniqueo. Sobresale especialmente en esta película la acertada dirección por parte de Eastwood de actores y actrices, y no únicamente los protagonistas ; en ese sentido habría que subrayar la soberbia actuación de Laura Dern, quien hace gala de un raro sentido de la mesura con su personaje de la psicóloga criminalista mediante la utilización muy inteligente del método del Actor’s Studio, del cual fue alumna. Esta actriz constituye una de las mayores promesas del cine norteamericano actual, como ha demostrado ya sobradamente en diversas interpretaciones para la pantalla grande. |