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UNA ENFERMEDAD INMORAL (‘La Gaceta de Canarias’, 30-I-1994) EN
EL FILO DE LA DUDA TITULO ORIGINAL: And the
Band Played on NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1993 DURACION: 135 min., COLOR DIRECTOR: Roger Spottiswoode
INTERPRETES: Matthew Modine,
Alan Alda, Lily Tomlin, Richard Gere
El cine de contenido científico casi siempre ha optado por uno de dos
caminos trillados: hacer un documental divulgativo sobre algún aspecto
concreto (recuérdese la estimable contribución de Jacques Cousteau o
de los estudios Disney en esta rama), o bien diseñar una trama argumental en torno a la vida y milagros de algún investigador famoso,
insistiendo especialmente en los aspectos humanos y sentimentales de su
biografía (‘Freud, pasión secreta’, 1962, de John Huston, serviría
como ejemplo). Raramente, sin embargo, se ha basado el guión de una película,
como en el caso que aquí se comenta, en el seguimiento paso a paso de un
proceso investigativo, según los cuatro conocidos niveles del método
hipotético-deductivo: planteamiento del problema, formulación de hipótesis,
contrastación empírica de las mismas y establecimiento de leyes, teorías
y modelos. Tal vez el único ejemplo reciente de esta modalidad sea
‘Los últimos días del Edén’ (1991), de John McTiernan, cuyo
argumento de basa precisamente en lo arriba mencionado, aparte de otras
lecturas que puedan hacerse.
‘En el filo de la duda’
venía ya precedida de cierta fama, al menos en algunos círculos: se
trata, en efecto, de un proyecto en el que se embarcaron diversas
celebridades de Hollywood (el actor Richard Gere, entre otros muchos más
o menos famosos) para contribuir a su manera, desinteresadamente y desde
su competencia profesional, a la lucha contra la plaga del SIDA. Dirigió
la cinta el realizador de procedencia británica Roger Spottiswoode. El
argumento se plantea describir pormenorizadamente la serie de
investigaciones que se han venido llevando a cabo a lo largo de la última
década encaminadas a la pronta erradicación de la terrible enfermedad,
detectada por primera vez entre la comunidad homosexual de los Estados
Unidos (circunstancia que la sumió al principio en una especie de tabú).
La batalla, como es sabido, dista todavía de ser ganada y lleva todas las
trazas de eternizarse, a pesar de los buenos augurios que representan los
recientes avances logrados por la ingeniería Genética.
Roger Spottiswoode, director de En
el filo de la duda, puede ser caracterizado en todo caso como un buen
artesano ; la calidad de sus realizaciones depende quizá excesivamente de
los guiones que le son encomendados. Después de haber llevado a cabo algún
trabajo para televisión y de haber sido montador a las órdenes de Sam
Peckimpah, este cineasta se inició en el largometraje con ‘El tren de
la muerte’ (1980), una modesta contribución al género gore
que pasó sin pena ni gloria. Su primer éxito de público y crítica le
vino con ‘Bajo el fuego’ (1982), interesante presentación en la
pantalla del mundo de los reporteros de guerra. El interés de su producción
posterior ha sido muy variable, alternándose obras más o menos logradas
-‘Dispara a matar’ (1988), ‘Air America’ (1990), etc.- con comedias
intrascendentes de corte televisivo como ‘Socios y sabuesos’ (1989)
, ‘Alto, o mi madre dispara’ (1992).
Con En el filo de la duda Spottiswoode vuelve a la línea a medio camino
entre el ‘docudrama’ y el cinema-verité
que le dio prestigio en su día. El argumento, como ya se apuntó más
arriba, está encaminado a describir con la mayor fidelidad posible un
largo proceso de investigación científica desarrollado a nivel
mundial. En cierto sentido guarda afinidad con el de otros filmes
recientes del mismo género, como puede ser ‘Elegidos para la gloria’
(1983), de Philip Kaufman, sobre la puesta en órbita del primer satélite
artificial tripulado norteamericano, o también ‘Creadores de
sombras’ (1989), del también británico Roland Joffé, que relata la
elaboración de la primera bomba atómica. De todas formas, la película
que aquí se critica se distancia bastante de sus predecesoras, puesto
que prescinde de toda concesión a la galería y se limita a narrar los
hechos de una forma escueta y directa. Tal vez el referente más
comparable sea ‘JFK’ (1993), de Oliver Stone, donde también se hacía
gala de un documentalismo más o menos fingido.
La labor de dirección de Spottiswoode en esta película puede
decirse que es impecable, aunque en ningún caso brillante ; se
corresponde con lo que se podía esperar de la demostrada habilidad
artesanal de este realizador. El guión expone los hechos sin hacer uso
jamás del sentimentalismo fácil, como suele ocurrir en muchos filmes
del género ‘de catástrofes’, con los que esta cinta guarda bastantes
paralelismo. También raya a gran altura la dirección de actores, donde
nunca se recurre al estrellato, sino que las diversas celebridades de la
pantalla que intervienen desarrollan sus respectivos papeles cameo
con una sobriedad digna del mayor encomio. Excepcionalmente notable
resulta la actuación del por lo general subvalorado Richard Gere, quien
borda literalmente su personaje, no muy importante dentro de la acción,
pero sí fundamental. En el filo de la duda cumple perfectamente su objetivo como el film didáctico que indudablemente pretende ser ; de ahí los premios que ha cosechado a nivel internacional, incluyendo la nominación para los Globos de Oro de este año. Teniendo en cuenta el desolador panorama que por lo general ofrece actualmente la programación de las salas de cine comerciales, con nada más que violencia a mansalva y sexo estereotipado, resulta cuando menos reconfortante que de vez en cuando se realicen (y proyecten) películas de este tipo, que traten de una forma honesta y sin ambages los problemas más candentes de la sociedad actual. No hay que olvidar que el cine es uno de los medios de comunicación de masas que más incidencia tienen sobre la mentalidad del público ; no conviene desdeñar, pues, el potencial educativo que puede representar si se le utiliza como es debido. |