FORMAS DE SUPERVIVENCIA

(‘La Gaceta de Canarias’, 6-II-1994)

 

AMOR A QUEMARROPA

 

TITULO ORIGINAL:  True Romance

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:  1993 DURACION: 112 min., COLOR

DIRECTOR:  Tony Scott

INTERPRETES:  Christian Slater, Patricia Arquette, Dennis Hopper, Gary Oldman

 

 

PERDIDOS EN AFRICA

 

TITULO ORIGINAL: Lost in Africa

NACIONALIDAD: GB

FECHA: 1991 DURACION:  102 min., COLOR

DIRECTOR:  Stewart Rafill

INTERPRETES:  Jennifer McComb, Ashley Hamilton, Timothy Ackroyd, Mohamed Nangurai

 

 

            La violencia parece estar a la orden del día ; al menos eso es lo que aparentemente intentan hacernos creer. Eso no sólo ocurre a través de los medios de comunicación de masas, que al fin y al cabo no hacen más que servir lo que el público les demanda, sino que se refleja prácticamente en todos los ámbitos de la vida social: familia, escuela, etc. Según Szabo, la sociedad actual, estimulada por una ideología tecnocrática, va por el camino de una inseguridad y de una deshumanización cada vez mayores y, como dice Ogburn, la vida moral no evoluciona al mismo ritmo que la tecnología. Que todo esto sea únicamente un producto de las circunstancias, o que haya alguna intencionalidad oculta detrás, como algunos piensan, no hay manera de saberlo, pero los hechos son los hechos, y a ellos hay que remitirse. El cine, como siempre, resulta ser un espejo bastante fiel de la realidad para quien sabe mirarse en él, y ello se demuestra con las dos películas que aquí se comentan, que presentan dos maneras diferentes de enfrentarse con el cada vez más arduo problema de la lucha por la existencia.

            Amor a quemarropa’ narra una historia vagamente emparentada con el ‘cine negro’, donde la violencia es casi un producto natural de la vida del hombre. El guión es de Quentin Tarantino, a quien se le conocía ya por haber dirigido aquella interesante y claustrofóbica ‘Reservoir Dogs’ (1993), que pasó brevemente por nuestras pantallas formando parte de un ciclo. En este caso Tarantino ha intentado compone una historia más compleja: sacar sus personajes a la calle y pasearlos entre la gente, pero sin abandonar, por supuesto, su violencia visceral. Se encargó de la realización del film el británico Tony Scott, quien dotó a la película de su habitual look postmoderno y esteticista de influencia publicitaria, que comparte con su hermano Ridley Scott. Tony Scott, formado en el mundo de la publicidad, se inicia en el largometraje cinematográfico con una película de terror de estética rebuscada, ‘El ansia’ (1983), que constituye hasta el momento su mejor trabajo. A este director se le ha encasillado, y con razón, como un cineasta de corte decididamente comercial y de bastante menor interés que su hermano, quien al menos escoge mejor los guiones sobre los que decide trabajar. Entre la obra del autor de Amor a quemarropa se cuentan, no hay que olvidarlo, productos insoportables como ‘Top Gun’ (1986), ‘Superdetective en Hollywood 2’ (1987) o ‘Revenge’ (1989), por ejemplo. De sus películas más recientes la más conseguida es ‘Días de trueno’ (1990), ya comentada en esta página, donde aplica con cierto éxito su estilo narrativo a una historia de logros deportivos.

Desde luego, la forma que tiene Scott de narrar en imágenes no le va en absoluto, en opinión de quien esto escribe, a la historia original de Quentin Tarantino que traslada a la pantalla. El afán claramente esteticista del director sobresale siempre sobre el interés genuino por comunicar el argumento a los espectadores, quienes acaban perdiéndose entre tanto flou, tantas puestas de sol preciosas y tanto movimiento de cámara complicado y gratuito. La trama en sí no es muy original ; pertenece a ese género, cada vez más en boga, de filmes pretenciosos e hiperviolentos desarrollados en medio urbano que se inició con ‘Sangre y salsa’ (1984), de Paul Morrisey, y que luego ha sido practicado profusamente por directores como David Lynch o Ridley Scott, ente otros, con desigual resultado. Por otra parte, tampoco es demasiado creíble ; desde luego, resulta bastante inverosímil que unos desgraciados más o menos mafiosos se dediquen a ir por ahí citando a Shakespeare cada vez que se les presenta la ocasión (especialmente la frase “algo se está pudriendo en Dinamarca”, que repiten varias veces). El excelente trabajo de actores y actrices es lo único destacable de esta cinta.

                Stewart Rafill, con ‘Perdidos en Africa’, también plantea el tema de la lucha por la existencia, pero desde un punto de vista radicalmente distinto. Esta película continúa con la línea ecologista ya presente en anteriores trabajos de su autor, como por ejemplo ‘La cabaña del fin del mundo’ (1975), quizás su obra más redonda, donde se especulaba con una vuelta rousseauniana a la naturaleza, o ‘Abandonados en la isla perdida’ (1978), en la cual se narraba un caso de supervivencia en un medio hostil parecido al de la película aquí comentada. Este director, especializado en cintas de acción de ‘serie B’, ha realizado también filmes de mayor presupuesto, como la divertida sátira de ciencia-ficción ‘Guerreros del espacio’ (1984), por ejemplo. En todas esas obras este ci neasta ha mostrado una ideología humanista muy de agradecer en ese tipo de películas. La trama de Perdidos en Africa, una deliciosa cinta de aventuras, se distingue sobre todo porque prescinde decididamente de la violencia gratuita, al revés que la película de Tony Scott anteriormente reseñada. Puestos a compararla con algún precedente ilustre, habría que referirse a ‘Mogambo’ (1953), de John Ford, o ‘Hatari’ (1961), de Howard Hawks, nada menos. Como en aquellos filmes, las motivaciones de los personajes no son buenas ni malas en sí, sino que los mismos actúan únicamente guiados por el afán de supervivencia: los cazadores furtivos matan a los elefantes porque necesitan vender su marfil para sobrevivir, y los elefantes los atacan para no ser matados ; algo similar le ocurre a los protagonistas, que logran salvarse porque son lo suficientemente inteligentes como para utilizar a la naturaleza a su favor, dañándola lo menos posible, por supuesto. Hasta se entienden fácilmente las razones que tiene el jefe de los furtivos para querer matar al protagonista. La nada desdeñable habilidad artesanal de Rafill, con un estilo narrativo fluido y pleno de ritmo, junto con una dirección de actores eficiente, coadyuva a la buena impresión que causa esta cinta.

[ATRAS]