VUELVE LA COMEDIA (‘La Gaceta de Canarias’, 13-II-1994)

 

LOS VISITANTES NO NACIERON AYER

 

TITULO ORIGINAL:  Les visiteurs

NACIONALIDAD:  Francia

FECHA:   1992 DURACION:  100 min., COLOR

DIRECTOR:  Jean-Marie Poiré

INTERPRETES:  Christian Clavier, Jean Reno, Valerie Lemercier, Marie-Anne Chazel

 

 

            El gran filósofo Henri Bergson estableció cinco formas básicas de comicidad: de formas, de movimientos, situacional, verbal y de carácter. Desde nuestro punto de vista actual habría que preguntarse si dicha clasificación continúa siendo válida. Y, según puede comprobarse, el concepto de lo cómico ha resistido incólume el paso del tiempo. Seguimos regocijándonos con el vodevil o con lo que hacía reír a nuestros abuelos: las añejas películas de Charlot o de los Hermanos Marx siguen haciendo las delicias del público actual. Incluso se podría afirmar que los protagonistas de aquellas cintas siguen sirviendo de modelo para las comedias que se filman hoy en día. De todas formas, también hay que reconocer que los gustos de la audiencia cinematográfica han variado sensiblemente con el paso de los años, sobre todo bajo la influencia de medios de comunicación de masas como la televisión. El éxito que en las últimas décadas han obtenido cineastas como Woody Allen o Mel Brooks –impensable en otro tiempo- da fe de ello.

            En Francia, por ejemplo, ha triunfado en los últimos decenios un tipo de humor que se podría calificar de fácil y superficial. Se trata de un cine de consumo inmediato que en su mayor parte no ha traspasado las fronteras de su país de origen ; sólo algunas de esas comedias han llegado a España, donde, como es sabido, lo que priva es el cine de procedencia norteamericana. Cabría citar aquí, como ejemplo, la serie de películas protagonizadas entre otros por Louis de Funes o Pierre Richard y dirigidas por directores tipo Claude Zidi, Jean Girault, Michel Audiard, etc., que ciertamente no pasarán a la historia del 7o Arte como grandes creadores, pero que por lo menos han conseguido hacer pasar un grato divertido a más de un espectador. A un nivel algo superior destacan las realizaciones de directores como Jean-Paul Rappeneau o Gérard Oury, con un estilo bastante más elaborado o inspirándose en ocasiones en la comedia clásica de Cukor, Lubitsch o Hawks. Resulta, por otra parte, curioso constatar que muchas de esas películas francesas han sido retomadas posteriormente por Hollywood para llevar a cabo remakes americanizados de las mismas. La exitosa ‘Tres hombres y un bebé’ (1987), de Leonard Nimoy, adaptación al mundo yanqui del film original de Coline Serreau, sería un ejemplo paradigmático.

            Los visitantes no nacieron ayer’, de Jean-Claude Poiré, retoma con singular éxito la tradición de esa comedia superficial de origen galo. Es de suponer que el género no ha dejado de practicarse en Francia durante la última década. No obstante, en nuestro país llevaba bastante tiempo sin poderse ver muestras de esa filmografía, en virtud del vuelco de los distribuidores españoles hacia las películas norteamericanas y la relativa marginación a que se ha tenido sometido al cine de procedencia europea. Por ello, aparte del valor fílmico que dicha cinta pueda tener, se agradece que haya sido exhibido en nuestras pantallas, aunque sólo sea para poder comparar con lo que habitualmente se suele ver en ellas. La película de Poiré objeto de este comentario, sin ser, ni mucho menos, una obra maestra desde un punto de vista fílmico, cumple a la perfección su principal cometido, que no es otro que divertir al respetable, y ello sin apartarse demasiado de un buen hacer artesanal y de un mínimo de buen gusto estético. Emplea un recurso argumental ya visto en otras películas: la manipulación del tiempo histórico. Recuérdese a este respecto ‘El abuelo congelado’ (1969), de Edouard Molinaro, donde Louis de Funes interpretaba a un hombre que despierta después de 100 años, con las consabidas complicaciones vodevilescas derivadas del desfase temporal. El planteamiento ha sido tratado por muchos directores, mayormente dentro del género de ciencia-ficción, como fue el caso de ‘Los pasajeros del tiempo’ (1979), de Nicholas Meyer, ‘El final de la cuenta atrás’ (1980), de Don Taylor, o ‘El experimento Filadelfia’ (1984), de Stewart Rafill, por citar sólo algunos ejemplos.

            En el caso que aquí nos ocupa, el salto temporal ha sido llevado a su máxima expresión: son unos personajes de la Edad Media los que son trasladados a la postrimerías del siglo XX por arte de magia, y allí se las ven y se las desean para conseguir volver a su tiempo original. Este pretexto argumental es utilizado hábilmente por los guionistas para tejer una trama de enredo bastante insustancial en principio, pero que funciona bastante bien a nivel de ritmo narrativo, resultando un producto muy divertido y dotado de cierta lógica interna. Sobre todo constituye un indudable acierto el hacer que los personajes medievales no pierdan nunca la compostura ni su comportamiento caballeresco, aun en las situaciones más disparatadas.. Conforme con este planteamiento, el caballero es el único que desea volver cuanto antes a su época, por no poder ni querer adaptarse a las nuevas circunstancias que le ha tocado vivir ; el escudero, en cambio, se inclina más hacia el modo de vida moderno, de talante más democrático. Puede verse en ese extremo una cierta crítica hacia algunas manifestaciones culturales de la actual sociedad de consumo.

                Jean-Claude Poiré, director de Los visitantes no nacieron ayer, consigue llevar a buen puerto la película con un estilo narrativo tal vez algo burdo, sobre todo en las secuencias de época, pero eficiente al fin y al cabo. En esa labor le ayudan eficazmente los intérpretes, todo ellos perfectos en sus respectivos papeles, aunque con una cierta dosis de subreactuación, muy propia, por otra parte, de este tipo de comedias a la francesa. Unos adecuados efectos especiales, versión satirizada de los empleados hasta la saciedad en multitud de cintas americanas, coadyuvan al buen resultado final de este producto fílmico, que desde luego nunca pretende apartarse de su caracterización como cine de puro entretenimiento.

[ATRAS]