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EL CAMINO DEL KARMA (‘La Gaceta de Canarias’,
20-II-1994) EL
CIELO Y LA TIERRA TITULO ORIGINAL: Heaven and
Earth NACIONALIDAD:
USA FECHA:
1993 DURACION: 135 min., COLOR DIRECTOR: Oliver Stone INTERPRETES: Tommy Lee Jones,
Joan Chen, Haing S. Ngor, Hiep Thi Le TIERRA
DE PENUMBRAS TITULO
ORIGINAL: Shadowlands NACIONALIDAD:
Gran Bretaña FECHA:
1993 DURACION: 130 min, COLOR DIRECTOR: Richard
Attenborough INTERPRETES: Anthony Hopkins, Debra Winger, John Wood
La mayor parte de las veces resulta difícil encontrar paralelismos entre
dos películas enteramente diferentes, sobre todo si se las ha visto
ambas el mismo día. Sin embargo, en el caso de las dos que aquí se
mencionan la relación resulta bastante evidente, sobre todo al hallarse
el argumento de cada una de ellas imbuido de un trasfondo religioso,
budista en el primer caso y cristiano en el segundo. Ambas, en efecto,
tratan de las dificultades que encuentran las personas para ser ellas
mismas, para hallar su propio camino en la rueda de la vida. Los dos films
se ocupan de sucesos que tuvieron lugar realmente, y lo hacen a través
del prisma de la problemática relación del hombre con lo trascendente.
El término religión se entiende, tanto en el cristianismo como en el budismo o
cualquier otro tipo de creencia, como el sentimiento de dependencia del
ser humano ante la divinidad, que se manifiesta en ocasiones en forma de
temor o fascinación frente a lo desconocido, o bien como la intuición de
ciertos valores estimados como supremos: los de la santidad. En el fondo
todo ello se resume en el reconocimiento racional por parte del creyente
de una relación fundamental entre él y lo divino. Las formas de
producirse este fenómeno pueden ser diversas ; así, para muchas personas la realidad trascendente se encuentra de alguna manera en el hombre
mismo, y para otras está infinitamente más allá del hombre, aunque
muchas veces lo trascendente puede llegar a confundirse con lo inmanente.
En el caso del budismo, por ejemplo, el concepto por ellos utilizado de karma
puede ser entendido de un modo general como ley u orden moral eterno , y
de un modo particular como el orden individual que cada alma debe seguir
en el camino hacia su liberación.
La película de Oliver Stone ‘Cielo
y Tierra’ adapta a la pantalla el relato autobiográfico de su
protagonista, una mujer vietnamita que narra en clave budista las amargas
experiencias por las que tuvo que pasar a lo largo de su juventud durante
el conflicto que asoló a su país. Para ella lo único que hizo en esos
duros años fue seguir el camino que le indicaba su ‘karma’ hasta
conseguir completar el ciclo cósmico en que se hallaba inmersa y poder
volver a reunirse con sus seres queridos tras diversos avatares, que
fueron más o menos los mismos por los que tuvieron que pasar la mayor
parte de sus compatriotas en aquellas difíciles jornadas. En el
transcurso de ese periplo se vio empujada, como era de esperar, por
fuerzas en sentido contrario (el yin
y el yang, dirían los chinos) que la lanzaban de un lugar a otro: los
americanos y el vietkong,
personas buenas y personas perversas, aciertos y errores, etc.
En la filmografía de este director se encuentran varias películas
que admiten lecturas parecidas a la de ésta que aquí se comenta. Así,
ya ‘Platoon’ (1986) describía el camino de autodescubrimiento de un
grupo de combatientes americanos durante el conflicto vietnamita, y
‘Nacido el 4 de Julio’ (1989) ampliaba el periplo a todo el fenómeno
de la contracultura, que servía al protagonista como medio de
autorrealización personal. No es de extrañar, pues, que Stone haya
vuelto a encararse con una de sus temáticas favoritas. En Cielo y Tierra Stone vuelve a desplegar el ampuloso estilo
narrativo que tan satisfactorios resultados le había dado en su anterior
realización, ‘JFK’ (1991), donde jugaba, igual que aquí, con las
secuencias en blanco y negro y en color y con movimientos de cámara muy
elaborados que intentaban dar impresión de espontaneidad. En este caso la
obra fílmica ha quedado desigual: junto a momentos de gran lirismo y de
gran fuerza expresiva prevalecen otros tediosos, innecesariamente largos
y con una planificación excesivamente complicada que llegan a aburrir al
espectador. Destaca especialmente por lo conseguida toda la introducción,
narrada en unos planos generales sosegados, al contrario que el resto de
la película, con una fotografía muy cuidada. La interpretación por
parte de actores y actrices está a tono, pero la realización no está en
muchas ocasiones a la altura de la interesantísima y emotiva historia que
se pretende narrar. ‘Tierra de penumbras’, de
Richard Attenborough, también aborda un caso real ; se ocupa de la
relación habida durante los años 50 entre el escritor británico C.S.
Lewis y una escritora norteamericana que terminó siendo su mujer,
terminando con el fallecimiento de esta última víctima del cáncer.
Igual que en la película de Stone, el argumento es presentado como el
desarrollo del conflicto que el protagonista tenía consigo mismo y su
descubrimiento del amor en sus años otoñales. Este autor, conocido
tanto por sus novelas de ciencia-ficción como por sus tratados religiosos
y morales, siempre tiñó su obra de un tinte teológico, y por lo que
puede verse a través de la visión de la película, también contemplaba
su propio desarrollo vital desde ese ángulo. El guión de la película
está excelentemente adaptado de una obra de teatro por el propio autor de
la misma. La trayectoria como director de Richard Attenborough no ha sido demasiado brillante ; generalmente se ha enfrentado con grandes superproducciones como ‘Gandhi’ (1982), ‘Grita libertad’ (1987) o ‘Chaplin’ (1992), donde puso de manifiesto sus limitaciones. Sobre todo se deja notar en esos filmes la incapacidad de Attenborough para orquestar grandes escenas de masas y para dar continuidad a la narración fílmica. El relativo éxito de sus producciones, casi todas ellas con guión de Bryan Forbes, se debe más que nada a la gran competencia de este realizador en la dirección de actores, probablemente achacable a su gran experiencia personal en el campo de la actuación. En Tierra de penumbras las deficiencias de este director se ven notablemente atenuadas por el magnífico guión (que por una vez no se debe a Forbes) y por tratarse de una realización de pretensiones mucho más modestas que anteriores obras de su autor. Attenborough parece sentirse mucho más a su aire en este tipo de historias intimistas, como ya demostró anteriormente con ‘Chorus Line’ (1985). Destaca, como siempre, la dirección de actores, con unos excelentes Anthony Hopkins y Wynona Ryder y unos secundarios que no desmerecen. El ritmo narrativo de la película decae bastante a partir de la primera hora de proyección. |