REENCARNACIONES (‘La Gaceta de Canarias’, 27-II-1994)

 

EL PEQUEÑO BUDA

 

TITULO ORIGINAL: Little Buda

NACIONALIDAD: GB-Francia

FECHA: 1993 DURACION:  130 min., COLOR

DIRECTOR:  Bernardo Bertolucci

INTERPRETES:  Keanu Reeves, Chris Isaak, Bridget Fonda, Alex Wiessendarger

 

 

En opinión de David A. Cook, actualmente resulta difícil distinguir entre películas comerciales y filmes de autor, sobre todo teniendo en cuenta el antaño impensable hecho de que una cinta decididamente ‘intelectual’ como ‘El último tango en París’ (1973), de Bernardo Bertolucci, constituyó un rotundo éxito de taquilla en su momento y que, por otro lado, una obra calculadamente espectacular como ‘La guerra de las galaxias’ (1977), de George Lucas, es universalmente aclamada como un gran logro estético. Desde luego, el sentido que originariamente se le otorgaba a esa distinción ha sido palpablemente trastocado, para bien o para mal. El asunto empezó, como es sabido, con un artículo del famoso crítico y realizador francés François Truffaut en la revista ‘Cahiers du Cinéma’ acerca de la politique des auteurs, a partir de cuyos postulados el también crítico Andrew Sarris, de nacionalidad norteamericana, desarrolló una teoría según la cual el cine debía en realidad constituir un medio de expresión artística personal y que, por ende, las mejores películas serían aquellas que mostraran con mayor claridad la ‘firma’ de sus realizadores. Esa postura fue defendida más tarde por los seguidores franceses de Truffaut, los cineastas de la nouvelle vague.

            Pero no fue Francia el único país donde se llevaron a cabo films d’auteur. Casi simultáneamente con la ‘nueva ola’ francesa (o tal vez un poco antes) se había desarrollado en Italia la corriente neorrealista, que marcó el renacimiento de la producción cinematográfica en ese país después de la 2a Guerra Mundial. Fue de esa tendencia –aunque apartándose de ella de una manera personal- de la que surgieron los principales realizadores italianos de los años 60: Fellini y Antonioni, a los que cabría añadir, en una segunda generación, nombres igualmente importantes como son Olmi, Pier Paolo Pasolini y, por supuesto, Bernardo Bertolucci, autor del film que aquí se comenta. Bertolucci es universalmente reconocido como uno de los más firmes valores de la cinematografía actual, y desde ‘El último tango en París’ se ha descubierto igualmente su capacidad para conectar con el público sin abandonar por eso las características decididamente personales de su cine, de las que su última producción, ‘El pequeño Buda’, constituye un notable exponente.

Para Cook, Bertolucci ha sido el director de cine más significativo aparecido en Italia durante los 60. Hijo de un poeta, tuvo desde pequeño dos aficiones primordiales: la poesía y el cine ; ya desde los 12 años realizó cortometrajes amateur en 16 mm., y a partir de los 20, tras haber publicado un volumen con sus poemas, decidió dedicarse de lleno al 7o Arte, de la mano del gran Pasolini. Fue precisamente éste el autor del guión del primer largometraje de Bertolucci: ‘La Commare Secca’ (1962), una investigación en estilo documental sobre el asesinato de una prostituta. El realizador no conseguiría, sin embargo, llamar la atención de la crítica internacional hasta su segunda película, ‘Prima della Revoluzione’ (1964), un film inteligente y visualmente complejo de inspiración autobiográfica que narraba la pugna que se desarrollaba en la mente de un joven burgués entre sus intereses de clase y sus ideales marxistas. La cinta, de lectura complicada, muestra la influencia, aparte de Pasolini, del cine de Jean-Luc Godard. Después de colaborar en diversos films de episodios y de trabajar para televisión siguieron en la filmografía de este director dos profundos estudios acerca de los orígenes sociales del fascismo: ‘La estrategia de la araña’ (1970) y ‘El conformista’ (1970), adaptaciones de originales literarios de Borges y Moravia respectivamente.

            El éxito de las dos películas anteriores permitió a Bertolucci introducirse de lleno en los circuitos de la producción internacional y le confirió la libertad creativa necesaria para poder realizar ‘El último tango en París’, uno de los films más escandalosos de todos los tiempos y un precedente para gran parte del cine de contenido erótico que se llevó a cabo a partir de él. Para el director supuso la fama internacional y le permitió abordar un ambicioso proyecto que llevaba acariciando durante varios años ; se trataba de ‘Novecento’ (1975-76), una monumental revisión, desde la óptica eurocomunista, de la historia italiana de la primera mitad del siglo XX. En realizaciones posteriores, como ‘La luna’ (1979) o ‘La historia de un hombre ridículo’ (1981), Bertolucci ha descendido varios enteros en la apreciación de la crítica especializada, a pesar de haber obtenido el Oscar de Hollywood en 1987 por ‘El último emperador’. Dentro del cine actual este cineasta es considerado sobre todo por su indudable esfuerzo en aunar en su obra el acervo teórico de dos grandes pensadores: Marx y Freud.

            El pequeño Buda, última realización de Bernardo Bertolucci por el momento, reincide en una temática que ya había abordado en ‘El último emperador’: la confluencia de las culturas oriental y occidental. En aquella película ya se analizaban estas características a veces mutuamente contradictorias en la difícil personalidad de Pu-yi, el controvertido monarca chino, y ahora, en una nueva vuelta de tuerca, se estudia la posible incidencia de las teorías budistas sobre la transmigración de las almas en la escéptica mentalidad norteamericana de finales de siglo. El intento no deja de ser un arriesgado tour de force, y ha sido resuelto por el cineasta italiano con indudable brillantez formal, ayudado, como siempre, por su inseparable director de fotografía Vittorio Storaro. A pesar de lo que se pueda argüir acerca de cada película en concreto, lo que sí que no se puede negar es que Bertolucci continúa siendo, con su siempre prodigioso y casi nunca superfluo sentido de la estética, uno de los creadores cinematográficos más notables de nuestro siglo.

Bertolucci enfoca El pequeño Buda como una narración paralela de dos historias ligadas entre sí por el común denominador del budismo: la propia leyenda de Buda, ocurrida presumiblemente varios siglos antes de nuestra era en el seno de la civilización de Jarapa y Mohenjo-Daro, y la búsqueda actual de unos monjes tibetanos de un ‘Buda viviente’ en la ciudad de Seattle, EE. UU. Las dos tramas se van acercando por momentos para acabar confluyendo hacia el final de la cinta en tierras de Bhutan. Bertolucci, para las secuencias ambientadas en épocas remotas, utiliza, de una forma sorprendentemente comedida y elegante, exteriores monumentales de Katmandú que luego servirán para rematar la historia en nuestros días. Es especialmente destacable el tránsito –casi imperceptible- que consigue el realizador entre dos ambientes tan distantes y diferentes entre sí, merced a un inteligente manejo de la planificación, los efectos especiales y los movimientos de cámara. Bertolucci continúa siendo, sin duda, un maestro del plano-secuencia, y también sabe sacar el máximo partido de sus actores. Keanu Reeves, como Shidarta Bhuda, está realmente insuperable.

                Unicamente serían criticables en esta por lo general grandiosa película algunos extremos poco trabajados a nivel de guión. Choca un poco, por ejemplo, que los norteamericanos recién arribados al Nepal no tengan ninguna dificultad para comunicarse oralmente con cualquier habitante de aquel país , de repente parece que todo el mundo ha adquirido el ‘don de lenguas’. Si es eso lo que pretende indicar Bertolucci, desde luego no queda muy claro, y más bien da la impresión de tratarse de un fallo en la concepción general de la historia: lo más probable es que en realidad muy pocos nepalíes conozcan el inglés y que, en contrapartida, muy pocos yanquis dominen el nepalí ; lo contrario sí que sería milagroso. Con todo, El pequeño Buda constituye, sin lugar a dudas, una de las más importantes obras fílmicas de la presente década, y permite formular excelentes augurios respecto del futuro del director italiano, quien ha prometido volver, en próximas realizaciones, a la línea de análisis social que le distinguió en sus primeras películas.

[ATRAS]