EL HIMNO DE LA ALEGRIA (‘La Gaceta de Canarias’, 13-III-1994)

 

MR. JONES

 

TITULO ORIGINAL:  Mr. Jones

NACIONALIDAD:  USA

FECHA:   1993 DURACION:  108 min., COLOR

DIRECTOR:  Mike Figgis

INTERPRETES:  Richard Gere, Lena Olin, Anne Bancroft, Tom Irwin

 

 

            El caso de Richard Gere es, desde luego, curioso. Etiquetado de ‘guaperas’ tras su aparición como protagonista en filmes como ‘American Gigolo’ (1978), de Paul Schrader, y ‘Oficial y caballero’ (1981), de Taylor Hackford, entre otros, ha sido menospreciado sistemáticamente por gran parte de la crítica española, que se muestra incapaz de apreciar en su justo valor la versatilidad y las evidentes dotes dramáticas de este actor. Gere, no obstante, lleva ese sambenito de sex-symbol muy a su pesar, y en vez de dejarse llevar por el éxito fácil, selecciona muy cuidadosamente sus actuaciones para la gran pantalla y los directores bajo los que trabaja, los cuales no parecen tener inconveniente en utilizar a un actor de sus características. Ultimamente Gere está interviniendo personalmente en la producción de algunas de sus películas, y eso constituye un punto a su favor.

            En ‘Mr. Jones’, película del director de procedencia británica Mike Figgis que ha accedido a nuestras pantallas con casi un año de retraso, Gere representa el papel de un psicótico maníaco-depresivo con tendencias suicidas ; es un personaje extremadamente complicado, pues debe reflejar todos los matices posibles entre la normalidad y la locura, y el actor lo desempeña a la perfección., hasta el punto de que resulta difícil imaginarse a otro en su lugar. La película pertenece a ese género fílmico dedicado a la disección de la mente de un enfermo psíquico. Tal vez el ejemplo más paradigmático de este tipo de cine esté constituido por gran parte de la producción de gran Alfred Hitchcock, quien a menudo bebió de las fuentes de la psiquiatría para desarrollar sus tramas de suspense. Ahí está, por ejemplo, el caso de paranoia descrito en ‘La soga’ (1948), los de neurosis traumática en ‘Sospecha’ (1942) y ‘Recuerda’ (1945), etc. Otros directores de prestigio han abordado asimismo el género con éxito, como es el caso de Robert Rossen en ‘Lilith’ (1964), por ejemplo.

            Una psicosis maníaco-depresiva suele presentar en su cuadro clínico dos fases, según los casos: una depresiva, cuyo principal síntoma es una depresión profunda acompañada por una desaceleración generalizada de la actividad mental y física, en el curso de la cual el paciente puede intentar suicidarse, o una maníaca, caracterizada por emociones intensas, júbilo y actividad incansable (recuérdese el episodio de la sala de conciertos en Mr. Jones). El caso que estudia la película de Figgis es bastante peculiar, puesto que presenta ambas fases en una misma persona, alternando con largos períodos de aparente normalidad, lo cual no suele ser muy frecuente. El psicótico tiende, según se ha observado, a confundir a menudo ‘lo que es’ con ‘lo que debería ser’ ; disocia los efectos de las causas, los sentimientos de las acciones, las conclusiones de las premisas o la verdad de los testimonios. Su conducta en ocasiones grotesca es la consecuencia de su creación de un sistema cerrado que se valida a sí mismo y es internamente consistente en sus propios términos.

            Mike Figgis, el director de la cinta que aquí se comenta, continúa satisfaciendo con este su quinto largometraje los buenos augurios que sus obras anteriores permitían aventurar. Procedente del teatro y de la publicidad, se inició en el 7o Arte con ‘The House’ (1984), un encargo para televisión que pasó sin pena ni gloria. El éxito le vino de la mano de ‘Lunes tormentoso’ (1987), su segunda película, una interesante muestra de cine negro al estilo británico, con elementos melodramáticos y una inteligente utilización de la música de jazz. ‘Asuntos sucios’ (1989), su siguiente realización, ya filmada con capital norteamericano, volvía a desarrollar una trama policíaca y permitía a Richard Gere desplegar una de las mejores actuaciones de su carrera, encarnando a un policía corrupto y denodadamente malvado. Le sigue ‘Liebestraum’ (1991), un film al parecer no estrenado en nuestro país, y por fin Mr. Jones.

             Figgis demuestra en sus films una rara habilidad para penetrar psicológicamente en sus personajes y para sacar adelante situaciones que en manos de otros directores habrían resultado rocambolescas, una cualidad que comparte con otros cineastas compatriotas suyos de su generación, como es el caso de Stephen Frears, por ejemplo, con el que se podría establecer más de un paralelismo. Toda la secuencia inicial del intento de suicidio desde lo alto de un tejado, por ejemplo, está magistralmente planificada y no deja ni un solo momento de resultar creíble. A todo ello coadyuva, desde luego, la gran convicción que Richard Gere sabe comunicar a su personaje en todo momento. El casting de la película, por otra parte, es perfecto: todo el elenco, tanto protagonistas como comparsas, está magnífico en sus respectivos cometidos ; se han elegido los actores y las actrices adecuadas para cada caso. El guión también raya a gran altura, con unos diálogos totalmente verosímiles, cosa que no deja de tener su mérito, máxime tratándose de una película como ésta, con poca acción y mucha conversación.

[ATRAS]